La representación de Cristo en la pintura

Andrea Mantegna: Cristo muerto
Aproximadamente 1474
68 x 81 cm

Andrea Mantegna – Cristo Muerto
El “Quattrocento” fue una época de gran productividad durante el Renacimiento. Boticelli, Leonardo Da Vinci y otros maestros se encontraban en el apogeo de su creatividad. Andrea Montegna también fue uno de los pintores que destacó durante estos años. Su obra Cristo muerto impactó por la representación terrenal que hacía del mesías. En la composición, alejada del simbolismo con que se retrataba la divinidad hasta entonces, aparece Jesús desde una perspectiva poco habitual: acostado sobre una base de mármol. Su cuerpo, deformado por el uso del escorzo, acentúa el dramatismo de la escena. La narración que compone Mantegna muestra al hijo de Dios momentos antes de ser sepultado; sus facciones, putrefactas y en estado de descomposición resultan fuertes al observador.

El Bosco: Cristo con la Cruz a cuestas
Aproximadamente 1498
142,5 x 104,5 cm

Hieronymus Bosch - Cristo con la Cruz a cuestas

La escena que retrata la pasión de Cristo también fue pintada por Bosch. Su figura mira al espectador en una interpelación al sufrimiento que experimenta mientras acarrea la cruz. A pesar de la violencia que retrata la historia, manifestada en la figura del verdugo que azota al mártir, las figuras expelen un aire venerable y compuesto. Al fondo de la pintura se sitúan la Virgen María y San Juan, mientras que en el horizonte la ciudad cercada de Jerusalén observa en silencio. La diversidad y minuciosidad con la que son retratados los personajes, el movimiento que denota la vestimenta de cada uno y el paisaje de cielos despejados muestran a Cristo como el redentor de la humanidad y sus pecados.

Caravaggio: Ecce Homo
Aproximadamente 1604
128 x 103 cm

Caravaggio – Ecce Homo

El “Ecce Homo” es un tópico usual de la simbología cristiana que narra el momento en el que Cristo es presentado al pueblo después de ser torturado. Caravaggio, maestro del claroscuro, pintó una escena que centró la atención en Jesús al situarlo apartado de sus verdugos (Poncio Pilato y el carcelero). La imagen está compuesta de tal manera que el público la vea desde una perspectiva de juez de la suerte del condenado, como si de una asamblea pública se tratara.

Velázquez: Cristo crucificado
1614
250 cm × 170 cm

Velázquez - Cristo crucificado

El paso que llevó a Velázquez a Italia influyó el arte del pintor español. Fue en la península itálica donde aprendió de los grandes maestros cómo lograr un retrato acabado de la anatomía humana, tanto desnuda como cubierta de ropaje.
Una característica de la pintura barroca es emocionar y apelar a las emociones del público observador. Este objetivo se logra en la obra al retratar a la figura de Cristo en la cruz sobre un fondo neutro, lo que centra la atención en la figura del mesías, sin la distracción que podría suponer la narración de una escena o suceso. La posición del mártir se muestra natural y fluida, tan solo cubierta por un pequeño paño que tapa los genitales, lo que refuerza el sentido de pureza del cuerpo santo. Desde la cabeza un halo de luz intensifica lo anteriormente descrito.

Gauguin: El Cristo amarillo
Aproximadamente 1889
92 x 73 cm

Gauguin - El Cristo amarillo

Se cree que Gauguin se inspiró en la figura de un Cristo románico y popular para crear esta pintura. Bajo el uso del cloisonne, una técnica de esmalte alveolado, el artista resaltó los tonos amarillos y otoñales, además de los contornos que dan forma a las figuras. El deseo de un arte menos academicista y más primitivo se ve en las figuras sin sombras presentes en la pintura. Las tres mujeres devotas que observan la crucifixión contrastan con el individuo que salta una valla al fondo de la imagen, en una posible metáfora de la evasión que perseguía Gauguin en su obra.

Salvador Dalí: Cristo de San Juan de la Cruz
1951
205 x 116 cm

Salvador Dalí - Cristo de San Juan de la Cruz

El surrealista Salvador Dalí retrató los estados oníricos de la mente bajo una estética que recuerda el realismo al que aspiraban los pintores clásicos. La diferencia radica en los elementos que rodean las escenas de sus obras. En esta composición se muestra a Cristo desde el éxtasis divino. El sufrimiento físico del hijo de Dios se ve en los atisbos de movimiento que realiza en la cruz. No deja de llamar la atención la perspectiva usada para representar la crucifixión y el ambiente de paz que impregna a la obra.

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