Igor Skaletsky: La historia del arte manipulada por el surrealismo pop

Igor Skaletsky (Vorónezh, 1978) es un artista digital de origen ruso que trabaja dentro del neosurrealismo. Trasladado a Israel en 1990 y Bachiller en pintura de caballete en 2008 por el Instituto de arte Surikov, Skaletsky ha expuesto en numerosas ciudades europeas y destaca Tel Aviv en Oriente Próximo. En concreto se mueve en el surrealismo pop, bajo la estética kitsch. De este modo sus collages están protagonizados por la mescolanza de obras artísticas en su más amplio sentido, así que la iconografía que desarrolla es fruto de la reinterpretación de elementos extraídos de las pinturas de la historia del arte. Valiéndose del collage digital consigue acoplar a la perfección los motivos reencontrados en nuevas obras de arte, muchas veces utilizando modelos de ambos sexos como ejes de la composición. Son mujeres y hombres anónimos, por lo que no condicionan al espectador y el artista les proporciona el significado que desea.

Debido a la fuerte conexión de su arte con la cultura popular actual, es habitual que muchas de sus creaciones abarquen temas y empleen personajes vinculados a los siglos XX y XXI, rememorando una vez más, en bastantes ocasiones con cierto talante guasón y crítico, la más estricta contemporaneidad. Por ejemplo, Mickey Mouse es uno de los personajes de su obra.

El icónico protagonista de Disney, tan frecuentemente explotado en las representaciones de arte pop, en este caso posa en brazos de una joven con dos platos en la cabeza, que no sólo simulan su pelo, sino también la figura del ratón. La modelo viste un traje orientalizante del diseñador Alexander McQueen y el fondo que la respalda se trata de Hilly landscape, pintura realizada por el pintor holandés Gerrit Jan Michaelis. Se trata de una composición muy bella y equilibrada en la que dominan los colores fríos y neutros, así como la claridad que otorga la iluminación. El carácter irónico o reprochador no resulta tan evidente como en otras obras, siendo Mickey Mouse un motivo que enlaza con la actualidad. Por eso la mujer, pese a su vestido relacionado con Asia Oriental, porta al dibujo animado. Sugiere el fenómeno de la globalización cultural, pues el personaje puede ser reconocido en todas partes del mundo.

 

Tooth Fairy

 

El surrealismo pop sirve para que el artista transmita algunos de los temas más peliagudos del pop, que están relacionados con la política. Quizá no son sus imágenes más grotescas, pero sí críticas. Uno de sus trabajos, titulado Tooth Fairy, presenta a una joven de raza negra que está cabizbaja, aunque sus ojos observan al espectador de manera estremecedora e incluso amenazante.

Se trata del hada de los dientes; por eso en su camisa aparece un molar extraído, todavía ensangrentado. Sin embargo, la imagen no sólo resulta aterradora por la particular forma en la que encarna al dulce personaje de la leyenda, sino también debido al poderoso trasfondo histórico y político que posee. La muchacha es vástago de la ocupación de Haití por Estados Unidos, acontecida entre 1915 y 1934. Un estado de represión que generó la resistencia de los sublevados haitianos denominados cacos, pese a su fracaso.

Tras la intervención estadounidense, realizada en beneficio propio aunque bajo el pretexto de pacificar Haití por su inestabilidad política, la nación caribeña siguió esclava del caos gubernamental, empobreciéndose en todos los ámbitos. Por eso aparece la bandera de Estados Unidos en la parte superior de la composición. Pero es la bandera atribuida popularmente a Betsy Ross, con las Trece
Colonias simbolizadas como estrellas.

De esta manera también se alude al carácter legendario e incluso fantasioso de la nación, evitando una confrontación directa con la bandera del momento. La mujer está rodeada de símbolos sobre una pizarra, los cuales se vinculan al vudú, es decir, la rabia por la pésima situación de Haití durante y tras la ocupación por parte de Estados Unidos.

No obstante, aunque estructuralmente sí parecen acordes a la religión, en realidad son motivos de carácter profano como robots, coches de cuerda, pelotas de baloncesto o paraguas. Pueden recordar a Stivenson Magloire pero la iconografía es totalmente ajena al vudú. Igualmente aparece una liebre en sección longitudinal que está dibujada en los muros exteriores del cine Bradford Odeon de Reino Unido.

Este animal tiene que ver con el poder nigromántico que se le asocia. Hay cierta ironía a la hora de tratar los elementos identificativos de ambos países, lo que también suaviza y acompleja el mensaje. El uso del grafiti se vincula directamente con el gusto del surrealismo pop. Además se trata de reutilizar elementos artísticos que no se sitúan en la Historia del Arte canónica. Dentro del juego con el vudú, la mirada atormentante de la chica coincide con un estado de posesión. La criatura sobre su cabeza es un perro, que igualmente se vincula al personaje del vudú haitiano, Papa Legba, el cual pertenece a sus
atributos. Su aspecto diabólico revaloriza el poder del mensaje.

 

Tramp therapy.

 

Skaletsky no sólo se interesa por los hechos políticos de la Historia, sino también de la contemporaneidad. Tramp therapy es una obra que protagoniza el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (2017-), así que aparece en el centro de la composición, despidiéndose del espectador. En realidad su rostro es una máscara; tiene vacías las cuencas de los ojos. El mismo título alude a la falsedad: ‘’Tramp’’ es la manera de pronunciar el nombre del gobernante y también significa trampa. Evoca a las promesas rotas que realizó durante su campaña electoral e igualmente en la presidencia.

Ambientado en una ciudad hipodámica típica estadounidense, adornada con la vegetación de la obra de Henri Rousseau, Gorila e indio, Trump reafirma su poder a través de los personajes que lo rodean. La muchacha a la izquierda del collage es Mary, retratada por el inglés Robert Burnard, pero su cara también es una máscara, de iniciación. Procedente de la cultura tanzana Makonde, puede significar la pluralidad étnica de Estados Unidos, la cual no ha evitado (e incluso ha permitido más fácilmente) el gobierno xenófobo de Trump. El chico del centro es asiático, apoyando esta teoría. A la derecha, un muchacho teriomorfo, que tiene cabeza de liebre, está rezando y recuerda a la religiosidad del
presidente.

Fighter.

 

Sin embargo, no todos los collages del artista ruso tienen que ver con el universo pop. Buena parte de su producción está dedicada a temas neosurrealistas como Fighter, cuya iconografía responde a una joven combatiente avanzando por el bosque de La primavera de Botticelli. La guerrera porta una lanza pero la imagen resulta absurda. Se trata de una situación irreal, pues una mujer actual no puede batallar como un guerrero medieval. Desprovista de armadura, su vestimenta es totalmente contemporánea. Se muestra relajada e incluso abatida en su lento caminar, así que transmite el decaimiento que produce cualquier lucha, sea física o emocional.

 

Lady with an ermine.

 

También resulta habitual que el artista imite composiciones de la Historia del Arte para reinterpretarlas iconográficamente, como es el caso de Lady with an ermine: que es también la obra homónima de Leonardo da Vinci. La dama del armiño de Skaletsky no sujeta un mustélido, sino un cordero desollado, insinuando de manera explícita la Pasión de Jesús, el Cordero de Dios, en el cristianismo. Mismamente la doncella permite hacer referencia a esta religión debido a la cruz que carga a sus espaldas. El armiño de la pintura leonardiana igualmente tiene un carácter alegórico, por lo que el artista ruso respeta tanto la iconografía como la iconología de las obras histórico-artísticas que decide utilizar.

Resulta llamativa la pintura del rostro de la fémina, que es la empleada en la decoración de las populares calaveras del Día de los Muertos en México. De este modo se presentan dos visiones distintas de la muerte y su celebración, que también son símbolo de resurrección y sincretismo cultural.

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