Sebastián Díaz Rovano | “Para bien o para mal, un artista es alguien que no puede dejar de serlo”

Arquitecto de oficio, Sebastián Díaz se dedica a la docencia y al arte. Con una marcada afición por la acuarela y por el dibujo, el artista elabora obras de líneas simples y mensajes complejos. En trabajos de trazos infinitos, Sebastián reconoce que la luz es la materia prima de su obra.

Hace poco asumió que era un artista, a pesar de haberlo sido –tal vez– siempre. Sebastián Díaz Rovano estudió arquitectura en la Universidad de Chile, se especializó en diseño de iluminación y hoy es profesor titular de la materia en la Universidad del Desarrollo. Dibuja desde que era pequeño, y este año expuso algunos de sus trabajos en acuarela en la muestra colectiva Reflecta en la Galería Oops!.

Ya sea en sus telas o en sus dibujos en papel, Sebastián juega con la corporalidad. La mujer como un símbolo erótico, retratos familiares y cables que dan vida a una obra ecléctica que se define por la sensibilidad. Sebastián abraza su mirada analítica de la femineidad y evoca la luz tanto en su oficio de arquitecto, como en el quehacer artístico.

¿Cómo te acercaste a la pintura?

En verdad no sé si me acerqué, creo que siempre estuvo allí. Desde que era niño, mi madre dibujaba en papelitos sueltos por ahí, y yo sabía que había estudiado un par de años arte. Yo la imitaba y dibujaba mucho. Además, teníamos la suerte de que mi papá trabajaba en una empresa en que desechaban mucho papel de formularios; era como un sueño cuando mi papá llegaba con esas hojas unidas y eternas. Estaban con datos, usadas,  pero eran un fondo silencioso. Muchos dibujos fueron hechos allí… Ninguno que conserve, por cierto.

¿Hace cuánto te vienes desenvolviendo como artista?

Es una pregunta difícil. Creo que desde muy temprano me costó reconocerme como tal. Me parecía una designación pretenciosa: el título de artista era algo que te ganabas, y en un tiempo lleno de ‘identidades de cartón’, decir que era una artista me parecía una patudez. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que lo era, y de que no creerlo era una mezcla de cobardía con prejuicio; finalmente entendí que tenía que tomar el toro por las astas, dejar las excusas a un lado y disfrutar. Creo que para bien o para mal, un artista es alguien que no puede dejar de serlo.

¿Cuál ha sido tu experiencia respecto al uso de distintos soportes?

Mi soporte natural ha sido el papel. Dibujar es algo inevitable y se usa lo que está a la mano. Mucho lápiz grafito desde niño, y ya de grande, la acuarela. Ambos me han hecho ir afinando mi relación con el papel. Sin embargo, también me gusta mucho pintar en tela y en madera. Pintar un cuadro es un proceso distinto, menos espontáneo que el dibujo en papel. Una pintura al óleo la pienso muchísimo, demasiado. También me gusta ocupar soportes de otras áreas; el video me viene muy bien porque conjuga el tiempo, el sonido, las imágenes, lo narrativo, las relaciones generales, cotidianas y abstractas. Es un infinito misterio el audiovisual.

© Sebastián Díaz Rovano
© Sebastián Díaz Rovano

¿Cómo se conjugan tu oficio de arquitecto y el quehacer artístico?

La verdad creo que he perdido algo de ese oficio, en el sentido de que he perdido elknow how referente a estrategias y formas de resolver problemas arquitectónicos de forma rápida y eficiente, pero conservo mucho de su espíritu. Disfrute muchísimo estudiar arquitectura: la mezcla de materias me parecía, y me parece aún, interesantísima; una visión holística del habitar y todo lo que rodea al ser en el mundo. Todo eso fue perfecto, pero creo que nunca me proyecté como alguien que diseña y construye edificios. Además,  me fui volviendo muy crítico de mi disciplina, porque le veía muchas falencias y pretensiones, que eran susceptibles de resolverse con ayuda de otras disciplinas. Ahí había una arrogancia que nunca me gustó. Entonces, este amor y odio por la disciplina fue trazando también mis intereses y problemáticas. La arquitectura fue, es y será un hermoso set de herramientas.

© Sebastián Díaz Rovano
© Sebastián Díaz Rovano

¿Cómo se desarrolla el rol de la mujer y la sexualidad en tu obra?

Uno sabe que hay temáticas que aborda de un modo más racional, que puedes regular, y otras cosas que se dan más como padecimientos; creo que la mujer ha sido uno de ellos. Sin embargo, puedo esbozar cierta mirada analítica con la distancia del tiempo. Por un lado, tengo a esa mujer musa, musa erótica, voluptuosa y fetichizada, y por otro, tengo también cierta identificación con lo femenino, identidad de un pensamiento mágico, impredecible, saturado de sensibilidad. En ese contexto, mis obras increpan lo femenino.

¿Has tenido la oportunidad de exponer en otro lugares además de en la Galería Oops?

La verdad es que llevo poco tiempo de asumir el rol de artista. Como te contaba, tenía mis prejuicios. Por ello que la exposición de Oops, aún siendo una tribuna discreta para mí, fue clave, ya que ilustra mi decisión de exponer. Antes había expuesto para algunas convocatorias como 40 años, 40 ideales, exposición colectiva a la que fui invitado por Mónica Salinero con quien compartíamos en el colectivoTerritorio cultural. Además de esa, nada que recuerde. Estoy en plena  infancia artística.

Respecto a la luz, ¿cuál es el rol que desempeña en tu trabajo como arquitecto y en tu obra artística?

En el momento en que me formé en el mundo del diseño de iluminación, pasé a ser un arquitecto muy específico. Sin embargo, esa especificidad es una naturalidad, es algo que excede la arquitectura: la luz lo es todo.  En principio, no me daba cuenta; buscaba conectar el arte con el diseño de iluminación pensando en obras que utilicen iluminación artificial como núcleo de la obra, al estilo de James Turrel o Flavin. Hoy me doy cuenta de que la luz es un prisma que todo lo cubre. En la pintura es fundamental la luz; el correcto uso de sus leyes son garantía de verosimilitud.

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