Onay Rosquet | La obra como un efecto visual

Coloca objetos uno al lado del otro. Los agrupa hasta formar pequeños o grandes conjuntos que guardan relación entre sí pero que en ocasiones son ubicados para crear un escenario determinado. Cada caja, resuelta mediante un dibujo excelente y delicado, es portadora de memorias, de un pasado que nunca se quiere borrar, de una identidad propia que comparte con quien la observa y de un imaginario individual que se torna colectivo.

Cada espectador queda asombrado con lo que aprecia a primera vista, sus ojos deben detenerse dos y tres veces para captar cada uno de los detalles que se ubican al interior del lienzo. Los objetos situados forman parte de la realidad del artista, una realidad que nos presenta para que reflexionemos sobre el paso del tiempo y la evolución de la sociedad contemporánea. Nada sobra, todo está en el lugar que le corresponde. Onay Rosquet, un creador autodidacta, sabe que cada objeto es portador de significados muy diversos.

Su quehacer, a pesar de ser muy joven, es muy prolífico. Ha transitado desde obras con influencia Beaux Arts hasta un hiperrealismo de voz propia. Esta última tendencia es algo que lo caracteriza desde sus inicios; sus óleos recuerdan las piezas de Tomás Sánchez por su exquisitez técnica y gran detallismo y, tiene puntos de contacto con la producción actual o las acumulaciones en gran formato de Jairo Alfonso. El espacio pictórico, entonces, inundado –a modo de horror vacui– por objetos de la vida cotidiana que todos llegamos a identificar y con los que nos relacionamos a diario. Cada tela refleja y nos convida a involucrarnos directamente con lo representado, donde el color marca el ritmo y lo visual de la composición.

El pozo, 2014
El pozo, 2014

Según la crítica de arte Virginia Alberdi, en su texto Pintar las cosas, “el artista ha dibujado con sumo rigor cada una de las piezas, que al engarzarse en el conjunto dejan de ser fragmento para integrar una especie de suite poética de resonancias familiares. Más que una lectura del pasado, Onay se aventura a tejer las coordenadas de un presente que no puede desligarse de un sentido de pertenencia raigal”.

Así, nos encontramos en su haber con la obra Neceser, exhibida por vez primera en la XII Bienal de La Habana en la muestra No le temas a lo colores estridentes, donde recreó todo un universo que habla de la mujer y sus circunstancias. Lo cromático es el elemento principal al interior del cuadro, el rojo –olor que asociamos directamente con lo femenino– predomina para acentuar el discurso que nuestro creador quiere transmitir.

Todo sobre mi, 2016
Todo sobre mi, 2016

Asimismo, no debemos dejar de mencionar sus dibujos que, en ocasiones le valen a Onay como bocetos para sus futuras telas y, a su vez, funcionan para que el espectador se percate de la alta calidad estética formal, conceptual y técnica que posee el artista. Resulta interesante hablar de la obra El pozo, un dibujo de tinta sobre cartulina en la que aparece la representación continua de relojes de modelos diferentes; una apología al tiempo, al pasado, al olvido y a la memoria que se pierden en un gran vacío existencial. Esta pieza tiene su homónimo en el lienzo El inconsciente que, con un formato circular, otorga movimiento, ritmo a la composición y acentúa la evolución del tiempo.

Onay Rosquet es un artista que siempre logra crear efectos visuales y sensoriales en cada una de sus obras. En estos momentos, está preparándose para su próxima exposición personal en Galería Galiano titulada Como el que no quiere las cosas. Seis lienzos y una instalación –manifestación que explora por primera vez– conformarán la muestra y nos demostrará cómo nuestro creador se ha superado a sí mismo, y ha evolucionado en un contexto plástico donde casi nada sorprende. Sus obras, siempre llaman la atención de todos. Su originalidad acompañada de sencillez y una fuerte metodología convierten a Onay en un artífice a (re)visitar en el panorama del arte cubano contemporáneo.

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