Crecer por separado: el confuso estado de las ferias editoriales chilenas

Hace tres décadas la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa) solo podía competir consigo misma. Hoy son numerosos los eventos que suman títulos y autores en la convocatoria editorial. En conversación con varios editores a la cabeza de esta transformación, recorremos las páginas de un fenómeno que llena la agenda de los lectores.

Ser lector y estar ajeno al crecimiento de la industria editorial en Chile es poco común. Filsa ya no es la única instancia que nos hace descubrir autores u oler con satisfacción sus páginas. Pero ser conocedor de todos y cada uno de los festivales de libros que actualmente se organizan parece imposible.

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Cuerpos sellados al vacío

Entre la primera feria inspirada en el movimiento feminista chileno y la más antigua de las reuniones para la publicación independiente, hasta los lectores más entusiastas pueden perderse en el camino. Sobre todo cuando se trata de comprender las ventajas de esta nueva escena, que va más allá de agotar el salario completo en libros. ¿Ofrecer diversidad o especialización son las únicas motivaciones de las iniciativas más jóvenes? ¿Por qué no podemos encontrarnos en una gran fiesta nacional del libro, gratuita para editores y lectores? ¿Puede sobrevivir la edición independiente en un mercado tan disparejo?

Quienes asistieron el pasado fin de semana a la séptima edición de Primavera del Libro se encontraron con una novedosa modalidad. Sin los clásicos stands y agrupados en largos mesones, los cientos de editores independientes pudieron exhibir sus trabajos sin la rigidez de la separación acostumbrada por tradición. Un paso coherente con un proyecto que nace en 2012 para proponer otra forma de hacer feria en el mundo editorial chileno. Y desde entonces la coloración vegetal no solo evoca la llegada de buen tiempo sino también el inicio de una temporada para las múltiples convenciones de edición que actualmente reúnen a miles de lectores por separado.

¿Por qué no podemos encontrarnos en una gran fiesta nacional del libro, gratuita para editores y lectores? ¿Puede sobrevivir la edición independiente en un mercado tan disparejo?

El presidente de la Asociación de Editores de Chile, responsables de este evento, relaciona el fenómeno con “un auge de la economía creativa, en donde el mundo editorial es parte de ello. Las nuevas tecnologías están simplificando procesos, abaratando costos para la edición y eso se traduce en un aumento de las microeditoriales y editoriales independientes”. Según sus cálculos, son cerca de 200 de estas empresas en Chile y su forma de darse a conocer es mediante nuevas instancias como ferias y festivales porque los precios de participación en Filsa son muy altos. A diferencia de años anteriores, donde contaban con un stand colectivo, este año decidieron mantenerse al margen de la feria más grande del país con la esperanza de que el próximo “tengamos igualdad de condiciones para los cuatro organismos editoriales: que todos seamos parte de crear la programación y los invitados, además de contar con espacios parejos para exhibir”, comenta Sepúlveda.

Los manifiestos se escriben en libros

Establecida oficialmente como una actividad anual y de tanta relevancia nacional como alcance mundial, la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa) se celebra desde 1981. Pero nunca antes había sufrido una merma tan estridente como este año, cuando algunas de las editoriales más importantes decidieron hacerse a un lado por diferencias gremiales.

Organizada por la Cámara Chilena del Libro en la Estación Mapocho, el programa de Filsa sólo ha sido adelantado el anuncio de Perú como país invitado, la asistencia de 70 autores internacionales y el acceso liberado –por primera vez en la historia– a todos los escritores chilenos que se inscriban anticipadamente.

Las multinacionales, Grupo Planeta y Penguin Random House, junto a otras editoriales agrupadas en la Corporación del Libro y la Lectura, sumarán una oferta más en el horizonte de actividades, desenmarcándose de Filsa por primera vez en la historia, aludiendo a que no fueron parte de la toma de decisiones sobre el país a invitar y la programación del evento, entre otros, por lo que se han sentido marginados de las organización del evento que ellos mismos conformaron. Por esta razón, inaugurarán el Festival de Autores de Santiago (FAS) que dará cita entre el 26 y 27 de octubre, pero que continuará entre el 9 y 11 de noviembre en la Casa Central de la Universidad Católica y el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), de forma paralela a Filsa.

“No podemos tener una Feria Internacional que se vea pobre porque algún grupo editorial decidió no ir. Por supuesto que debería ser una feria plural y gratuita, pero no se puede echar abajo algo que lleva funcionando por tantos años, únicamente por desavenencias entre gremios”, señala Galo Ghigliotto.

El presidente de la Corporación que organiza FAS, Arturo Infante, indica que “el hecho de que ocurran todas estas actividades en fechas cercanas responde decididamente a la falta de asociatividad de los gremios y eso no es bueno para nadie cuando los lectores son escasos. Es deseable que en el futuro exista una única gran feria del libro en Chile, representativa de todos los autores involucrados y en condición de igualdad –además, sobre el valor de entrada a la feria (hasta $3.000), asegura que– debe ser organizada por un ente sin fines de lucro. Si tiene excedentes provenientes de auspicios, estos deben reinvertirse en la versión del año siguiente”.

A lo anterior se suman los 81 millones de pesos que este año el Ministerio de las Culturas le hizo a Filsa: “No es presentable a la sociedad que, en un país sin lectores, se le otorgue asignación directa a actividades del libro que cobran acceso y se les niegue al resto que son gratuitas”. Un punto que no deja de ser llamativo, puesto que los estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han asignado a Chile bajísimos niveles de comprensión lectora. Por ejemplo, el 5% de los profesionales en Chile tiene un alto nivel en este ámbito, pero el promedio de los países más desarrollados indica un 21%.

A pesar de compartir la opinión de la poca convocatoria que ejerce Filsa con un elevado precio de participación a las editoriales independientes, también es crítico de algunas de las opiniones vertidas anteriormente.

Sin embargo, esto no es compartido por todos los organizadores de ferias. Según señala Galo Ghigliotto, uno de los organizadores de Furia del Libro, quien comparte la opinión sobre el elevado precio de participación en Filsa para las editoriales independientes, “no podemos tener una Feria Internacional que se vea pobre porque algún grupo editorial decidió no ir. Por supuesto que debería ser una feria plural y gratuita, pero no se puede echar abajo algo que lleva funcionando por tantos años, únicamente por desavenencias entre gremios. Eso es mezquino e irresponsable y por lo tanto hay que tomar las cosas con calma y buscar diálogo pensando ya en 2019”, enfatiza.

Imagen de Filsa 2011
Imagen de Filsa 2011

Y las ferias continúan…

Por eso el desarrollo constante de más iniciativas de convocatoria para los amantes de la lectura pueda sonar hasta contradictorio. Aparte de la realización de la Feria del Libro Independiente y Autogestionado, los días 18 y 19 de agosto; o de Lila 2018, la primera feria del libro feminista en Santiago, inspirada en la movilización nacional de este año, también resaltan otros eventos por venir.

Entre ellos está la tercera edición de Feria Impresionante, dedicada al arte impreso y que se llevará a cabo entre el 12 y 15 de octubre en el Museo de Arte Contemporáneo. Entre el 16 y 17 de octubre será el turno de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en la Universidad Diego Portales, que traerá a Chile a la especialista canadiense en estudios clásicos y destacada escritora, Anne Carson, en el décimo aniversario de su realización. Será la antesala a la convulsa edición 38 de Filsa, a realizarse entre el 25 de octubre y 11 de noviembre. Y luego la versión número 12 de la –ya mencionada– Furia del Libro, organizada por la Cooperativa de Editores Furiosos, que se tomará el GAM entre el 13 y 16 de diciembre.

Desde este último encuentro de edición independiente, donde Galo Ghigliotto forma parte del directorio, comenta el rol que debe jugar el Ministerio de las Culturas en este panorama: “A través de los fondos del Consejo Nacional del Libro y la Lectura nos están apoyando con publicación, traducción, edición y creación. Pero luego no hay un solo lugar en donde todos esos proyectos se encuentren. Deberían crear un evento para que todos tengamos cabida”.

Feria Impresionante
Feria Impresionante

La difusión internacionalizada para visibilizar a los proyectos financiados por el Estado y la eliminación del IVA al libro, solo son problemas que suman a lo anterior y que aún no encuentra respuesta. “Lo primero es mantener lo bueno que se ha hecho. Somos un país privilegiado en la región. Me ha tocado participar como autor en ferias de otros países y siempre me llama la atención que todo el mundo se sorprende y están encantados con cómo se hacen las cosas en Chile”, recuerda Ghigliotto.

Y sí, en Chile se hacen cosas sorprendentes, desde la cantidad de ferias, editoriales y libros que publicamos, hasta los conocidos premios que se lleva este país que está al fin del mundo. Entre otras cosas, contamos con los fondos del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, que arroja claras respuestas a un fenómeno que sigue creciendo cada día más. Y que incluso ha inspirado a países vecinos como Perú, que creó sus propios lineamientos consultando y revisando las bases de los nuestros.

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