Museo de Bellas Artes y MAC se unen para presentar dos obras con 120 años de diferencia

Desde el 16 de noviembre hasta el 21 de enero se presenta una muestra que une al Museo de Bellas Artes (MNBA) y el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), con dos obras creadas con 120 años de diferencia. Espectar, es el nombre de la instalación de Juan Harris (1897) y Sebastián Jatz (2017) que, curada por Gloria Cortés Aliaga, curadora del MNBA y Alessandra Burotto, coordinadora de Anilla Cultural MAC, dialogan a través de distintas materialidades y formatos.

Se trata del óleo de la colección MNBA Une Matinée au café-concert, pintado en 1897 por Juan Eduardo Harris Flores y la obra sonora Tropel, creación reciente de Sebastián Jatz Rawicz, que en un loop de cuatro minutos superpone más de 200 canciones populares.

Dos artistas chilenos, uno del siglo XIX y otro del siglo XXI, exhiben en la misma sala del Museo obras de diferente factura, pero vinculadas con los aportes de la tecnología. Es decir, en el caso de Harris, sin duda el encuadre de su pintura plantea una mirada fotográfica, un corte de la escena con el fin de ir más allá de la imagen representada. En este potencial fuera de campo, la obra de Jatz logra complementarse a través del sonido en off, transformando la dimensión fija de la pintura de Harris a un devenir en permanente cambio. Así, esta exposición afianza nuestra vocación compartida con el MAC en torno a la valoración de los creadores chilenos”, explica Roberto Farriol, director del MNBA.

Sebastián Jatz

“Para el MAC ESPECTAR es particularmente destacable dado su carácter interdisciplinar. La exhibición no sólo repone ante el público la obra de Juan Harris, producida a fines del siglo XIX, sino que también la ofrece en interacción con una de las últimas producciones de Sebastián Jatz, artista sonoro que ha sido parte de diversas curatorías llevadas a cabo por Anilla Cultural MAC, que entre sus objetivos tiene el fomentar y difundir las artes mediales. Además, la muestra se inscribe, y fortalece una vez más, la alianza entre los dos museos, ya explícita con la apertura del Corredor y cuyo ejemplo anterior más reciente ha sido la Primera Editatón de Mujeres en el Arte Chileno”, comenta Francisco Brugnoli, director del MAC.

El diálogo

La relación formal entre ambas piezas –pintura y sonido– junto a sus contextos de producción –siglos XIX y XXI–, además de algunos elementos proporcionados en préstamos por el Teatro Municipal de Santiago, proponen un pasaje en el que los artistas se encuentran en torno a la noción de “muchedumbre”, aquel gentío que constituye al sujeto moderno que protagoniza los accionamientos culturales, políticos y estéticos que siguen irradiando hasta el presente.

Juan Eduardo Harris (1867-1949) es un artista del que se cuenta con poca información, a pesar de que la colección del Museo Nacional de Bellas Artes cuenta con tres de sus obras. Nacido en Copiapó y formado en la Academia de Bellas Artes, viajó a Francia donde alcanzó relativo éxito con sus escenas teatrales que circularon en Francia mediante postales impresas. En 1897 exploró la vida bohemia de Montmartre (París), influenciado por los efectos de los géneros teatrales de entresiglos y la  literatura de Émile Zola. Este registro de la red de sociabilidades francesas se proyecta en el café concert, símbolo de la vida moderna, que llega para desplazar a los salones del antiguo régimen a través de canciones y espectáculos de feria u obras de teatro cortas, destinadas a la masa obrera y a la pequeña burguesía. Esta pintura opera como espejo de los profundos cambios socioculturales enmarcados en la primera fase de la Revolución Industrial.

En 2017, Sebastián Jatz (1980) plantea un contrapunto a partir de la superposición incesante de más de doscientas canciones recopiladas del acervo popular chileno, una pieza musical que se vuelve ininteligible, extremando por repetición el bullicio propio de los escenarios populares. Un sensor infrarrojo interrumpe la reproducción para generar intervalos aleatorios de silencio y sonido cada vez que el espectador se aproxima al cuadro, es decir cada vez que se detiene a observar. La relación entre ambas piezas –pintura y sonido– junto a sus contextos de producción, proponen un pasaje donde ambos artistas se encuentran en torno a la muchedumbre, aquel gentío que constituirá al sujeto moderno, movilizador de los accionamientos culturales, políticos y estéticos que asumirán en plenitud las vanguardias con toda aquella potencia que sigue irradiándose hacia el presente.

Mientras Harris fija la mirada en lo que no se ve de una función de variedades, a través de las conductas de los asistentes al espectáculo matutino, Jatz remueve e interviene las voces vernáculas para tensionar, aún más allá del lienzo y los medios digitales, los destiempos históricos por medio del ocultamiento de la fuente sonora con el afán de hacer manifiesto aquello que no se puede espectar. Este descalce engarza con la visión selectiva e inmediata del fláneur –que ensalzaron los poetas franceses Honoré de Balzac y Baudelaire–, el explorador sensible de las calles, el observador apasionado de la vida urbana y fragmentaria.

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