Las tres dimensiones de Pilar Landerretche

Desde hace 20 años que Pilar Landerretche se dedica a la elaboración de esculturas. Hoy la artista divide su tiempo entre la docencia y el taller. “Todo partió como una necesidad, como una forma de expresar. Siempre me encantó el volumen. Sentí que me estaba traicionando al no dedicarme 100% a lo que siempre me había gustado, y ahí empezó la carrera”, recuerda.

© Pilar Landerretche
© Pilar Landerretche

El gres, un material que permite grandes volúmenes pero que se rompe con facilidad, fue el primer soporte con el que Landerretche trabajó la escultura. De ahí comenzaron a surgir figuras deformes, largas, de cabeza pequeña y grandes extremidades. El estilo figurativo aquí presente juega con temáticas ligadas a la naturaleza. Árboles, duendes y otras criaturas son representadas en la obra: “me empecé a dar cuenta que el humor jugaba una parte importante dentro de esto”, explica la artista.

La facilidad con la que se quebraban las piezas en gres llevó a que la creadora investigara las posibilidades del bronce. Lo que ganó en solidez lo perdió en tiempo: una pieza podía llegar a demorarse hasta 45 días en estar completada. A pesar del dilatado período que requería cada escultura para estar terminada, Landerretche pensaba paralelamente en nuevas ideas para realizar: “mi mayor recurso es la contemplación, mirar lo árboles la tierra, si hay una imagen pegarla en una carpeta. Me gusta mucho usar la croquera, siempre ando con una a mano; recorto imágenes que me gustan. Así empiezo a buscar dentro mío y veo qué pasará en el lenguaje de la escultura”.

El encuentro entre el dibujo y la escultura

Cuando Pilar Landerretche montó una exposición de caballos, mandó a realizar un catálogo de la muestra. En la editorial quedaron sorprendidos por los dibujos que la artista realizaba como estudio preliminar de cada obra; desde ahí la incitaron a que los incluyera en la impresión. La buena recepción se repitió con los asistentes a la exhibición, quienes también se impactaron por la calidad de las ilustraciones. Fue así, empezó a explorar las posibilidades del soporte bidimensional: “es súper honesto complementar la obra bidimensional que nace de un dibujo con el resultado final que es una escultura”, sostiene.

Para la escultora, la disciplina y la inspiración van de la mano; es a través del trabajo constante como se hallan las ideas. Lo que parte imaginado en un dibujo puede terminar en algo totalmente distinto una vez llevado al volumen: “voy adecuando las piezas de acuerdo al formato, la materialidad que quiero alcanzar y el estilo de la pieza. Influye la textura que quiero dar, los brillos que quiero sacar”, asegura la chilena.

Uno de los mayores sueños de esta artista es incursionar en el espacio público, regalarle a la ciudad esculturas de gran formato. “Tengo muchas ganas de hacer árboles tamaño natural, conseguir que en cada ciudad se plante este árbol de escultura”, concluye.

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