

Por otra parte, hay quienes como Vincent Van Gogh creyeron que el arte es el hombre agregado a la naturaleza, dándole al misterio de la vida y la forma en que ambos (naturaleza y hombre) interactúan, una solución mágicamente abstracta e indescifrable, quizá indefinible en estricto rigor. La misma idea toma Da Vinci cuando dice que la pintura es poesía ciega, tratando de adaptar o transcribir al lenguaje ese fenómeno que ocurre cuando la expresión se vuelve inexpresable y sólo puede ser transmitida a través de canales que se apartan de lo estricto y moldean la ambigüedad: lo que se respira, se vive y no se contornea.
En resumen, tomemos la elocuencia de Thomas Browne: “el arte es la perfección de la naturaleza. La naturaleza hizo un mundo y el arte otro”.Y no meramente por el sentido, sino también por lo estético. El arte es goce y así lo definió también Auguste Rodin como “placer de un espíritu que penetra en la naturaleza y descubre que también ésta tiene alma”, porque colinda con la belleza propia de la expresión, porque se codea con las metáforas y porque como dijo Edgar Degas es un vicio, no te cansas con él legítimamente, lo raptas.
Es para Picasso “una mentira que nos acerca a la verdad”, pero no una mentira una materialización ficticia de aquello que la verdad y la realidad no puede contener ni abarcar.



