Miguel Farías | Compositor desde la forma y el relieve

Miguel Farías pide un café y lo acompaña con un trozo de torta. En el café Colonia, cerca del Teatro Municipal, donde ahora está trabajando, se dispone a responder sobre los efectos que tuvo estrenar El Cristo de Elqui, del largo camino de la composición y el difícil panorama para los creadores musicales. Además, lentamente sale a colación su inquietud por los teatros regionales, la necesidad de formar nuevas audiencias para la música y sus próximos trabajos. Como buen compositor contemporáneo Farías habla, también, de su época y, por si fuera poco, de Donald Trump, quien en su ópera de bolsillo pronta a estrenar, pasea por los pasillos de un supermercado dando saltitos.

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¿Cómo es la música contemporánea en la academia?

Cuando uno dice contemporáneo se refiere al ahora, pero el estilo contemporáneo se refiere a que desde el siglo 20 se empieza a trabajar la creación poniendo en valor otros parámetros musicales, que no eran los que se venían trabajando hasta ese momento, que eran la armonía y la melodía principalmente. Se trabaja la armonía pero no de manera armónica, desde otro ángulo, no tradicional.  Avanzan los años, los compositores post guerra empiezan trabajar con cosas muchos más extremas, con la creatividad misma y la improvisación. A mitad del siglo 20 comienzan trabajarse otros parámetros, también importantes como timbre o textura. Lo que pasa a finales del siglo, y ahora, es que se están volviendo a tomar en cuenta ciertos parámetros más tradicionales, la melodía está volviendo a tener una relevancia como para estar en primer plano, son obras atonales pero hay melodías que están en primer plano en este mundo en que se desarma el concepto de armonía y melodía tradicionales y se toma en cuenta otros parámetros musicales.

¿Qué piensa de los programas de voucher de entradas como Abono cultura?

Me parece súper bien, en general me ha tocado ver que de partida el público que va es bien interesante, pensando en el Abono cultura del Municipal, porque es gente que se compromete con el espectáculo mismo. Primero va a tomar una clase, que podría ser muy fome, para saber de qué se va a tratar la ópera y después va a ver la ópera, con el compromiso de que tienen que ir porque además la entrada es gratis y se informó. Va más entusiasmado, es un público bien especial.

Pienso que es una audiencia interesante y el modelo es bueno, es replicable. Se valora la obra artística desde su inicio, porque el Abono cultura incluye el explicar cómo se compuso, qué pasó en el momento en que se componía, cuántas veces se ha montado. Es involucrarse directamente con la obra que se va a ir a ver. ¿Deberían hacerlo otros teatros? De todas maneras. Además, es una manera de generar audiencia porque, por ejemplo, Abono cultura está muy orientado a jóvenes, a estudiantes, no sé, la Usach tiene orquesta pero no tienen ópera, o la Universidad Andrés Bello por ejemplo, hay mucha gente que puede estar interesada en los espectáculos pero quizás no saben lo que se está dando en ese momento, entonces es una manera directa de crear audiencia.

¿Qué palabras describen la audiencia para la música contemporánea?

Me cuesta decir palabras pero sí puedo decir frases. Por ejemplo, gente que quiere sorprenderse, gente que está abierta de mente, no porque uno vaya a encontrarse con cosas muy malas, sino que, como se dice: ‘hay tantos estilos de música contemporánea como compositores hay’. A los conciertos, a menos que uno vaya “dateado” de una obra, la gente va para descubrir mundos nuevos. Se cree que es poco el público que asiste, que es una música de nicho, pero no es necesariamente así. Al El Cristo de Elqui, por ejemplo, con música contemporánea, tuvimos cinco funciones llenas de 1200 personas cada una.

La ópera tiene la gracia de que tiene historia, de que es un teatro y no solo el audio, el sonido. En general, el público quiere ir a entretenerse un rato, también hay mucho académico, mucho investigador, en Chile la audiencia es muy joven, a mí me llamó mucho la atención de que hace dos años estrené en Ginebra un encargo grande, el Ensemble Contrechamps, estaba lleno el concierto que es algo impresionante. Y llama la atención porque acá, cuando se estrena, en general van solamente universitarios, gente que estudia música, la familia del compositor que estrena, pero allá estaba lleno. Gente curiosa, abierta.

¿Cuánto falta para que la cartelera sea 50% clásicos y 50%  músicos nacionales actuales?

Harto creo yo, pero vamos en buen camino, el mismo hecho de que se haya estrenado una ópera nacional de encargo para estreno. Yo mismo tengo un encargo para el próximo año para el Banch, que se hacen dos o tres estrenos en el año y uno es chileno nuevo.

Pero para estar mitad y mitad falta, falta mucho y no sé si se logre nunca. Si uno piensa, la ópera de París no tiene mitad franceses y mitad extranjeros. Es un estándar que incluso pienso que es medio malo, medio perjudicial, igual sacarse la idea de que es porque es chileno es mejor, lo que es justo es que hayan cosas chilenas, que sean parte del circuito, que uno siempre tenga la opción de ver algo chileno, que no por ser chileno sea peor, que es lo que estaba pasando hasta hace unos años, o sea, una ópera chilena no se estrenaba salvo que fueran las de Sergio Ortega, que es una eminencia. Creo que se va por buen camino de alcanzar un estándar, de que dentro del repertorio que se visita en general en los teatros, el chileno está más que considerado, es recurrente, por ejemplo el cine ha logrado cierto equilibrio, siempre hay películas chilenas triunfando y en cartelera. Para allá vamos.

“Hay muchos compositores, que quizás no están tan activos porque no hay tanto circuito para componer”, explica Miguel.

¿Falta formación de audiencia o faltan teatros también?

Falta formación de audiencias porque en regiones estamos llenos de teatros que están sin contenidos, te traen al doble de Juan Gabriel, al doble del doble de Marc Anthony, cosas así, o a un humorista, un grupo folclórico, que está muy bien eso, pero ahí se nota que el que pide el teatro lo usa. Falta crear audiencia y las audiencias se generan al crear repertorio, haciendo un repertorio atractivo para las audiencias, por eso yo siempre pienso que la creación es tan importante, obviamente se valora visitar el repertorio clásico, sea chileno o internacional, pero la creación es muy importante porque permite que la gente se sorprenda, que se peguen la cachetada de que están pasando cosas en el arte nacional. En regiones hay teatros de nivel altísimo que no tienen nada.

¿Cómo fue el trabajo de componer El Cristo de Elqui?

De partida fue largo, fueron tres años. Cuando empecé con la idea, incluso más. El 2013 se me ocurrió la idea de mezclar estas dos historias de Hernán Rivera Letelier el libro “El arte de la resurrección” y  “La reina Isabel cantaba rancheras”, empecé a proponerlo al Teatro Municipal, se lo mandé a los consejeros, René Naranjo por ejemplo, él lo presentó en algún momento al consejo. A todos les pareció bien y me citó Andrés Rodríguez y me dijo “parte componiendo no más, porque lo vamos a hacer en algún momento”, imagínate, de eso ya van cinco años.

Pasó el tiempo, yo hice un primer borrador de libreto con varias ideas musicales. Luego, asumió  Chambert, el nuevo director del Municipal y me dijo “esto se hace en temporada 2018, no sabemos el mes pero seguramente a mitad de año, o sea hay que apurarse”, ahí decidí pedirle a Mayol que le agregara el diálogo a mi libreto, él decidió sumar el prólogo, que fue una muy buena idea. Él hizo una cosa bien técnica dentro de la ópera, ya viste como pasó en prensa que parecía que era de él y no mía, pero yo creo que esa es una cosa más bien de la prensa.

Durante un año y medio trabajé en esto todos los días, desde la primera reunión con Chambert, tuve la oportunidad de descartar cosas que no me gustaban, y de probar mucho musicalmente. Y ya tenía como un esqueleto cuando hice el libreto, también tenía pensada la música de cada momento, por ejemplo, cuando el Cristo llega al prostíbulo, la ranchera, la música de cuando revive a la reina también la tenía pensada, desde ahí fue, “rápido”, de alguna manera.

Fue bastante satisfactorio y me sentí bastante acompañado por el Teatro Municipal, eso fue bien gratificante. En general tuve mucho acceso a todo, a trabajar con cantantes, con el director, con el pianista acompañante, a proponer cosas, el encargado de casting tomó en cuanta mi opinión. Y cuando empezamos los ensayos también pude hacer cambios. Toda la parte del caño, por ejemplo, la escribí dos semanas antes del estreno porque con el director de escena, Jorge Lavelli, que es una eminencia, ya habíamos trabajado un par de veces, así que tras varias conversaciones, sabíamos que teníamos esa parte con una bailarina atrás y que había que convertirlo en un número, que podría alargarse, y un fin de semana me encerré para llegar el lunes con la partitura. Y luego hacer coincidir esas dos hojas extra para todos los músicos, implicó un fin de semana sin dormir.

Falta crear audiencia y las audiencias se crean al crear repertorio, haciendo un repertorio atractivo para las audiencias, por eso yo siempre pienso que la creación es tan importante

¿Qué repercusiones tuvo esta ópera?

A nivel personal fue muy enriquecedor, igual que mi primera ópera “Renca, París y Liendres”, a nivel artístico las dos cambiaron mi manera de pensar la música. Fueron puntos de inflexión total, yo creo que fue un shock porque es tanto trabajo, tanto montaje, tanto ensayo, afortunadamente había paro en la Universidad [Católica], y pude ir a todos los ensayos, todos los días, de nueve a nueve. Es tan intenso que después de esta terapia de shock de música quedé pensando en sonido. A nivel profesional es fuerte porque después de eso me salieron varios proyectos, en dos semanas más me voy a Radio France a grabar una ópera de bolsillo con un libreto mío, una ópera de 10 minutos con un ensamble bien famoso allá, además, harán un programa especial en la radio, donde hablaré una hora y tocarán la obra, es una idea que yo había propuesto hace mucho tiempo y al salir la ópera me contactaron.

Por otro lado, el director del Banch, Mathieu Guilhaumon, vio la obra y me citó para conversar y estamos trabajando juntos. También tengo un par de encargos de orquesta, uno para el Municipal, y estoy barajando la opción de dos óperas más en Europa, no puedo contar mucho, pero también es gracias a lo que paso con El Cristo de Elqui. Es que hacer ópera es como ir al mundial, de verdad es muy difícil, ahí te testeas, mi primera ópera era auto gestionada, en producción con Myriam Singer, salió todo bien, pero es distinto hacer una obra en una casa de ópera, que vale no sé cuántos  millones de pesos, cuesta, después de eso tengo una carta de presentación que dice “los sabes hacer”. A nivel social es evidente que el tema de tener una ópera en temporada chilena abre la puerta, afortunadamente nos fue bien.

¿Cuánto de verdad hay en la frase de que los compositores actuales necesitan ganarse la lotería para ser estrenados?

Es cierto y es mentira, un poco duro pero es la realidad del artista. En general cuando somos artista no estamos ahí por la plata, también sabemos que lo más importante, nuestro capital, es la creatividad, saber hacer cosas. Cuando tú hablas de cosas como obras de teatro, ópera, que son cosas que involucran mucha gente no hay mucha posibilidades de hacerlo, pero es algo que no solamente pasa en Chile, o sea, si te vas a Italia no vas a estrenar a cada rato y los que tenían óperas a cada rato son los grande maestros de la historia. No es tan fácil tampoco, es cierto, pero al mismo tiempo es nuestra realidad, hay que asumirlo sanamente.

Yo escribo mucho para amigos músicos, escribo, las montamos, y se toca. Las óperas de bolsillo la he hecho así,  las escribo y a un amigo que es sonidista le pago para que arriende los equipos. Es nuestro capital, hay que saber llevarlo adelante. Por otro lado, hay algo que no es culpa nuestra, hay un capital que está perdido, el Estado quizás tiene que encargarse de que falta plata en los teatros regionales. Tenemos buenos teatros, con buenos elencos y no hay plata para hacer montajes, y si se monta algo se hace “La flauta mágica”, o algo probado. Un director de regiones dice “hago una cada tres años, no voy a tirarme a la piscina con algo que no se ha visto, mejor hago Carmen, que es la ópera más vista en la historia”. Hay algo que es cierto, falta plata. Los artistas en general tenemos la ambigüedad de que nos gusta estar fuera del sistema, queremos ser freelance y al mismo tiempo queremos fondos. El arte le hace bien a la sociedad, pero las vacunas también. Yo como artista prefiero que si hay diez mil pesos vayan a la salud a un niño en vez de financiar mi ópera. Es cierto, pero no sabría solucionarlo.

¿Algún tema de la sociedad actual que trate en su próxima obra?

La ópera de bolsillo que voy a ir a estrenar a Radio France, a París se llama “Il s’est trumpé”, que significa “él se equivocó”, pero yo en vez de “trompé” digo trumpé, porque el protagonista es Donald Trump que va al supermercado porque tienen invitados en la noche, tiene un rollo con los supermercados, metió a la niños a unas jaulas en un lugar que fue un supermercado, dio una conferencia diciendo “es que ustedes saben que para comprar (no sé) una taza necesitan mostrar su tarjeta de identidad”, entonces los periodistas se dieron cuenta de que él no conoce los supermercados.

La obra está dividida en cinco escenas, la primera es la llegada al supermercado, hago unos juegos de palabras con instrumentos musicales. La segunda es instrumental. La tercera es el pasillo cinco, donde va a comprar las cosas para limpiar la casa y dejarla blanca, como una real Casa Blanca. La cuarta es instrumental de nuevo y en la quinta escena va a las cosas para picar, a las papas fritas, y dice “Arnold necesita proteínas, a Hilary le gusta el vino, voy a comprar esto”. Empieza a comprar cosas y se da cuenta de que todas las cosas que le gustan son mexicanas o chinas, y dice “le voy a escribir a mi abogado” y ve que su computador es chino, dice “voy a tuitear”, porque le encanta twitter también, y se da cuenta de que su celular también es chino.  Es una ópera buffa. Más corta, más liviana. La música es todo el rato medio humorística, el canta como super jocoso, se vería como dando saltitos porque está contento de tener invitados. Uso puros instrumentos exóticos, la percusión va tocando udú, conga, bongó, puras cosas que para los americanos son todos lo demás que no son ellos.

Fotografías: Max Sotomayor.o

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