Monir Shahroudy Farmanfarmaian, revindicación y oda a la mujer artista

Según el diccionario estadounidense Merriam-Webster, la palabra del 2017 es feminismo. Y a pesar de los cuestionamientos de una sociedad profundamente marcada aún por el discurso patriarcal, se abren paso nuevas formas de entendernos como sociedad, más inclusivas y dignificantes, hacia grupos que habían sido marginados históricamente: mujeres, diversidad/disidencia sexual, entre otros.

En esa línea, aunque un poco más atrasado debido a factores como la religión o la política, Medio Oriente se suma a la causa y da un ejemplo que nunca se pensó tan próximo, con la apertura del The Monir Museum en Irán, museo tributo a la artista Monir Shahroudy Farmanfarmaian que, además, es el primer museo dedicado a una artista femenina en ese país.

La artista nació en la antigua capital persa de Qazvín, en Irán, pero vivió en exilio tras la Revolución Islámica en 1979 hasta su vuelta en 2004, siendo la mayor parte de su trabajo realizado en el extranjero.

Las obras de Monir se caracterizan por sus mosaicos hechos de pedazos de espejos, que emulan a la decoración tradicional de las mezquitas y palacios iraníes. Esto la ha llevado a ser reconocida en su país y a nivel internacional.

Ubicada en un palacio del siglo XIX, la exposición de la artista que lleva por nombre Life’s work,  recapitula los 60 años de trabajo de la decana del arte iraní, siendo más de 50 obras donadas por ella misma, incluida la serie Heartache (‘Angustia’ en español) -esculturas hechas con caja y tapizadas con diversos collage- inspirada por la muerte de su esposo en 1991.

A pesar de sus 93 años, Monir sigue vigente en el mundo del arte contemporáneo, trabajando en su estudio de Tehran, capital del país, donde pretende integrar más obras al museo, convirtiéndose este homenaje en un punto culmine de su extensa y prolija carrera.

“Puedo morir tranquila dejando una muestra de mi trabajo en mi país (…) El amor por mi cultura está en todo lo que he hecho”

Mujeres silenciadas, artistas en las sombras

Pero si hoy hablamos de la revindicación de lo femenino y pretendemos no sólo enaltecer a la mujer, sino generar el sentido de igualdad en el que se enmarca el feminismo, en un punto de la historia, la realidad difería completamente.

Relegadas a ser modelos y musas, las mujeres eran apabulladas cada vez que pretendían alzar un pincel. Así contempla el escritor Manuel Jesús Roldán en su Eso no estaba en mi libro de Historia del Arte, donde explica cómo la visión androcéntrica del arte borró de los libros de historia a grandes autoras y pioneras de la conciencia artística.

“Su existencia fue ciertamente reducida en muchas épocas, pero hay un buen número de nombres de mujeres que, en cada etapa de la historia, alcanzaron una fama y un reconocimiento público que fue posteriormente silenciado”.

Desde Sofonisba Anguissola, artista y primera mujer pintora del renacimiento a la que le fue reconocida su faceta artística, no podía firmar sus obras con su nombre y se debate si son de su autoría o no. Lavinia Fontana, retratista italiana del siglo XVI y pionera en cuadros de desnudos, en la época que los estudios de anatomía estaban vetados para las mujeres.

La francesa Marie Loise Elisabeth Vigée Lebrun, cotizada artista del siglo XVIII: “no aparecerá en los libros de Historia del Arte pero sí en los de Historia Universal: retrato a toda una corte de personajes cuyas cabezas acabarían cortadas en la guillotina de la Revolución Francesa”, explica Roldán.

Autoras más actuales también sufrieron la discriminación. Lee Krasner, un auténtico referente del expresionismo abstracto siempre estuvo a la sombra de su marido, el pintor estadounidense Jackson Pollock. Florine Stettheimerla mujer que hizo el primer autorretrato desnuda de la historia del arte, invisibilizada por tal hazaña.

La española Maruja Mallo, gran artista del surrealismo—el propio Dalí la calificó como “mitad ángel, mitad marisco”—, además de una mujer comprometida políticamente con la difusión del arte. Como lo definió filósofa María Zambrano, cometió “uno de los errores más destructivos e imperdonables: ser libre”.


Si bien hoy valoramos lo que estas artistas nos entregaron, aún falta mucho más que hacer para honrar sus obras. Y tal como Monir Shahroudy Farmanfarmaian y The Monir Museum, es de esperar que esto se replique hasta que las mujeres en el arte no sólo sean recordadas como una Mona Lisa, sino también, como las procursoras de grandes movimientos artísticos en la historia de la humanidad. 

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