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Cuando Rosa Galindo comenzó a pintar en Barcelona, su ciudad natal, el realismo fue la primera vía para expresar su visión del mundo. Más tarde, tras ampliar sus estudios de arte y diseño en Milán y Bolonia, ese camino fue derivando de manera natural hacia la abstracción, hoy eje central de su práctica. Un tránsito paulatino que, según la artista, otorga mayor sentido al proceso pictórico y abre un campo de libertad sin metas preestablecidas.

Su obra se desarrolla principalmente a partir de la técnica de pintura inversa en plexiglás, trabajando el acrílico desde el reverso del soporte. De este modo, Galindo construye una compleja amalgama de pinceladas suaves y estridentes, capas superpuestas, texturas y volúmenes que configuran una gestualidad reconocible. En sus cuadros conviven la fuerza táctil y un ritmo calmo, una dualidad que atraviesa toda su producción.

Para la artista, pintar es un modo de expresar emociones como la fuerza, el entusiasmo o el misterio. Cada obra es un proceso largo, en el que se añade, se rehace y se superpone, hasta que la pintura “se va haciendo sola”. Con una formación interdisciplinar que incluye diseño, artes plásticas, ciencias sociales y estudios en arteterapia desde la Psicología de la Gestalt, Galindo concibe el arte como una vía de autoconocimiento y expresión emocional, incluso más allá de la conciencia.

La abstracción le permite trabajar desde la intuición, sin normas fijas ni resultados previstos, traduciendo en manchas y gestos la poesía de lo que la rodea y de lo que se mueve en su interior. Sin buscar representar la realidad, su pintura habla de la influencia que ésta ejerce en ella. Más allá de etiquetas como realismo o abstracción, su práctica se sostiene en una premisa clara: la emoción permanece siempre fuera de cualquier margen.