David Shrigley | Una corrosiva y lúdica catarsis

Lose Your Mind de David Shrigley, llega al Museo de Arte Contemporáneo (MAC) con la intención de hacernos perder la cabeza en una exuberante exposición que forma parte de la colección del British Council, que hoy recorre diversas ciudades del mundo en un viaje que concluirá en 2017.

David Shrigley
David Shrigley

Ostrich (2009) es el punto de partida de la muestra que junto con dar la bienvenida, lanza una interrogante, y –a decir verdad– no es seguro si sólo insta a perder la cabeza o a esconderla como un avestruz. En cualquiera de los casos no deja indiferente, al contrario, arranca el suelo de los pies y hace transitar de puntillas para no caer.

Irredimible, David Shrigley siempre multiplica las posibilidades de expresión, desde cómics a pinturas, fotografías, esculturas, animaciones, carátulas de discos o audaces instalaciones, ya que entiende que un solo formato es insuficiente para trastocar las convenciones e instalar la pregunta: ¿Cómo se le ocurrió semejante cosa?

De golpe cruzamos la puerta de la muerte, Death (2009), y de inmediato sentimos un estremecedor recibimiento que sin preámbulo nos da las claves para ir ensamblando fragmentos, donde las vicisitudes del ser recorren un gigantesco wallpaper. Irónicas viñetas que con extraordinaria agudeza crean afinidades entre la freak realidad y la traviesa ficción, que por si fuera poco complementa con dos instalaciones Beginning, Middle and End (2009), una salchicha de arcilla sin fin que se arma in situ e Insects (2007), sobre los cuales pende una esfera negra, próxima a caer y que nos alerta sobre la inminente fragilidad que siempre acecha.

Inesperado, seductor y mordaz, David Shrigley, quien según Cliff Lausen de la Hayward Gallery es: “Uno de los pocos artistas que consigue mantener un pie firmemente en la cultura popular –con sus tiras cómicas y sus libros, que cuentan con fieles seguidores– y otro sólidamente asentado en el mundo del arte. Shrigley puede cruzar de una esfera a otra con facilidad”.

David Shrigley
David Shrigley

La Esposición (2015) escrito así ex profeso, continúa con un artista robot, una extraña cabeza con dos lápices que le salen por las fosas nasales, quien no para de dibujar sobre un papel en blanco, poniendo en entredicho incluso el rol del artista y su obra. Parte de esta descarnada visión también los son Cheers (2007) botas altas de caña con espuma, Boots (2011) y Eggs (2011) ambos en cerámica vidriada, haciendo que la sala se convierta en un sitio de nidificación o en una peligrosa incubadora repleta de sendos huevos, que sin saber cómo, ni cuándo eclosionarán para sorprendernos tanto como The Espectre (2016), dibujos y plintos que a través del escarnio rodean con su ácido líquido amniótico a esta placentaria sala donde se entremezclan constantemente la sátira y la reflexión, algo que se suma a lo dicho por el artista en animación Jimi Newport: “Generalmente, el trabajo de David me arranca una sonrisa o me hace reír. No es fácil lograr un balance de humor e imágenes que impresionen o que den qué pensar, pero su obra combina los dos aspectos y puede ir directamente al grano, o revelar capas de su significado. Creo que esto ayuda a que tanta gente se sienta conectada con su obra de una manera en que a otras formas de arte les resulta difícil lograr”.

Alevosamente desequilibrante, David Shrigley siempre deja puntos suspensivos y sin impostación ni pose, se da espacio para hacer el suelo movedizo y a su vez robarnos una inesperada sonrisa. No por nada este artista nacido en Leicester, Inglaterra, en 1968, que estudió en la prestigiosa Escuela de arte de Glasgow, fue finalista del Premio Turner en el 2013 y recientemente fue seleccionado por la “Fourth Plinth Commission” para exhibir su escultura Really Good –un gigante de bronce de 10 metros, con del símbolo de aprobación “thumbs up”– en Trafalgar Square de Londres, en septiembre de este año.

No sería raro que después nos sorprenda con un monumental emoticón creado por él o, al revés, que se represente en un diminuto mini me (selfie 3D), como parte de un juego que no concluye, sino que va siempre –in crecendoin process, o siendo parte de este patchwork del existir donde el humor y la sátira le fluyen por osmosis. Tal cual él confiesa: «Mi trabajo tiene mucho humor, pero no es buscado. De algún modo, creo que mi trabajo es muy serio, ya que trata temas como la muerte, por ejemplo. Aunque para hablar de esas cosas necesito hacerlo humorísticamente”.

Un tono característico del agudo humor británico que se manifiesta en esa urgencia por mostrar un mundo que muchos pasan por alto o porque simplemente no quieren ver como desaparece y se autodestruye. Pese a ello, David Shrigley nos interpela de una manera más ingeniosa, pero a su vez, igualmente impetuosa y punzante como reconociéndose en lo dicho por Pierre Jacomet: “Los niños no dejan la vida para más rato como los grandes”. Desparpajo con que el artista echa mano a la espontaneidad y el desenfado de un niño, no dejando nada para después, al punto de afinar la puntería para expresar lo que siente a como dé lugar, incluso con la suficiente irreverencia para así, sin más, detonar esta corrosiva y lúdica catarsis.

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