Tras exitosos títulos como Sobre la cuerda floja y Feos, la compañía liderada por Aline Kuppenheim, se inserta esta vez en el mundo sinfónico de Serguéi Prokófiev, con su clásico familiar que debuta este sábado, 22 de junio, en Teatro UC.
Pedro está trepando un árbol, mientras juega con un loro y aparece un pato. Más tarde llegará su abuelo, intercambiarán palabras y la historia se empezará a desarrollar. Sobre el escenario, en pleno ensayo, todo parece real: las expresiones de los muñecos, los movimientos y sus acciones. Es el trabajo detallado de Teatro y su doble (ex Teatro Milagros) quienes, desde hace más de una década, se han dedicado a trabajar con marionetas y esta vez decidieron sumergirse en el universo sinfónico del compositor ruso Serguéi Prokófiev, con su clásico Pedro y el Lobo.
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Coproducción de Fundación Teatro a Mil y financiado por FONDART 2019, el montaje narrará la historia de Pedro, su abuelo y el lobo, situándolos por primera vez en el sur de nuestro país. Con la ayuda de una proyección audiovisual, el niño dará partida al relato, haciendo caso omiso a las precauciones del anciano y decidiendo ir a enfrentar los peligros del bosque para desafiar al animal que atemoriza al pueblo. Ya aquí, y con la ayuda de su amigo pájaro, logrará vencerlo, sin embargo, más tarde, logrará comprender el lugar de ambos en este planeta. Un montaje que se rige por el texto original, pero que entregará un mensaje contemporáneo que, sin duda, cambiará el final del cuento.

“(Esta obra) fue escrita en una época donde el medioambiente o nuestra relación con los animales, era muy distinta y en particular con el lobo (…) en los tiempos que corren ya no, al lobo lo vemos como un animal que es peligroso, pero como un animal noble, hermoso y que tiene derecho a cohabitar con nosotros como cualquier otro ser vivo, y esa es una conciencia que tenemos ahora, sobre todo los niños (…) Entonces han habido cambios culturales muy fuertes y creo que es interesante también contraponer esos cambios, es decir, en 1936 veíamos así el mundo y hoy, no tanto tiempo después, el mundo ha cambiado mucho” profundiza Aline Kuppenheim, sobre esta pieza musical donde las melodías son claves para entender el desenlace del relato.
“La música clásica tiene también esa universalidad, la música clásica sigue siendo vigente y creo que es algo que los niños teniendo cada día menos contacto siendo que es un fenómeno muy complejo y muy edificante para los niños. Hay una complejidad estética, armónica, que siento que habilita una cierta sensibilidad en los niños que están perdiendo con toda esta digitalización y sobre estimulo. Es interesante que los niños se vuelvan a conectar con este tipo de música”, reflexiona la creadora que si bien, ya ha incursionado en el teatro familiar, esta vez extiende la brecha y busca llegar a un público más amplio, incorporando espectadores desde los cinco años.


