Reseña | Somos el animal que muere y el que sobrevive, somos la humedad que empaña el vidrio y nuestra vista

Imágenes de la inmutabilidad y la destrucción

En la plaquette de Tito Manfred (Arica, 1983), Imágenes de la inmutabilidad y la destrucción, publicada en 2019 por Cuadro de Tiza Ediciones, se confrontan escenas -en su mayoría- de la naturaleza salvaje frente a situaciones y relaciones humanas, logrando que se desfigure la idea de que esta última acarrea sentimientos y pensamientos que parecieran no estar contenidos en lo animal, ya que durante la lectura la relación se esclarece comprendiendo la naturalidad de los procesos.

Casi de forma espontánea se contradicen las palabras «inmutabilidad», que no puede ser cambiado o alterado, con «destrucción», reducir a pedazos o destrozar, porque ¿Cómo algo no cambia y al mismo tiempo se destruye? pero ¿No es acaso inmutable la vida respecto a su naturalidad? El autor lo presenta como un ciclo: la inmutabilidad del existir contiene en ella la destrucción.

“Un molusco busca adosarse a las rocas, perdurar en ellas, ser lo más parecido a una fotografía, hasta que es arrastrado por la violencia de las olas y se pierde en el fondo del mar. Lo único que permanece es la violencia de las olas. Abro la cortina de mi pieza, dejo que la luz ingrese y me pregunto si es posible adherirse a ella. Lo único que permanece es la ausencia de luz. Vuelvo a cerrar la cortina, me protejo”. 

Lo intangible es inestable como la lucha por permanecer, la violencia es parte de la espontaneidad del existir, acción y reacción, el inicio y a la vez el fin. Nosotros como seres vivientes somos los receptores, y al momento de entender nuestra fragilidad ante lo indomable, nos protegemos, mas no dejamos de estar expuestos.

Cerrar los ojos es la mejor forma de leer esta plaquette. Imaginar las escenas propuestas, combatir la incomodidad, aceptar la crudeza como parte del relato haciendo de Manfred un comunicador de realidades y del espectador, sobreviviente y a veces irruptor: “Un animal muere. En lugar de volver a la tierra, permanece. Su belleza disecada adorna una sala de estar, incapaz de nada más que de ser visto. Miramos a un animal y no nos devuelve la mirada. Una forma de intemperie. Alguna vez alguien nos vio y nosotros lo vimos de vuelta. De esos materiales se compone una casa.” 

Manfred también compara el lenguaje, que se vuelve finito frente los posibles acontecimientos que superan en abundancia la cantidad de adjetivos para describirlos. Es verdad, mediante su lectura entendemos mejor el ciclo de la vida visualizando sucesos ocurridos en la naturaleza antes que en cualquier conjunto de letras. Pero es un empate, el lenguaje quizá no alcanza, pero sobrevive a la extinción, lo que muchos animales no. Manfred recuerda el significado del silencio y de las sensaciones, el burdo comportamiento del hombre cuando se cree superior frente a algo de lo que es parte. Recurre a la imagen de los nadadores, del mar, del viento y del amor, en un intento por hacer ver la crudeza, de forma literal, de vivir. 

NEVIZA

Gabriel Larenas Rosa (Santiago, 1982), autor de Invierno y de la segunda plaquette que reseñaremos aquí, Neviza, habla de sus recuerdos proporcionando una lectura íntima a lo que es su origen. El poemario, publicado el 2019, contiene 18 versos que abarcan y avanzan desde la memoria hasta el insomnio, reincidiendo en palabras e ideas que en su conjunto declaran una vida en el campo descrita desde lo profundo, que se camufla en su forma cortante, literal, pero no tanto.

Su lenguaje es observado desde la cercanía a su madre, confrontado al silencio, un espacio en blanco que se asemeja a la lejanía de su padre, sin hacer íntegra su ausencia enfatiza en lo que desencadena en él, hijo, y que transgrede, a ella, madre, la distancia: «el padre no abre los ojos / la madre se mueve a tientas / el padre desaparece / ella vuelve a dormir / construye / familia / en la distancia / del hijo / el hijo recuerda / al padre / en lecturas / desvaneciendo signos / entre suelos sin arar».

Sin arar, una tierra no trabajada, abandonada. La soledad se desata en tedio, de modo más silencioso, en vulnerabilidad. Los sentidos se hacen parte del relato como el cuerpo de la experiencia, fuente de adversidades, portador de secuelas. Climas frescos lo rodean: nieve, niebla, bruma. Neviza se le denomina a la nieve compactada por su propio peso antes de convertirse en hielo, parecido a lo que la vida le hace al cuerpo. ¿Qué es capaz de producir un invierno por dentro? Más que frío, temblores, perder la capacidad de dormir, ¿la lluvia es acaso llanto?

Cada poema es separado por un asterisco, cada verso parece decir algo por si mismo pero cada estrofa es una escena. La plaquette es una historia. Larenas herido y temeroso, recuerda la incertidumbre, el miedo, la desconfianza: «escucho / para poder hablarme».

 

 

 

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