Nueva crítica a los críticos de Avelina Lésper II

«El artista o el crítico que carezca de honestidad o que posea un determinado interés, puede utilizar el arte para defender lo que más le convenga. En ese aspecto, el artista no honesto no se diferencia de cualquier otro ser humano…»

 

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Los nuevos medios artísticos no poseen ninguna cualidad hegemónica sobre los viejos  medios. El neo-conservadurismo o neo-humanismo lo vinculan los críticos con esos viejos medios, y, a estos, les asocian la defensa de ciertos valores, católicos, monárquicos o burgueses, como si la pintura no pudiese plantear las mismas cuestiones  que se tratan con medios más actuales.

Tom Fisk
Tom Fisk

Tampoco hay una mayor aproximación a la realidad mediante unos medios que mediante otros. Eso que llaman medios, unos y otros (viejos y nuevos), no son otra cosa que lenguajes y los lenguajes solo se diferencian entre sí y se caracterizan por el tipo de elementos utilizados para la creación del mensaje, que no es otra cosa que la obra artística.  Por lo tanto, el contenido de esos mensajes nada tiene que ver con el lenguaje empleado sino con la voluntad del artista al plantear una cuestión. Es este quien decide qué decir, pero el lenguaje elegido nada dice del contenido que con él se presenta, puesto que tipo de arte y tema son cuestiones diferentes.

Quang Nguyen Vinh
Quang Nguyen Vinh

El artista puede tratar de cualquier asunto en sus obras y, en principio, no tendría una capacidad distinta de la de cualquier otro ser humano para conocer de la verdad. Ahora bien, el ser social ha acabado atrapado en las redes de la razón e, igualmente y por ello, en las redes de las costumbres sociales y ha perdido la intuición, se ha aborregado. El artista, no totalmente socializado, posee todavía esa virtud y puede ver lo que otros no quieren que se vea. Pero, por lo mismo, el artista o el crítico que carezca de honestidad o que posea un determinado interés, puede utilizar el arte para defender lo que más le convenga. En ese aspecto, el artista no honesto no se diferencia de cualquier otro ser humano, y se comporta como hombre político, poniendo el arte a su servicio y prostituyéndolo al utilizarlo para defensa de sus intereses, casi siempre ideológicos, aprovechando la presunción de que el arte siempre dice la verdad y de que trata sobre ideas e ideales. Y prueba de esa manipulación ideológica es que la crítica artística, hábilmente desarrollada, puede acabar por presentar como verdad una falsedad cuando la conclusión resultaría evidente aplicando correctamente la lógica.

Ed Robertson, Juxtaposition
Ed Robertson, Juxtaposition

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Esta alteración de la relación entre los lenguajes y su contenido es la misma se produce en la relación entre estilo y contenido, invirtiendo los valores perseguidos en el pasado y los que se buscan en el presente, pues la representación clásica es la que buscaba la verdad; la nueva, la posverdad.

Con el arte clásico se defendía un orden porque aquellos tiempos creían en el orden, pero no, como entiende la nueva crítica, porque los tipos de arte (pintura, escultura, teatro…) ni menos, los estilos del pasado (griego, romano, renacentista…) defendieran el orden. Muchos sapientes no tienen clara la diferencia entre esos términos ni lo que significa cada uno de ellos, confunden los tipos de arte con los estilos y, estos, con su contenido. Un nuevo arte (video, instalación, performance…) no supone una nueva verdad sino una nueva forma de decir la verdad… o de mentir.

Mirceaianc, People
Mirceaianc, People

Ese orden referido era el que convenía a los poderes establecidos que le justificaban apelando a valores elevados, pero los poderosos no hacían otra cosa que defender sus intereses y, para eso, defendían su sociedad, la que ellos habían creado. Lo mismo que se hace ahora. Los nuevos tiempos desconfían de aquella verdad puesto que lo que se defendía en el pasado, visto con la mentalidad actual, invalida la cultura. El hombre busca una justicia establecida sobre otros principios, pero los valores sociales no traerán mayor justicia que la que nos ofrecieron los valores del pasado, si los creemos superiores, es debido a una interpretación perspectivista, tan interesada como lo fueron las ideas del pasado que se quieren condenar.

La interpretación que se está haciendo es una interpretación más política que teórica. No deja de ser una realidad social, pero no una verdad cultural. No es una teoría del arte, es una descripción de lo que se hace con el arte, realizada por unos ideólogo que siguen exigiendo que el arte sea corrosivo, buscando poner el arte y a los artistas al servicio de su causa. Ni el arte ni el hombre hacen nada que no hayan hecho en el pasado, un pasado que se desprecia porque no encaja con la mentalidad de hoy porque no conviene a quienes se han hecho con el poder pues,  en cada momento, el arte ha hecho lo aceptable en su tiempo, que es lo aceptable para los poderosos de cada tiempo. Por eso, no podemos jugar a juzgar el pasado con la mentalidad del presente.

Quien hace eso dice, de forma simplista y  dirigiéndose a simples, a quienes es fácil enardecer,  que él, como se ve al condenar el pasado con la mentalidad del presente,  conoce la verdad, por lo que posee la autoridad necesaria para decir cómo deben ser las cosas ahora y por siempre (amén).

Hbieser, Australia
Hbieser, Australia

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En la civilización, el mundo social se ha impuesto al mundo natural. La verdad original de la existencia del hombre se olvida porque la vida cotidiana es una vida social, disfrutada solo en el marco de las poderosas instituciones, y no te salgas de ese marco o quedarás fuera de la civilización. Si el hombre se siente más libre es porque no ve las obligaciones que se le imponen.

Ed Robertson, Juxtaposition
Ed Robertson, Juxtaposition

Los problemas personales  son solo anécdotas en el seno de la comunidad cuya existencia discurre para bien de unos y mal de otros. El individuo natural no interesa o solo interesa en cuanto individuo social integrante de las instituciones, en las que, aparentemente, se le protege –siempre que acepte sus condiciones–, pero en las que, principalmente, se le vigila para que cumpla su función de elemento social, una vez ha sido desposeído de su condición de ser natural.

Entonces viene el ideólogo, disfrazado de sabio, que ni llega a sapiente, a quien no se le niega ser un maravilloso manipulador y nos dice que los nuevos medios hablan de los problemas sociales, y a la gente la encandila. Pero ya deberíamos estar hartos de ver cómo los flautistas de Hamelín han buscado el poder y, alcanzado, olvidan sus promesas. Y, como vemos en la historia y en todas partes del mundo, cuando el poder carece de límites acaba en el exceso y el autoritarismo.

Ed Robertson, Going underground
Ed Robertson, Going underground

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Lo que ha demostrado nuestra era, dejando a un lado los avances de la civilización, es que la sociedad, como forma de relación humana, no es otra cosa que una lucha por el poder, un deseo subjetivo contrario a la supuesta objetividad de su creación, por la que unos hombres buscan cómo someter a otros. Después de los experimentos organizativos fundados en un principio espiritual, material o intelectual, los buscadores del poder nos presentan el principio absoluto y más verdadero, según dicen, el poder del hombre. Solo que se olvidan de decir que para que el criterio de ese hombre tenga valor social, no natural, debe convertir su yo en un ellos, en definitiva, debe quedar tan anulado por el nuevo principio como lo estuvo en el pasado por los viejos fundamentos del poder

La alabanza y defensa que hacen los ideólogos del nuevo arte no es el reconocimiento de la aparición de una nueva forma artística, como haría y celebraría un buen teórico, sino el uso político que con ellos se hace, como si con otros tipos de arte no se pudiera hacer lo mismo y ya se estuviera haciendo. Pero al ideólogo no le interesa tanto la verdad del arte como el poder de la facción que representa, es decir, el ideólogo no quiere la verdad sino su verdad.

Imagen de portada: Tom Fisk
Imagen de la cabecera: Loe Moshkovska

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