Paloma Valdivia, abocada a la tarea de soñar

Reseñada en The New York Times y traducida a más de 14 idiomas esta ilustradora y autora chilena fundadora del colectivo Siete Rayas, reinventa la realidad desde la Galería Plop!, ayudada de sus Héroes Personales, una serie de originales, dibujos únicos y personales de la gente que admira.

Movida por la emoción y el deseo de plasmar vivencias y sensaciones que de niña cimentaron su historia, Paloma Valdivia (1978), diseñadora de la PUC con un posgrado en ilustración en la Escuela EINA de Barcelona, nos invita de la mano de sus Héroes Personales, a entablar un diálogo con todo lo leído, lo visto, lo viajado, lo sentido; a través de una reflexión hecha por la propia artista: “Ni siquiera es para otros, sino para explicarme a mí cuando era chica”.

Felizmente con ese ejercicio estamos frente a ese indesmentible acróstico que es la vida y una ilustradora repleta de preguntas inconclusas, cual murciélagos cuelgan de la memoria hasta convertirlos en coloridos personajes, que sin duda exhortan la desidia instaurada en los libros al levantar el vuelo, revitalizando un oficio tan antiguo como la imprenta. Donde tanto la intuición temprana como el formidable manejo del imaginario se unen para crear un alfabeto-diario de vida mutable, que no solo se restringe a un número fijo de caracteres –personajes tan aleatorios como la J de Jack Costeau, K de Miyasaki L de Laika, la P de Picasso, la V de Violeta o la Z de Zorba–, y que se renuevan en la medida que se resuelve la incógnita compartida con el célebre ilustrador Wolf Erlbruch: “Yo no sé cuál es la verdad. Pero sí sé que hay que pensar, buscar, tratar de que las cosas te hablen. No solo los seres vivos, sino que todo te hable”.

Paloma Valdivia 4

Paloma arma un puente por donde transita parte de su obra, que se inicia con esta formidable excusa y con un chacal que ilumina la noche porteña en una suerte de faro esclarecedor que da la bienvenida a un trabajo que, si bien vuelve a los clásicos tópicos, el pararse con propiedad le ha permitido incluso tener su versión de Caperucita Roja –escrita en verso por Gabriela Mistral– en itunes, donde según el horario en que abres el app, puedes ver a Caperucita en pijama interactuando con animales nocturnos.

Salta de lo digital a lo análogo y de lo personal a lo universal, como cuando partió con Kiwala conoce el mar, de Edtorial Amanuta, y después vinieron Los de arriba y los de abajo su primer libro escrito e ilustrado para Editorial Kalandraka, junto a Duerme negrito y Es Así para Fondo de Cultura Económica, hasta llegar a ser la fogueada ilustradora seleccionada para los White Ravens 2013, distinción honorífica a lo más selecto de la narrativa gráfica infantil y juvenil, y que le ha significado estar traducida a más de 14 idiomas e invitada a innumerables bienales y ferias internacionales (Eslovaquia, Bolonia, Guadalajara) y publicada en La Joie de Lire (Suiza) y Scholastic (EEUU), e incluso desarrollar trabajos para los Museos Caixa Forum de Madrid / Barcelona y el Museo del Prado, y hoy dirigir el diplomado de ilustración y narrativa autobiográfica en la Universidad Católica de Chile.

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Abocada a la tarea de soñar deja de lado lo solemne y no cae en la especulación, ni en la ocurrencia, con un trabajo lleno de significación como señala Hernán Rivera Letelier: “Paloma Valdivia deja clarísimo que un color solo es un color, y que dos colores juntos producen música”. Armonía que es percibida particularmente en el modo de dar forma al color, no como un integrante más, sino derechamente como un protagonista al servicio de la idea ilustrada. Representación que maneja con naturalidad y soltura, pues no ceja en su vocación de ser la heroína que va tras la conquista de mundos inexplorados. Superlativa tarea donde Paloma al igual que otros debe reinventarse. Tal como lo afirma el ilustrador español Miguel Gallardo: “Nadie en mi generación tenía idea del oficio de dibujante, con lo cual pudimos inventarlo para nosotros todo entero”. Arma de doble filo con la que Paloma explora temas que evidencian un cuestionamiento recurrente por parte de los niños como son la vida y la muerte, las eternas desigualdades o lo “Grande o diminuto”. Todas preguntas abiertas que con Héroes Personales intenta responder, deletreando su existencia a la que se le suma cada visitante que sin querer imagina su propio libro álbum.

Teñido de un maravilloso halo de fresca ingenuidad, enriquecida por el temple de quien sabe su oficio y que agrega a otros proyectos donde se vuelca a lo más íntimo. La relación de ella y su hijo Gillem y su novela gráfica Sin palabras y el libro Nosotros. Pulsión necesaria que le permite hacer un reconocimiento refractario. Es decir, que da pie para un acercamiento entre quién es y quién ve un trabajo que no deja cabos sueltos, por el contrario es una puerta abierta a la reflexión de un quehacer tan dificultoso como un hombre en medio del mar y su lucha por mantenerse, igual que Paloma, quien se abre paso desde el imaginario autobiográfico, conformado por recuerdos que afloran desde la profundidad abisal del inconsciente. Algo que de por sí requiere del encantamiento y la perseverancia necesaria para desbaratar el aburrimiento, tal cual como dijo Roald Dahl: “El que no cree en la magia nunca la encontrará”.

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