Pauline Cristi | Entre vivido y simbólico

Imágenes cortesía de la artista.

La artista visual chilena Pauline Cristi ha pasado toda su vida en constante contacto con la naturaleza, desarrollando una fuerte admiración hacia las vidas de los pescadores. Hoy representa la naturaleza, el estudio minucioso de los” botes” y las vidas de estos valientes personajes– a través de un estilo que deja a un lado el paisajismo y las escenas costumbristas, para desembocar en una dimensión donde la realidad se mezcla poderosamente con la imaginación y el símbolo.

“Si transmito un estado de animo, que muchas veces es el del personaje con el cual conversé, con el color, con las rayas, con los elementos que le pongo, pero también es mi estado de ánimo”.

“¡Señor!… ¡Señor!” le grita Pauline a un pescador ocupado en recoger sus redes y probablemente empapado después de una entera noche en el mar. “Señor…” ahora sí la oye. “Disculpe Señor –pregunta respetuosamente– Quisiera sacar una foto a su bote. ¿Me dejaría?” Tras la instantánea, tal vez, podrá entablar otra interesante conversación. Cruzarse con otra fascinante historia. “Pero por favor señorita, ¡adelante!” contesta de inmediato el hombre, ahora invitándola con la mano. “Usted no se imagina que tan bien me fue anoche” Ahí está. Solo hay que darle conversación: “¿En serio? – Sipo señorita. Harta plata…”

La escena podría tranquilamente referirse a uno de los muchos domingos disfrutados paseando con la familia en la costa cerca de Concepción. En Talcahuano o en Caleta Tumbas, por ejemplo. O podría haber ocurrido durante unas vacaciones hace años en una neblinosa mañana en Chiloé, o durante una soleada en Algarrobo o Tongoy. Porque, para la pintora chilena Pauline Cristi, la fascinación por la existencia de los pescadores es algo de toda la vida. Pero lo que también es cierto es que así, a través de una humanísima conexión –pregunta, click, narración– suele empezar el recorrido creativo que la lleva –días, semanas o meses después– a escudriñar entre los centenares de fotos de botes archivadas durante años para, finalmente, decidirse por una en particular. “Esta” piensa entre sí.

“Yo siempre digo: ‘A ver, en este bote habitó un personaje que a lo mejor estuvo pescando toda la noche. ¿No pescó nada? ¿Le pasó algo? ¿Es un pescador triste que tiene una mala vida? O tal vez sea un pescador sumamente feliz’. Detrás de los botes –continúa Pauline– hay una historia. A veces es triste, a veces es mágica, a veces es de fuerza. Pues me interesa mucho la vida de los seres humanos y, en el fondo, detrás del bote hay una persona que lo vivió.”

© Pauline Cristi
© Pauline Cristi

Sin embargo, antes que todo, hay que aclarar algo imprescindible: en los botes de Pauline jamás aparecen figuras humanas.

De hecho, sí es cierto que –luego de preparar los óleos y agarrar la espátula– la artista siempre trata de volcar en la tela este pequeño trozo de existencia con el cual se cruzó; también es fundamental subrayar como no lo haga simplemente copiando la realidad en busca de una representación costumbrista. Todo lo contrario: en las obras de Pauline Cristi la imagen del bote se abstrae, se mezcla con la imaginación misma de la pintora y con sus sensaciones; se metaforiza y se vuelve, finalmente, símbolo del personaje y de la historia que lo habitó.

“Nunca aparecen seres humanos –confirma la pintora– Si transmito un estado de animo, que muchas veces es el del personaje con el cual conversé, con el color, con las rayas, con los elementos que le pongo, pero también es mi estado de ánimo. Puede que una historia que me contó un pescador hace tiempo se me quede dando vueltas. Una vez, por ejemplo, me puse a conversar con uno que estaba limpiando su bote y me dijo: ‘Estoy viviendo una vida maravillosa’. Pues empezó a contarme de sus hijos, de lo que le fascinaba pescar, de que a él no le importaba llegar empapado… Entonces –concluye– a este bote luego yo le puse Fuerza.”

Parece entonces que los botes de Pauline se configuran como una alegórica y abstracta investigación antropológica; verdaderas huellas de una vida en la que, al fin y al cabo, estamos de paso. Unos sedimentos en vilo entre realidad y símbolo que, si por un lado remontan a una poderosa mezcla entre recuerdo e imaginación, por el otro se anclan a una organicidad tangible: de hecho Pauline compagina las pinturas a óleo con técnica mixta, lo cual le permite insertar en sus telas hasta residuos materiales recolectados a lo largo de toda su trayectoria artística. Y, claramente, en la serie de botes se trata en la mayoría de los casos de arena recogida a tan solo unos pasos del botes mismos.

© Pauline Cristi
© Pauline Cristi

“Saco la foto y además agarro arena del lugar –subraya la pintora- y esa misma arena la pongo en el bote. Por ejemplo, este es un bote que estaba en Chiloé: pues yo saqué la foto y me traje la arena de ahí. Porque me interesa que haya una unión con la naturaleza misma.”

Una unión que si ya se había ido desarrollando tanto a lo largo de la vida de la artista –acostumbrada desde la infancia a relacionarse con ella– como en la producción pictórica –los botes se insertan de alguna forma en un imaginario bucólico- es cierto que, efectivamente, se sublima en los últimos trabajos de Pauline contenidos en la serie Imágenes imaginarias.

“Empecé con otro tema que en un principio se llamó Entre cierro los ojos, porque yo me iba a la naturaleza, sacaba fotos, del desierto, de un bosque, y luego entrecerraba los ojos y pintaba lo que veía: el movimiento de las hojas, de repente un rayo de luz que se metía entre medio. Abstraía el paisaje a la tela. Así que –termina– hoy la serie se llama Imágenes imaginarias.

© Pauline Cristi
© Pauline Cristi

Así que Pauline Cristi actualmente sigue trabajando en estos dos proyectos –que muy pronto expondrá en la feria Spectrum en Miami, del 2 al 6 de diciembre, y en una exposición individual en la Sala de Exposición Club Ecuestre Cachagua (23 enero-21 febrero)– en los que investiga la misma dimensión fronteriza donde lo escuchado se mezcla con lo vivido, y lo recordado con lo imaginado; donde la realidad se entrecruza con el ensueño, donde lo orgánico interviene lo abstracto y donde una pintura surge de una fotografía. Donde el óleo se revuelve con la arena al igual que el ser humano se confunde con la naturaleza entera. Donde, en fin, en una simple huella hay, a la vez, una presencia y una ausencia: una experiencia personal y compartida.

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