Mocha Dick | “Esto no se trata de la ballena…”

“La más vieja de las machis se convertía en la abuela de todas las ballenas, una enorme criatura albina que se encargaba de empujar al muerto al inframundo.”

Una extraña mezcla de mitología y hechos históricos ponen en cuestionamiento nuestras creencias occidentales a través de una obra de gran prolijidad en la escenografía, iluminación y puesta en escena. Una presentación que se pensaría fue ensayada una durante años, porque desde la audiencia se nota la preparación de cada uno de sus integrantes, quienes con una escasa cantidad de diálogos, transmiten lo necesario para que el público pueda cuestionar, pensar y sentir de sobremanera la experiencia que se observa sobre las tablas.

Son seis marineros en un barco, perdidos en el mar durante meses, en busca de la ballena blanca Mocha Dick. Dar muerte a este animal enorme es la única misión que necesitan cumplir para volver a casa con las manos llenas, con el capitán conforme. Pero a medida que pasa el tiempo las relaciones interpersonales se hacen complejas, las odiosidades raciales y sexuales comienzan a aflorar lenta, pero directamente. Cada instante es aprovechado para denostar al otro, al inferior, al ser más débil, mientras que se buscan argumentos para matarlo como si fuera un animal más, como aquellos cuerpos sin alma que el cristianismo no hubiera considerado un pecado si dejaran de vivir.

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Pero la naturaleza entra a jugar en contra de la psiquis humana y de la seguridad que intentan demostrar los marineros. Los miedos más profundos comienzan a adueñarse de los actores, el pánico y la irracionalidad se hacen parte de sus vidas, la desesperanza por el eterno, pero inexistente, retorno es cada vez más potente. Y ¿qué pasará entonces con la ballena? Navegar no es fácil, tormentas y monstruos marinos aparecen para que el barco naufrague. Se llega incluso a considerar que están malditos o que hay un traidor entre ellos, pero la ceguera del capitán por lograr su cometido, la obsesión y la avaricia, los llevan a continuar incesantemente.

El porqué de las complejidades

¿Qué complejidades podrían surgir en esta búsqueda de la ballena blanca? ¿De qué manera Mocha Dick es “tan chilena como la cueca o el copihue”? ¿A qué realidades contemporáneas se podrías abstraer el argumento de la obra?

“Su cuerpo viejo y lleno de marcas y cicatrices estaba cubierto por arpones de quienes habían intentado apresarla, detalle que le atribuyó características sobrenaturales. Los balleneros de Nantucket y Nueva Bedford decían que era inmortal, que a veces se aparecía en dos partes al mismo tiempo, que era una especie de dios marino enviado para castigar los abusos de los capitanes cometidos en altamar”.

Mocha Dick es una obra compleja no solo por los escasos diálogos, sino porque trabaja problemáticas asentadas en la idiosincrasia chilena de una manera muy sutil, pero a la vez muy intensa. En tan solo 80 minutos, la compañía hace explícito el problema del conflicto mapuche desde una perspectiva natural, lógica y extremadamente humana ¿de qué forma se podría convencer a una persona que nace, crece y vive, con una conexión distinta a la occidental, en relación a la naturaleza, a atentar contra la misma? ¿De qué manera los fines económicos podrían hacer que traicione sus principios de vida, que son iguales a los de la madre tierra? Preguntas varias podrían sacarse de esta obra, en la que el mundo mapuche se ve respaldado en su actuar por la fuerte conexión que se tiene con la naturaleza, por el respeto irrestricto hacia lo que habita junto a nosotros, por el respeto a la vida que tantas veces parece ser inexistente frente a la ilusión del dinero.

“Esto no se trata de la ballena”, señala uno de los marineros, porque efectivamente la ballena es el motivo para abordar otras realidades que se viven cotidianamente en nuestro país. La discriminación, las diferencias étnicas, sociales, raciales y sexuales. No por nada se recoge un mito mapuche como motivo central del trabajo, “El relato ancestral sostiene que la isla Mocha sería el lugar de descanso del alma de los grandes guerreros, que hacia allá serían llevados los cadáveres en su tránsito hacia el otro mundo. Los lafquenches –mapuches costinos– solían empujar a sus muertos hacia la isla recostándolos en pequeñas canoas, a la espera de que cuatro machis que habitaban el lugar salieran a recibirlos. La más vieja de las machis se convertía en la abuela de todas las ballenas, una enorme criatura albina que se encargaba de empujar al muerto al inframundo. Los balleneros del siglo XIX insistían en que su Mocha Dick era una divinidad; para nuestro pueblo ancestral en verdad lo era”.

El mapuche dentro de la embarcación. Aquél pobre ignorante al que tratan de asesinar continuamente; que es acusado de traición, ¿es realmente un Jonas? Todas las noches busca la forma de alejar a las ballenas, de desviar el rumbo, de salvar a lo único que conoce como verdadero: la vida. ¿Se puede juzgar entonces por sus actos? ¿No es acaso, una analogía a lo que ocurre con las tierras que están en manos de las forestales? ¿El poder económico, el comercio, triunfa frente a la humanidad y a lo natural? Son preguntas, las respuestas se pueden abordar desde la obra Mocha Dick.

Basada en la novela gráfica de Francisco Ortega y Gonzalo Martínez, Mocha Dick fue estrenada el sábado 27 de abril en Teatro UC, por la compañía La Mona Ilustre. Y puede verse hasta el 25 de mayo, de miércoles a sábado, a las 20 hrs.

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