Temis, la justicia toca la puerta ¿dejará la risa escuchar el llamado?

Temis, de compañía Bonobo, es una obra con un humor oscuro, ácido y crítico de las injusticias que sus protagonistas proyectan a sus alrededor a pesar de los protocolos que erigen para evitar las discriminaciones.

Cuatro hermanos que levantaron una empresa deben recibir en su casa a una nueva hermana, desconocida hasta entonces, hija del padre que padece Alzheimer, hija también de la calle y la pobreza ¿Es justo crecer en un hogar con calefacción mientras sangre de su sangre duerme bajo una cornisa que se llueve? ¿Es justo criarse disfrutando de la bonanza de la empresa del padre mientras una de sus hermanas mendiga para llevarse el pan a la boca? No saben responder, pero Temis, la diosa de la Justicia, les mostrará la respuesta.

Todo inicia con un acto barbárico que invade la privacidad del hogar familiar. En la ausencia de los hermanos la casa es vulnerada por criminales que se llevan numerosos objetos de valor y dejan un excremento en el centro de la mesa. Desde ahí su casa nunca volverá a ser completamente suya, pues su correcta vida, su ciudadana adultez, es permeada por la irrupción de lo salvaje, de lo brutal, de lo subalterno. Ultrajados y shockeados discuten la naturaleza de la hermana, si será o no una persona como ellos, educada, decente. Deliberan con altura moral si será una mujer que aprobaría su protocolo de inclusión o si es de esas personas que “el único libro que ha leído en su vida es la biblia”.

Hermana: Más encima nos robaron (llora).
Hermano: Súmale que ahora viene una hermana nueva.
Hermana: (llora más fuerte).
Hermano2: No, si parece que ya lo sumó.

La ironía amarga de las situaciones que asedian al núcleo familiar acomodado son el deleite del público, ahí donde la hermana más reciente rompe en llanto agradecida de encontrar amor fraternal, ahí ríe el público, donde ella llora desconsolada e incapaz de articular palabras, ahí se ríe la audiencia a carcajadas ¿Es justo procesar el dolor ajeno a través de la risa? ¿Correcto? ¿Castigarán las figuras oscuras y monstruosas, que proyectan sus sombras en las ventanas de la casa, a sus ocupantes? Cuando el padre, en su delirio, advierte la llegada de la diosa Temis como un ente que arrasará con su legado, ¿se refiere a la hija nueva que cruza el umbral de la puerta o es Temis, la equilibrada, quien tensa los hilos de la narrativa familiar?

Una obra con un humor oscuro, ácido y crítico

El tratamiento de lo ajeno recuerda momentos de la narrativa fantástica de Julio Córtazar en Final del juego, donde lo cotidiano procesa rápidamente lo extraordinario con una soltura que solo entrega la deriva situacionista, donde la escena es cruzada por lo dramático y el rompimiento con referencias realistas, para dar espacio a los personajes de hacer frente a su lucha de su propia manera. Además, para desenredar el entuerto, cuentan con un traductor balbuceante, desesperado por terminar de vivir a la espera de un juicio que lo castigue, perdido entre la demencia senil y la profecía. El padre es un orador disperso que no por eso carece de sentido, por mucho que pase de hablar de los protocolos de Noé para subir a los animales al arca, a hablar sobre la maldición que lo persigue a él, a su familia, a todo lo que toca, y que será cobrada por Temis cuando la deidad decida tocar la puerta del hogar. Puerta que se abre una y otra vez mientras los hermanos tratan de entender el lenguaje de esa mente diferente que le habla a su racional familia, digna de creerse ciudadanos ejemplares incluso si lo que esconden bajo la alfombra es puesto sobre la mesa.


Temis tuvo una corta temporada en el Teatro Nacional Chileno, debido a un caso de covid-19, tuvo también un intenso aplauso del público en su función de estreno a sala llena y tendrá, en julio, nuevas funciones que sería una barbaridad perderse.

Dramaturgia: Pablo Manzi | Dirección: Andreina Olivari y Pablo Manzi | Elenco: Gabriel Cañas, Carlos Donoso, Paulina Giglio, Marcela Salinas, Guilherme Sepúlveda y Gabriel Urzúa | Diseño integral: Los Contadores Auditores | Música: Camilo Catepillán | Producción: Horacio Pérez | Prensa: Fogata Cultura | Fotografías: Marcos Ríos | Co-producción con Espacio Checoeslovaquia | Proyecto realizado con el auspicio de Fondart.

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