Feria de Arte Rebelde FAR | Partida de nacimiento a la insurrección

“Revolución es instalar en los cuerpos la sensación de libertad y generar así un cambio en la sensibilidad de la gente”

– Fabio Salas

 

Quizás la sola mención de rebeldía saca roncha. Aun así, da pie para mandarles un tapaboca a los incrédulos que no vislumbran novedad en el arte chileno actual y se limitan a ejercer un sincopado onanismo crítico que coarta la expresión creativa. Requisito esencial para que el Colectivo Artístico Tercer Mundo, organice la primera versión de la Feria de Arte Rebelde (FAR), convocando a 25 artistas de disciplinas tan disímiles como el grabado, la pintura, la escultura, el collage, la fotografía, la música, el video, la instalación, la performance, el arte textil, el diseño gráfico y de vestuario. Con la intención de favorecer un proyecto cuya característica es la multiplicidad de lenguajes como parte integral de un proceso creativo sin ataduras.

Partiendo por la performance de Camila Garretón, quien inauguró la feria con un insinuante revoloteo que invitaba a los asistentes a desplegar su imaginación y recorrer este espacio emergente con reconocidos artistas nacionales y extranjeros, pero también exponentes que anhelan un nicho para crear y reflexionar en torno al arte, proponiendo una jerga capaz de desbaratar el paradigma dicho por la artista visual Cosima von Bonin: “Siempre la dama de honor, nunca la novia”.

Consistente con ello Carlos Biernnay sale al paso, con un descarnado sentido del humor que mezcla desde lo eclesial hasta las tiras cómicas, a través de un curioso intercambio entre lo profano, lo pagano y lo secular; tal cual se aprecia en esa epifanía inspirada en La carta (1900) de Pedro Lira que fuera del guiño, exhibe un bordado que se sumerge en los pliegues a su imaginaria pinacoteca, pero a la vez vitrinea en un sinfín de referentes venidos de la animación japonesa, la TV y el cine como Holiday in.the stars, con el icónico AT – AT transporter, de la saga Star Wars, hecho con ese punzante sello que lo caracteriza.

Mila González en cambio, propone un collage sin intervención digital, donde tienen alta prevalencia las revistas vintage, pero también aquellas que la anclan al hoy, como base para articular un lenguaje compositivo iniciado en 2009, cuando fundó el colectivo “¡Hey Casera!”, y que en esta muestra destacó por su hibridación indagatoria y un tono que podríamos tildar de anacronismo presente pues fusiona épocas contrapuestas.

Complementario a esto aparece Ricardo Majluf, artista visual y organizador del evento, con sus colografías realizadas empleando la técnica Hayter de grabado en metal, con una visión en la que afloran desde paisajes interiores a aquellos que crean un aura repleta de pulsiones femeninas. Junto a él está el Taller La Termita, Vicente Rioseco reconocido grabador que hace un elaborado despliegue técnico desde el aguafuerte y José María Ibáñez, medalla de oro en la Bienal de Artes Visuales de Buenos Aires (2016), quien desde la xilografía logra una sólida propuesta, traducida no sólo en reconocimientos, sino en obras que van desde la confección de etiquetas de vino, hasta un proyecto hecho para la sede en América Latina de la Universidad de Heidelberg (Alemania 2008). Hecho que aquí se demuestra utilizando un soporte circular que sale de lo tradicional.

Desde la pintura el artista visual y escultor Raúl Pizarro hace una colorida radiografía del paisaje urbano, entendiendo el color casi como un elemento que no sólo da plusvalía a la forma, sino que subvierte lo cotidiano. Cercano a aquello surgen Tomás Saavedra, Sebastián Bustamante, Rodrigo Alvarado y Álvaro Izquierdo, con su juego de imprevistos y una estética sustentada en las caricaturas, la cultura de masas, el pop y un inacabado sarcasmo. Remanente iconográfico que despliega un hacer bastante más radical que va desde lo figurativo a lo abstracto, en un intento por reducir a cenizas ese stand –up academicista, ayudados a su vez por Pablo Inda, José Cárcamo, Juan Céspedes, Adán Medina, Rafael Rubio, Gabriela Harismendi, Ammy Amorette, y por supuesto Carla Vaccaro, quien irónicamente nos invita a gozar de un Verano en el departamento.

Por su parte, Yolanda Petrocelli artista mexicana, desde su serie fotográfica de mujeres, genera mapas geográficos interiores que hacen eco en su declaración de artista: “Trato de deconstruir a ‘la mujer’, el camino que ha recorrido y por medio de la memoria. Trato de desplegar las estratas de un pasado lejano que se hace más esquivo a medida que el presente se hace cargo”. En otro ángulo, pero de este mismo tópico, Matías Garín hace un sensitivo contrapunto entre la fragilidad, la sensualidad y el erotismo, pero con tal fuerza expresiva que alcanza el misticismo de la mano del color y los efectos lumínicos que rescata aprovechando el back-light.

En un escenario distinto surge la figura de Alejandro Gandarillas quien crea un mural in-situ para romper con la transitoriedad de una instalación que va más allá del instante, como lo demuestran sus obras e intervenciones públicas desde una peluquería del barrio Amapolas, a la fachada del cine Ambassador en Maitencillo, o tablas de surf para remontar las olas.

Por último, Lizbeth Haltenhoff, actriz de teatro y fundadora de EscaparArte, muestra un trabajo en diseño de vestuario, elaborado según sus palabras a través de la práctica de ambas disciplinas: “El teatro y la moda son un reflejo de la sociedad, ambas nacen a partir de la necesidad de comunicar con distintos diálogos sobre un mismo tema, son una forma en como los seres humanos expresamos pensamientos y sentimientos”.

Es de esperar que esta partida de nacimiento a la insurrección se prolongue más allá de esta primera versión de la Feria de Arte Rebelde y sea más que una señal favorable, el estímulo para que otras iniciativas independientes y autónomas vean prontamente la luz. Porque como dice Roberto Bolaño: “Estamos aquí para descubrir maravillas”.

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