Exposición de Pablo Echaurren | Un arte de sobrevivencia

Tras exhibir Contropittura, en la Galería Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Roma (GNAM), una retrospectiva con más de 200 obras entre óleos, collages y dibujos desarrollados entre la década del 70’ y la actualidad, Pablo Echaurren –el hijo italiano de Roberto Matta– llega por primera vez al Museo Nacional de Bellas Artes para sorprendernos con Make Art Not Money, alucinante muestra donde nos invita a amar el arte por sobre el dinero.

Pablo Echaurren 4Si bien cada cual tiene un modo particular de enfrentar las cosas, aferrarse al fetichismo artístico convencional y monocorde como una única respuesta o molde posible, puede darnos una idea de cómo Pablo Echaurren, a los 19 años, comenzó a ser parte del mundo del arte, gracias a que Gianfranco Baruchello, junto al crítico y galerista Arturo Schwartz descubrieron que su propuesta sin ataduras daría que hablar. Hecho decisivo que no se puede ver con liviandad, porque a partir de los Quadratini, acuarelas y tinta china de pequeñas dimensiones, aborda los grandes temas recurriendo a la “poética de lo minúsculo”, donde aparenta girar sobre sí mismo pero en realidad ironiza entorno a la política, el amor, la muerte y el universo.

Escuetas bombas atómicas con las que irrumpe en la escena artística italiana y proclama una declaración de principios que, pese a su minimalismo, remecen los cimientos culturales italianos y europeos, tal cual se constata en A Sir Tarzán, Barón de su Majestad la reina de Inglaterra (1973), quien poco y nada tiene que ver con Johnny Weissmüller, pero mucho con reconocer las fieras de esta otra selva. Aunque también nos topamos con Autorretrato con su propia mujer, en el que el animal sin embargo se cocina (1973) Aún en la etapa del balbuceo (1974) y Una divinidad femenina (1974), donde además hace un guiño a Picasso. Lo que sigue se da por añadidura, incluso el ser consecuente con una postura que se empalma con lo expresado por The Ramones, una de sus bandas predilectas: “Yo no soy un imbécil, no me traten como un animal, no soy una criatura de zoológico, no me digan que hacer”.

Al simpatizar con corrientes vanguardistas como el Futurismo, Dadá y el Pop, poco a poco se desprende de sus grilletes mentales, dando pie para que a fines de los 70 se una al movimiento estudiantil “indiani metropolitani”, donde experimentó con distintos soportes y formatos hasta desembocar en una serie de collages, que si bien retoman la esencia de dichos movimientos, en Pablo Echaurren son sólo un dato a la causa. Esto se adheride a un sinfín de referencias, el resultado son singulares transgresiones que incluso perduran hasta hoy como en Palabras/cosas (1990), Ex – Pistols (1996) o en Combat painting (2014).

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No obstante, el supuesto enfoque iconoclasta no apunta a demoler sino a reconstruir algo que podemos apreciar en sus esculturas de cerámica, realizadas empleando la antigua técnica de barniz berettino, decorado al estilo “grottesco”, en monocromo azul con reflejos como en Manimula (1992), Enana Azul (1994), El vacío como alimento (2010) y muy especialmente en Todos somos/usamos Duchamp (2015), relectura del clásico urinario, donde Echaurren activa su catatónico cedazo.

Es evidente que por sobre el caudal de derivaciones Pablo Echaurren suele mostrarse a través de sus obsesiones, tentaciones y temores en obras tan decidoras como Pomo Sapiens (2009), Hasta que la muerte no nos una (2009) y La gran Cebolla (2014), donde frivoliza con la figura del Coliseo, como símbolo cultural del poder histórico. Intervalo que suele verse como una burla que él no tarda en aclarar: “No soy lúdico, no me divierto pintando, lo hago como un deber, como un trabajo para no ahogarme. Es un mensaje en la botella confiado a la tormenta que llevo dentro, como una cámara de descompresión entre el mundo exterior y mi yo”.

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No hay duda de que para Pablo ser artista visual es más que un oficio, es un secreto de naturaleza para no zozobrar, que lo impulsan a ser bajista de una banda de rock, un apasionado por la entomología y la ciencia, además de un prolífico ilustrador. Delirios que se reflejan insistentemente tanto en revistas de cómics, afiches y portadas de libros entre las que destacan Chiamatemi Pablo Ramone, Porci con le ali, y que se agregan al centenar de obras desplegadas en Make Art Not Money, donde además destacan Ruido Blanco/ Mr Bass & Mrs Grace (2008), El mundo al revés (1991), Catacombelicale (1991), Cielo (1991), Todo & nada (1991) y Pintura de esporas (2010), solo por citar algunas.

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No son pocos los ejemplos donde se puede apreciar cierta cuota de sarcasmo. Sin embargo, esto parece ser parte de su ferviente compromiso con el hombre y su encarnecida lucha por sobrellevar las asperezas del existir. Hecho que se palpa además en varios títulos de sus obras, donde hace un sorprendente despliegue metafórico, como en El lado oscuro de la luz (2007), con una araña sitiada por un centenar de mariposas en un mutuo, pero no menos inquietante compás de espera, que me llevan a rememorar unos versos de Pablo Neruda del Libro de las preguntas: “¿Cómo se llama una flor que vuela de pájaro en pájaro?”, dejando entrever que mucho de lo que subyace en este peregrinar de Pablo Echaurren está imbuido de una vitalidad poética que devela una profunda introspección en torno al ser humano, tal como lo advirtiera antes Roberto Matta: “Hay que representar los cuadros como mapas de la naturaleza humana y de sus energías”.

En suma, darse cuenta de que el valor de una obra no radica exclusivamente en cuánto se transa, es sin duda una deliberación que merece más que la simple mención o una respuesta políticamente correcta, sobre todo si tenemos al frente a un artista que ha expuesto en Berlín, Basilea, Filadelfia, Zurich, New York, Bruselas, Roma y Londres, quien nos impulsa a amar el arte y no el dinero.

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