Héctor Margaritas | «Cuando descubrí que las palabras podían formar universos, me puse a (des)armar poemas»

Poeta. Sí, definitivamente poeta. Sus obras llegaron a mí a través de Instagram, como un contacto sugerido o como un simple hashtag, luego vi los amigos en común y entendí rápidamente de que no iba a ser una poesía liviana, sutil y, menos aún, indirecta. Las complejidades del idioma se hacen reales de manera visible, tangible e imaginable en sus textos. El sexo, la vida, la intensidad de lo que ocurre entre las personas de este mundo se lee en cada una de sus páginas, tanto en su primer libro Irreverente, como se hará –de seguro–, en su segundo poemario Lagrimal, próximo a publicarse.

A continuación, Héctor Margaritas nos cuenta un poco más sobre su ingreso al mundo de la poesía, sus temáticas y performances, entre otros…

¿Cómo, cuándo y por qué comenzó la poesía en tu vida?

Tengo dos hipótesis. La primera cuando en Pto. Varas, ciudad donde nací, se inauguró la Biblioteca pública. Recuerdo estaba en una casona alemana muy antigua a la que siempre miré con ganas de entrar cuando bajaba al centro con mis padres. Era invierno. Recuerdo daban chocolate caliente a los niños, también me hube impresionado por la cantidad de libros que habitaban en ese lugar, la sala para niñxs era realmente hermosa, verde y amarilla y muy alta. Cada vez que mis padres se alistaban para ir al centro yo también me sumaba, para que me pasaran a dejar a la Biblioteca. Ahí comencé a leer a Marta Brunet y un libro que se llamaba Cuentos para Marisol. Fue mi primera lectura antes del Principito y Papelucho. En Marta -o ese libro- encontré dos cosas muy singulares: la primera, que las ranas hablaban y una palabra que la autora denotó durante todo el trayecto, que me hizo mucho ruido saber qué significaba: poesía. Mi segunda hipótesis es de cuando atravesaba segundo medio y me enamoré de un chico. Entonces como el closet puede ser así de voraz y tenebroso me puse a escribirle cartas que más adelante descubrí eran en prosa. Siempre he pensado en la poesía como un puzzle. Cuando era niño me encantaba hacer puzzles, recuerdo los otoños así. Entonces, cuando descubrí que las palabras podían formar universos, me puse a (des)armar poemas.

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Margaritas ¿de dónde proviene? ¿Cuál es su historia?

Es complejo. Tiene que ver con el territorio donde crecí. También porque me gusta visualmente el color blanco penetrando un amarillo pálido. Asimismo porque tengo una tía que se llama Margarita o porque de igual forma me encanta Marguerite Yourcenar. A ver, cuando era niño –arriba de mi casa– existía una pampa enorme donde al finalizar el verano distintos locatarios iban a dejar bueyes para un único fin, la muerte. Sin saber, pequeño y todo, odiaba regresar del colegio y tener prohibido subir a la pampa a comer maqui, soplar dientes de león o mirar cómo las nubes se movían dependiendo del viento. Eran animales enormes y pasé mucho tiempo sin saber por qué se iban antes de que llegase la primavera. Un día le pregunté a mis padres qué pasaba, entonces con dolor me explicaron el significado de morir. Los bueyes se iban a la feria para ser faenados en algún rinconcito sureño. Esa noticia me dio mucha pena, sentí culpa por haberlos odiado puesto se comían las rosas, el pasto, el chacai, los maquis, las margaritas, los dientes de león, etc. La pampa en invierno era barro y árboles pelados. Ese día descubrí dos cosas: la muerte y el sentimiento de culpa. Pasó un tiempo y todo volvió a florecer de nuevo, ellas también: las margaritas debajo de un manzano que me encantaba ir a visitar cuando florecían. La historia quedó hasta ahí. Cuando entré a estudiar literatura tuve que ponerme un seudónimo para un concurso de poesía, nunca había hecho ese ejercicio, siempre firmé como Héctor Barría.  Me acordé del sur, me acordé de mis colores favoritos, de una de mis escritoras fundamentales, de mi androginia, también de la pampa y los bueyes decapitados.

Las margaritas siempre son plurales, siempre crecen juntas y de a montones como defendiéndose del invierno avasallador para renacer de nuevo en primavera. Utilicé la metáfora y bueno, ahí nació (y nací), supongo.  

En tus poemas ¿hay tanto de vida y biografía, como de ficción e historias prestadas?

Así es. Aunque hoy por hoy estoy en un proceso de autobiografía más que de investigación. Pero en mi primer poemario, Irreverente, ahí anotaba en libretitas cuando era adolescente las historias de mis amigas a medida que iban saliendo del closet, de cómo sus papás lo tomaban y de igual forma haciendo comparaciones con sus vidas y la mía. Era muy entretenido. Cuando decidí publicar muchos de ellos me dijeron que no usara sus nombres, entonces cree un poema largo que se llama “manifiesto margaritas” donde cuento sus procesos sin decir sus identidades. Creo unx tiene que respetar esos espacios y silencios, al final la que se estaba deshojando era yo.

Ahora me gustaría mucho retomar una presunta novela que comencé hace unos meses, es de una travesti que maquilla muertos. No sé, tengo que conocerla físicamente (debe de existir) y después escribir su historia. La novela te da esa posibilidad. Siento que la poesía, en algún sentido, puede ser más personal. O al menos así la he tomado yo.

Existe una política escritural -al menos- en mis poemas.

La poesía puede generarse como construcciones discursivas (políticas, críticas, entre otras) sobre ciertas temáticas, en tus poemas ¿existe esta construcción o es más bien una forma de expresión natural y personal?

Sí, o sea yo creo que de alguna manera existe una política escritural -al menos- en mis poemas. Siempre va a ser político hablar sobre el cuerpo o el sexo mismo. Chile es un país que vive de prejuicios. Escribir sobre mis experiencias colas sexuales me ha ayudado mucho para que diferentes personas entiendan algunos significados, no sé, o logren llegar al fondo del poema -o de mis sábanas- ese ejercicio es lindo, me gusta cuando llega alguien que no conozco y me dice que se ha sentido reflejado en algún poema, me ha pasado recurrentemente con uno que se llama Boquita Mala. Supongo que una siempre sufre. Ese es un poema muy político, pero recuerdo estarme muriendo de la pena cuando lo escribí sin embargo hay un mensaje, un lenguaje deforme que incita a la autoaceptación, por ejemplo.

En otras entrevistas abordas el “salir del closet” como “volver a partirte”, ¿qué hay en ese renacer?

Supongo que uno nace con etiquetas impuestas. Con un nombre, por ejemplo. Tu género, entre otras. Entonces es vital -creo yo- mirar un poco en tu interior y ver de dónde destilas para comenzar a sanar. Es súper doloroso hacer ese ejercicio. No siempre encuentras agradables ahí dentro. Las fisuras eventualmente logran grietas y estas, de vez en cuando, sangran. Pero es necesario (siento yo) pasar por ese estado, por esa catarsis. No sé qué hay más allá de ese renacer, de manera personal me encontré mucho más valiente y patua es decir, no tenía miedo de mostrarme con el mundo y con mi mundo. Siempre he habitado el silencio y éste ha sido el gran impulsor en todas mis etapas. En el silencio escucho lo invisible. Es raro. Me gusta.

Escribir sobre mi calentura, sobre mi letra deforme y mi tragedia era peligroso

Respecto a lo anterior ¿consideras que hay cambios en la sociedad desde ese momento tu vida en la actualidad?

Cambios, como “oh, qué grandes cambios” por supuesto que no. Digo, políticamente hablando.  Pero se han visibilizado activismos que antes eran impensados, aunque en toda la historia hayan existido. Pienso en 8M, Chile sí se paralizó, las alamedas si gritaban ¿y cómo no? Si es tan vital como respirar el exigir nuevas políticas, derechos, sueldos, discernir sobre nuestrxs cuerpxs, etc. También creo pasa por un cambio de generación. Por ejemplo, tengo una hermana de dieciséis años, Tamara. Día a día me impresiona el poder de voz que tiene, la forma en que se desenvuelve con su yo mujer. Ella y sus amigxs piensan y debaten sobre temas que a esa edad mis amigas y yo no descifrábamos y que también normalizábamos. Creo es porque lamentablemente tuvimos que crecer en una sociedad castradora. Estas generaciones vienen con un grito instaurado. La opción siempre ha sido esa: la lucha y la rebelión pues es tan vital, nuevamente digo, como respirar. La deconstrucción es diaria, eso también es verdad.

¿Cuál es el gusto, necesidad o ganas de posicionarse desde lo under?

Bueno, esto pasó de una forma muy paulatina. Cuando decidí dedicarme a la escritura comencé a ver posibles editoriales (igual conocidas, esas que llegan a librerías conocidas y todo ello) era lo que tenía en ese tiempo -no como referente- pero era por donde quizá podía comenzar a enviar mails para una alejada publicación. Por supuesto que ninguno de esos editores pitucos me reenvió si quiera un mail. Entonces comencé a visitar ferias de libros, comencé a leer en las calles, en una salita chica con algunos espectadores, a escribir y subir material a las redes sociales, también dejaba hojas de mis poemas en los asientos del Transantiago sin que me vieran, ese ejercicio era hermoso, me encantaba hacerlo. Era como dejar una carta y esperar una respuesta. Sí, llegaron algunas. Durante un gran tiempo hice eso hasta que comencé a habitar similitudes en pensamientos de distintas amigas que circulaban el submundo del arte, éramos las desterradas de distintas escenas. Ahí ya me había dado cuenta de que mi poesía era peculiar y que escribir sobre mi calentura, sobre mi letra deforme y mi tragedia era peligroso.

Entonces publiqué mi primer libro en una editorial independiente. Comencé la autogestión de mis poemas, fotos o performance. Por supuesto que encuentro mucho más llamativo esta forma de evidenciar manifiestos; por supuesto que es difícil transitar sin una ayuda, sobre todo monetaria. Una viene con un rasguño y siempre hay un lugar para gritar. A mí me gusta y acomoda este espacio. Sobrevivo, al menos.

Exponerme tanto entre la letra y la bohemia escritural me hizo terminar un librito de sesenta poemas donde voy contando a modo autorretrato el trecho que hube caminado para olvidar un mal amor.

¿Qué abordarás en Lagrimal y cómo se diferencia de Irreverente?

Lagrimal es mi segundo poemario -aún sin publicar- pero ya listo, supongo, es que la disconformidad es algo que siempre me ha atravesado. Bueno, es un poemario mucho más autobiográfico con repeticiones y erotismo. Comencé este registro vivencial hace unos dos años atrás luego de una ruptura amorosa.

Lagrimal responde a una búsqueda epistolar que nunca tuvo contestación, desde ahí y de manera inconsciente regresaron los poemas a parirse. Recuerdo en ese tiempo estar pensando constantemente en el mar y las micros. En los semáforos y sexo. En el ruido y las adicciones. Me volví inmune a la noche y ahora me juega una muy mala pasada. Exponerme tanto entre la letra y la bohemia escritural me hizo terminar un librito de sesenta poemas donde voy contando a modo autorretrato el trecho que hube caminado para olvidar un mal amor. Irreverente -por otra parte- es mucho más político, es mi infancia y adolescencia. La salida del closet de mis amigas y la mía, la primera vez que me hice el examen del vih, la primera vez que se muere un amigo de Sida, la primera vez que practiqué distintos tipos de erotismos. Es de cuando empecé a ser bizarra. Yo creo que la escritura me lleva a rincones que no conozco de mí o que van a pasar, a veces es un presagio, a veces un sueño que soñaré más adelante, o un beso que besaré la siguiente semana. Los besos tienen distintos colores. Todo esto me impulsa a escribir, supongo.

Los cambios en la vida, que va promoviendo la edad, ¿se vinculan a las diferencias entre ambos textos?

De alguna forma sí, aunque siempre hay una similitud. Con el paso del tiempo hemos mutado, mi escritura y yo, sin embargo somos cíclicas, siempre volvemos al origen. El eje central de mis obras siempre va a ser el amor, eso es cierto. También es cierto que mi sed de erotismo ha estado implícita en esta escritura mía, más todo lo que tenga que ver con el espacio que habitan dos cuerpos. Últimamente he estado escribiendo sobre mis procesos psicológicos ¿sabes por qué lo menciono en este nuevo poemario? Tenemos un sistema de salud pública en Chile que es una porquería en temas de salud mental y eso que somos una población depresiva.

Vivir con depresión no es fácil, ni me ha sido fácil vivir con estas fragilidades mías. Afuera siempre te tildan de histérica. Vivimos del prejuicio y el frío. Es terrible. Pero también me fue necesario hacer este puente sociocultural porque hay que educar de distintas formas (la mía es la escritura) pienso en que ya no hay lugar para la sepultura más queda gritar y bien fuerte. Me fue pudoroso pensarlo y hacerlo.

Tengo prohibido abandonarme, no podría vivir de otra forma, no me lo permitiría. Mi abuela antes de enfermarse de Alzheimer me dijo que escriba para no olvidar. Bueno, y aquí estoy: remolino y viento.

Una viene con un rasguño y siempre hay un lugar para gritar

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