Torres de paja

Sí, hay muchas razones para creer que el arte y la cultura abunda en momentos de crisis social porque el arte se vincula a las manifestaciones contextuales, a las pulsiones y a las reflexiones del ser humano frente a su entorno. Y es cierto, los murales, las acciones de arte, la música en vivo durante las marchas y protestas, los bailes, la poesía, inundan este mundo nuevo que parece ser caótico, pero en el que imperan ciertas razones que alientan a la creación, a la autoconvocación, a crear, crear, crear sin esperar. De estas protestas, hace un par de décadas, incluso nacieron importantes artistas para el país como Los Prisioneros, el grupo CADA, e inclusive Las Yeguas del Apocalipsis.

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Ejemplos como los anteriores podemos encontrar miles, como Corpartes que en 2018  presentó la imperiosa exposición de Ai Weiwei, que abordaba el problema de la migración en el mundo; y este año la -casi premonitoria- exposición de Anish Kapoor donde se ve un cubo gigante de sangre avanzando lentamente por el espacio de exhibición. Sin ir más lejos encontramos al artista chileno Víctor Hugo Bravo y su obra visual completa; Rocío Hormazábal modelando para El pie del presidente de Manuela González; Cheril Linett y la Yeguada Latinoaméricana. Brian, el nombre de mi país en llamas de Diego Ramírez; la obra literaria de Diamela Eltit. “Mano de Obra” que fue presentada nuevamente en el Teatro la memoria, “Muerte accidental de un anarquista” en el Teatro UC. El otro Chile de Portavoz y Staylok; Luchín de Guerrillerokulto.

 

Ya afirmada la creación innata que se produce por las crisis sociales y la toma de consciencia por parte de los artistas, entonces podemos preguntarnos, ¿qué tan concreta es la torre sobre la que las instituciones culturales sientan sus bases? ¿Existe una relación que genere diálogos con su audiencia? ¿De qué manera el arte ha sido una reflexión sobre la realidad chilena y no mero producto de la industria cultural?

Dentro del mundo de las artes y las culturas nos preguntamos cotidianamente ¿qué pasará con todas las funciones que se suspendieron en los teatros; los lanzamientos de libros; las inauguraciones? Pareciera ser que en esa torre se está ablandando el concreto, pues gran parte de los espacios culturales cerraron sus puertas durante más de 10 días, algunos, aún no las abren.

¿qué tan concreta es la torre sobre la que las instituciones culturales sientan sus bases?

Ahora bien, tras el cierre vinieron reaperturas para formar cabildos, momentos de reflexión sobre las problemáticas sociales. La cultura, una vez más se hace cargo del conflicto que los políticos no logran/quieren resolver. Luego de los cabildos han empezado a reabrir los teatros, las galerías de arte, ¡el cine! Pero los espectadores, ansiosos por distraer sus mentes de la pujante realidad, no han hecho fila para entrar a ver las últimas películas del mercado; los lectores, que estaban ansiosos por los lanzamientos de libros que ahora se almacenan en cajas dentro de las bodegas editoriales, no han preguntado por las novedades y el libro hit en ventas es la Constitución de 1980 con sus infinitas reformas. Esa torre, que estaba llena de espectadores adictos al consumo de la industria cultural chilena, que hacía fila para los conciertos masivos y esperaba con ganas las copas de champaña en las inauguraciones de arte para figurar en las páginas sociales; que se paseaba con orgullo en los lanzamientos de libro donde los intelectuales de renombre participan vanagloriándose de sus logros, esa torre, está cada vez más debilitada y en lugar de concreto sus bases parecen ser de paja.

 

Obra de Rocío Hormazábal, "El pie del presidente". Foto por Manuela González @manuela_gs
Obra Manuela González (@manuela_gs), Rocío Hormazábal como modelo, «El pie del presidente».

Con gran razón, podemos preguntarnos de manera concreta, directa y sin tapujos, ¿por qué se están dando funciones gratuitas en los teatros? ¿Por qué las galerías y museos están cerrados o vacíos? Si las activaciones artísticas en la calle han ido en aumento ¿es acaso que las instituciones artísticas carecen de respaldo tanto en sus audiencias como de sus espectadores convirtiéndose así en espacios desolados? En otras palabras, ¿de qué manera el arte y sus instituciones son representaciones o reflexiones críticas de lo que ocurre en esta sociedad y, por tanto, encuentra respaldo y amparo en la misma, en momentos de crisis?

A un mes de las manifestaciones sociales y la crisis política, pareciera que el mundo de las culturas y las artes ha caído a un pozo sin fondo, en el que la relación entre las reflexiones críticas de la sociedad no se hace latentes para la misma sociedad. Una paradoja un tanto cruda, pero según el nivel de audiencia actual, bastante cierta. Y lo mismo pareciera ocurrir con aquellos “amantes” del arte que además consumen a través de intercambios monetarios, ¿acaso ya se abonaron al Municipal? ¿siguen comprando obras de arte? Porque cuando el país estaba estable, con la economía creciente de la que se han jactado los políticos durante años, con garantías empresariales, era sumamente sencillo dar respaldo a los artistas que tanto lo necesitan; era fácil darle pan de comer al más débil. Sin embargo, ahora, cuando realmente se necesita ¿seguimos construyendo torres sobre paja?

A un mes de las manifestaciones sociales y la crisis política, pareciera que el mundo de las culturas y las artes ha caído a un pozo sin fondo, en el que la relación entre las reflexiones críticas de la sociedad no se hace latentes para la misma sociedad.

Si bien, es cierto, el Estado restauró la semana pasada el 20% que pretendía restarle a cultura en el presupuesto público, no sabemos si esto será suficiente para generar el respaldo que la empresa privada generaba. Asumámoslo, nuestros trabajos penden de un hilo. Porque es verdad, ahora será más complejo contar el auspicio de las empresas privadas a través de la Ley de Donaciones. Esas platas se fueron ya a otros países más estables que el nuestro. Ya no contaremos con los gastos de marketing por el que se evaden impuestos para entregar dinero a cultura. Esas platas, también se fueron a lugares económicamente más sólidos. Solo estará el adictivo Fondart, que ya cuenta con los fondos; al que las postulaciones ya están hechas, y cuyos jurados están en deliberación.

 

Pocos artistas realmente se han preocupado de auto sustentar sus creaciones, tanto en la música como en el cine y la escritura. Probablemente será a ellos a quienes tendremos que mirar con más orgullo, con más envidia, con más ganas de descubrir cómo sobrevivirán las artes a este abandono de la audiencia y auspiciadores, porque a pesar de que se ha tratado de educar a la población con cientos de programas de mediación, con la formación de mediadores culturales y el programa educacional obligatorio, la verdad es que la educación de este país es tan precaria que deberíamos agradecer si alguien entiende a qué nos referimos cuando hablamos de cultura, como un fenómeno que ocurre más allá de la televisión y los servicios streaming.

Imagen de portada: Hermanadas en la revuelta, performances de Cheril Linett en 2018. Foto: Valeska Flores.

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