Los Martirios de Colón: Una ópera latinoamericana con perspectiva cómica

La ópera venezolana Los Martirios de Colón fue estrenada el pasado 1 de febrero en el Centro Cultural Lo Prado, a pasos del metro y de carácter gratuita era de esperarse el  gran número de asistentes, en su mayoría venezolanos. Escrita por Aquiles Nazoa, también poeta y humorista venezolano; y compuesta por Federico Ruiz entre 1982 y 1993. La ópera cómica fue adaptada a una edición de bolsillo por Victhoria Pérez y tuvo una duración de 1 hora 45 minutos, en los que la audiencia presenció tres escenas que abordaban las principales complicaciones, antes y durante el viaje del navegante; desde la necesidad de pedir dinero hasta la desesperación de no encontrar tierra firme en plena altamar. Los solistas fueron Blas Hernández como Cristóbal Colón, Adriana Muñoz como la Reina Isabel y Sherezade Perdomo como narradora.

La dirección musical estuvo a cargo de Eloy Rojas, quien guió a la orquesta compuesta en su mayoría por jóvenes, originada en la Fundación Música para la Integración, proyecto de desarrollo social, intercultural y educativo que desde el año 2017 rescata talento migrante. Junto a la directora escénica, Giovanna Sportelli, lograron una obra llamativa y acompañada de sonidos latinoamericanos, obteniendo en más de una oportunidad las risas y los aplausos del público.

Es una apropiación descolonizadora de la música docta, una hibridación atingente a los artistas latinos, que alcanza un gran nivel.

Esta ópera presenta la historia de Colón desde una perspectiva humorística, comenzando en el castillo de la Reina Isabel, donde Colón con gran entusiasmo llega a pedir dinero. Rechazado una y otra vez, además de burlado por los trabajadores de la reina -quienes vestían ropa formal moderna- tuvo que ejercer presión de forma astuta para lograr su objetivo. Una vez ya con el dinero en mano, la segunda escena presenta la despedida de la Carabela en el Puerto de Palos. Los personajes cambian la camisa de oficina por camisetas rayadas de marineros y con gran emoción emprenden su viaje. La última escena pareció ser el más desafiante martirio para Colón, quien está a punto de ser echado por la borda por su propia tripulación, agotados, hambrientos y desesperados de no encontrar aún tierra firme. Es apuntado con las espadas y casi obligado a saltar, hasta que una imagen costera es proyectada en el fondo del escenario. Los colores oscuros de la iluminación, como el azul marino, se tornan nuevamente claros, más acogedores, y el territorio prometido es encontrado… o al menos esos creían ellos.

En un momento de la obra aparecen dos bailarines de ballet, Victoria González como la Gallina y Eduardo Díaz como el Gallo. Ambos danzan por un periodo corto de tiempo, lo suficiente para encantar a la audiencia con sus delicados pasos y elevaciones.

El libreto de la obra, coloquial, contiene varios términos venezolanos que tuvieron que ser “traducidos” mediante el uso de paréntesis en la pantalla, lo que no fue un impedimento para las carcajadas provenientes del público chileno o de otra nacionalidad. Si bien el vestuario fue sencillo, lograron dar a entender la personificación correcta a través de él, como lo fue con las telas color hueso sobre Cristóbal Colón o el vestido rojo de la reina Isabel, intervenido por una franja blanca y dorada en medio. La escenografía fue fácil de interpretar pues el uso de imágenes proyectadas hacían literal la idea de mezclar la historia con la actualidad, como el uso de la fotografía de una oficina mientras la discusión era dentro del castillo de la reina. Una ópera para toda la familia que a través de su versión de bolsillo invita a los más pequeños a ser parte de la experiencia.

La descolonización

Es innegable la influencia en la música docta del continente europeo, es más, toda la academia es herencia de la colonia, e incluso en el presente los músicos más aventajados de las escuelas de nuestro continente van a Europa a completar su formación musical para convertirse en compositores o directores reconocidos. El paso por el viejo continente es una validación profesional. Luego, llega el punto donde un compositor no puede mirar siempre sus influencias y debe comenzar a crear. Aquí es donde se introducen los ritmos latinos en las creaciones, como bien hace Federico Ruiz al mezclar estilos propios de la nación caribeña para hacer bailar el público. Si bien la mayoría del guión que ideó Nazoa transcurre en España y en altamar, la historia mira todo el tiempo a nuestra América Latina, la tensión del argumento se centra en los tormentos y complejidades que debió padecer Colón antes del grito de “tierra a la vista”. Es una apropiación descolonizadora de la música docta, una hibridación atingente a los artistas latinos, que alcanza un gran nivel.

Otro punto a tener en cuenta respecto a Los martirios de Colón es la inmigración. Por un lado el apoyo de la ACNUR, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, da cuenta de la situación de los venezolanos y otros extranjeros en nuestro país, donde las condiciones para los inmigrantes han debido revisarse y mejorarse continuamente en los últimos años para dar mejor recepción a la ola de migración al interior del continente. Es un organismo que aboga para que los refugiados no tengan que pasar martirios en sus cambios de países. Por otro lado, los colonos españoles también eran migrantes, aunque en condiciones diferentes pues venían como conquistadores. Su emprendimiento en otras tierras era marcado por sangre y fuego, no como los refugiados por los que vela ACNUR.

Para cerrar, cabe la reflexión sobre el tono cómico con que se presentan la realeza: “el rey no tiene un empleo” dice la reina para excusar su negativa a financiar el viaje del adelantado. Risas. Todo sería mejor si el rey tuviera algo que hacer. Risas. En un continente de naciones que dijeron no a la monarquía, es un acto descolonizador burlarse del sistema de gobierno que protege lujo y linaje. Este aspecto bufo de la ópera, hace que en Venezuela Los martirios de Colón sea un clásico que se presenta todos los octubres desde que la pieza fuera estrenada. Es culpa de Colón el comienzo del martirio de este continente, de las leyendas de la colonia negra, de la esclavitud para saciar la sed de oro de la corona. Y hoy, cuando ya triunfó el grito de independencia, es válido reírse de los suplicios que dieron origen al descubrimiento de este magnífico nuevo mundo.

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