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La obra de Antonia Wright se sitúa en un territorio donde el cuerpo, la memoria y la experiencia del desplazamiento se transforman en lenguaje artístico. A través de performance, video, fotografía, sonido e instalación, la artista explora las tensiones entre vulnerabilidad y resistencia, utilizando frecuentemente su propio cuerpo como herramienta principal de acción y confrontación.

Nacida en Miami y de ascendencia cubana, Wright ha desarrollado una práctica interdisciplinaria marcada por temas como el exilio, la migración, la supervivencia y las estructuras de poder. Sus obras tensionan los límites físicos y emocionales del cuerpo humano, cuestionando convenciones sociales y políticas desde acciones extremas, tanto físicas como simbólicas.

Actualmente, la artista presenta junto a Rubén Millares la exposición Exilio en la Galería Piero Atchugarry de Miami, recientemente extendida hasta julio de 2026. Desarrollada a lo largo de varios años, la muestra reflexiona sobre la experiencia migrante mediante temas de desplazamiento, resistencia y supervivencia.

La exposición se articula a partir de un barco de refugiados rescatado en la costa de Miami tras arribar a Key Biscayne, utilizado por cubanos que huían de la isla. A través del sonido y la luz, Wright y Millares transforman esta embarcación en un monumento contemporáneo que honra no sólo a la diáspora cubana, sino también a los millones de refugiados desplazados en el mundo.

Las huellas de violencia permanecen visibles en el barco: perforaciones de bala realizadas antes de que alcanzara la costa estadounidense. Sin embargo, la obra resignifica esas marcas de violencia, transformándolas en una metáfora de resiliencia y permanencia. El espacio inmersivo incorpora vibraciones sonoras y frecuencias que no sólo se escuchan, sino que también se sienten físicamente, invitando al espectador a experimentar el desplazamiento desde una dimensión corporal y emocional.

El barco de refugiados era un remo improvisado, una humilde herramienta utilizada para navegar en aguas inciertas. Wright y Millares incrustan esta paleta en piedra caliza oolita nativa del sur de Florida. Un objeto aún suspendido: un monumento silencioso al cruce, la llegada a tierra y la supervivencia.

La exposición incorpora además cianotipos intervenidos por Wright mediante acciones de impacto y fractura sobre vidrio. Las superficies quebradas revelan simultáneamente fragilidad y resistencia, convirtiéndose en registros físicos de confrontación y memoria.

Esta exploración sobre el cuerpo como espacio político y emocional también atraviesa Suddenly We Jumped (De repente saltamos. En esta performance para video, Antonia Wright rompe una hoja de vidrio utilizando su cuerpo desnudo. Filmada en cámara lenta, la obra permite observar detalladamente el momento del impacto y la explosión del vidrio, intensificando la experiencia visual y simbólica de la acción.

 

Inspirada en ideales y estéticas futuristas, De repente saltamos transforma el cuerpo en una fuerza mecanizada proyectada al límite. La obra aborda cuestiones vinculadas al género, la resistencia corporal y la emoción extrema en el espacio público, elementos recurrentes dentro de la práctica artística de Wright.

Actualmente, en Museo Arte Al Límite (Panquehue, Región de Valparaíso, Chile), la artista forma parte de la exposición Ella en Foco, donde se exhibe la obra:

Título: Suddenly We Jumped (De repente saltamos)
Técnica: Fotografía, impresión digital
Dimensiones: Variables
Año: 2014

Una obra que invita a reflexionar sobre los límites del cuerpo, la memoria y la capacidad humana de atravesar aquello que parece imposible.

Fotografía obra «De repente saltamos» en Museo Arte Al Límite, Chile