Entrecruce Latinoamericano | Una visualidad transfundida

Abundan los casos en que con sólo mencionar a América, de inmediato surge la tentación de caer en un revisionismo histórico. Aquí en cambio, el punto de inflexión sobrepasa esa natural reacción y nuestra reflexión toma un rumbo donde las realidades no se bifurcan, sino que se transculturizan o mejor aún, se fusionan al punto de generar un Entrecruce Latinoamericano: Travestismo Cultural, que no es otra cosa que constatar el influjo de estos quinientos años en que -nos hemos llevado a cuestas- pero por sobre eso, confirma nuestra capacidad para desarrollarnos culturalmente y acceder a un metalenguaje reconocido como único, y para demostrarlo están estos 15 artistas latinoamericanos de relevancia internacional, que forman parte de importantes colecciones y museos como el MoMa, Guggenheim, Pompidou, Reina Sofía, Sao Paulo o MALI, abriendo el nuevo espacio de Aninat Galería, intentando determinar cómo prevalece dicha impronta. De este modo, Sisgismundo de Vajay, Liliana Porter y Marcelo Brodsky de Argentina, Analivia Cordero de Brasil, Carlos Motta y Oscar Muñoz de Colombia, Lotty Rosenfeld, Sybil Brintrup y Raúl Zurita de Chile, Ricardo Rendón de México, Patricia Belli de Nicaragua y Sandra Gamarra, Alberto Borea y Huanchaco (Fernando Gutiérrez) del Perú, bajo la curaduría de Isabel Aninat, dan forma a esta muestra colectiva, gestionada y preparada por más de dos años por la propia galerista.

Partamos de la base que desde que Martín Waldseemuller con la participación de Américo Vespucio, presentaron la Tabula Terre Nove en 1513, donde por primera vez surge el nombre América,  por lo que la imagen de esta porción de tierra se ha fijado de tal manera, que nadie que haya nacido en este continente puede decirse inmune, ni de su origen, ni del influjo inherente a una realidad eminentemente marcada por una coexistencia, donde es imposible dimensionar el grado de travestismo entre la cultura autóctona y la improntada, pero convengamos que cada artista aquí presente, es un portador de este ambivalente temperamento entre nativo y foráneo. Por tanto, no es extraño ver que en este ejercicio multicultural se recurra al imaginario colectivo para revestirse con este reversible atuendo.

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Un acto mimético que denota un travestismo cultural surgido de una singular retroprogresión, dado que a lo largo del tiempo, comúnmente se rememora un pasado mestizo, criollo y común- el que hoy habla por sí solo- guiado por la idea permanente de generar una visualidad transfundida que responda a esa memoria histórica, pero que a su vez incorpora ese vasto y heterogéneo entrecruce cultural y multidisciplinario incubado por años en cada uno de estos proyectos artísticos, dando lugar a una puesta en escena que desde su génesis reelabora tanto el mito como el rito que ronda a esta América siempre rebelde e indómita.

Cabe destacar que esta muestra no se limita sólo a lo corrosivo, sino más bien articula propuestas que van de la ironía a la fábula visual y del simbolismo a lo conceptual, pero que independientemente de su concepción, en general apuntan hacia una descolonización, entendiendo el término no desde la clásica lucha ideológica que lleva implícita la supremacía, sino más bien como una reflexión en torno a una identidad cultural determinada por el continuo trasvasije de vasos comunicantes, mismos que fueron pesquisados hace tiempo atrás en la primera muestra homónima del 2008, pero que en esta oportunidad continúan la posta, retomando un hilo conductor que nos permite comprender aún más las distintas derivaciones del arte americano, reflejo de este grupo de artistas consagrados y emergentes que nos entregan una perspectiva más fresca de lo que es la contemporaneidad devengada de esta innegable hibridación involuntaria.

Es importante mencionar, sin embargo, que por encima de estas renovadas posibilidades de expresión, Entrecruce Latinoamericano: Travestismo Cultural, invita al púbico a asumir un significativo rol, del momento en que  puede, reinterpretar en paralelo y desde su particular experiencia, este despliegue plástico-reflexivo, que da cuenta de un proceso lleno de enfrentamientos que no sólo han determinado nuestro presente, consecuencia de algo remoto, sino como producto del pasado más próximo, colmado de gobiernos totalitarios, donde nadie estuvo ajeno, y por ende ha repercutido en una proyección identitaria, que hasta cierto punto concuerda con lo sostenido por Levi-Strauss, en relación a que – “La construcción de sentido está asociada a desentrañar los códigos parentales primigenios”, que no es otra cosa que este entrecruce donde junto a lo precolombino, convergen el colonialismo occidental, entremezclado con un sinnúmero de influencias adquiridas a mansalva como parte de un proceso de adoctrinamiento, asimilación, formación y búsqueda que incide hasta hoy, pero no reverenciando a las grandes potencias, sino como un proceder que progresivamente va despejando nuestras más atávicas interrogantes.

Si bien, muchas de las incógnitas de seguro no se van a dilucidar aquí, al menos en este Entrecruce Latinoamericano: Travestismo Cultural, podemos apreciar y con relativa claridad los nuevos lineamientos estéticos surgidos de  esa evidente ruptura con aquellos signos de descomposición que el pasado ha ido dejando a su paso, y que como resultado ha propiciado una transición o punto de equilibrio que ha legitimando este hacer americano, el que incidentalmente se proyecta en las palabras de Peter Sloterdijk – “Todos venimos de la ilegitimidad, pero todo es un gran taller de reparación donde continuamente ponemos piezas de recambio”.

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