Imágenes de una Muchedumbre

El fotógrafo chileno Jorge Brantmayer llega a La Habana para presentar en Casa de Las Américas la muestra fotográfica titulada Muchedumbre. Es esta la última de las exposiciones realizadas como parte del recorrido itinerante de obras de la serie del mismo nombre por diversos espacios galerísticos como han sido el Instituto Cervantes en New York y el Art Museum of the Americas, en Washington DC.

Un centenar de personas han sido inmortalizadas por la cámara, convirtiéndose en protagonistas de las piezas conformadoras de la exhibición. Muchedumbre constituye la ocasión propicia para apreciar de cerca los rostros de Chile, de los individuos que transitan por las calles de Santiago, sujetos que vienen a recrear el carácter y la identidad propia de la sociedad en la cual se insertan. Los retratos presentados, captados por el artista durante manifestaciones acontecidas en el territorio chileno, pretenden decodificar un sistema social, un conjunto humano mirado desde una perspectiva globalizadora y a la vez individual.

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La fotografía, según la entendiera Roland Barthes, contiene una amplia capacidad denotativa en la medida en que se presenta como principio fundamental la reproducción de lo real asistido por un fenómeno que el autor llama “plenitud analógica”. En este sentido, Barthes señala que el mensaje connotado con que cuenta la imagen fotográfica se articula a partir de un mensaje sin código: la denotación firmemente analógica[1]. Dicha cualidad tan particular y distintiva del medio lo dota de una capacidad de acercamiento a la realidad y de una inmediatez que ha favorecido el empleo de la técnica fotográfica en una pluralidad de ejercicios. De este modo, los trabajos de Brantmayer expuestos en Casa de Las Américas se convierten en una suerte de estudio etnográfico, antropológico, en tanto emplea a la fotografía como vía eficaz para plasmar e inmortalizar una realidad sociocultural particular, dándole vida a través de las morfologías que la componen.

Las imágenes presentadas son parte de una serie fotográfica entendida y desarrollada como proceso, como investigación en curso, como estudio continuado en un espacio y un tiempo, en el devenir de una nación. Las composiciones fueron concebidas ante un fondo neutro, con la misma luz y empleando tonos de la escala de grises, aspectos unificadores de la compilación y que confieren un papel esencial a los rostros y las expresiones particulares de los sujetos representados. De esa manera, la esencia subyacente en cada ciudadano, unida a su nombre y ocupación registrados al pie de las obras, constituyen los elementos distintivos y diversificadores de cada una de las piezas integrantes de la muestra.

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En los retratos de grandes dimensiones que retan al espectador mirándolo frontalmente, el autor saca a colación los rasgos de la personalidad que se traslucen desde el exterior. Consigue impregnar a sus imágenes de nuevos significados creando una suerte de metarrelatos que se articulan entorno a las obras independientemente y en el discurso de la exposición en su totalidad. Así, las instantáneas plantean una serie de interrogantes y articulan sentidos a través del juego contrapuntístico entre los componentes de intencionalidad y azar, incidentes en la construcción de imágenes de este tipo. La fotografía se convierte en esta ocasión en un medio que se erige como espacio discursivo empleado para expresar un concepto. Son estos trabajos los soporte a través del cual el artista logra llamar la atención sobre la iconografía propia de un espacio social determinado que procura referir a través de una excelente realización desde el punto de vista formal.

Brantmayer busca adentrase en el constructo social y sacarlo a la luz para que pueda ser observado y analizado, y, en ese camino, consigue proveerle una apariencia a Chile. Es esta una exhibición en la cual se vislumbra la intensión de reconciliación o filiación del creador con el espacio al cual pertenece. A la vez, significa una exploración en la esencia de un país que es, en definitiva, la esencia del propio autor y de todos los representados. De esta suerte, el autorreconocimiento de las personas simbolizadas tiene lugar de forma paralela al reconocimiento como colectivo, como pueblo. Según Camilo Yáñez, curador de la muestra: “exhibir este enorme archivo tipológico de rostros de Chilenos, implica exponer miradas, anhelos y esperanzas de un pueblo frente a otro pueblo, de una cultura frente a otra cultura, de un ser humano frente a otro ser humano”[2]. Al mostrar las piezas de Muchedumbre en otros territorios se establece una interconexión global en tanto ensalza la dimensión de un pueblo en diálogo con otros pueblos, fomentando la identificación personal y colectiva como ciudadanos del mundo. Brantmayer con su trabajo concede la oportunidad de (re)encuentro con un universo heterogéneo de fisonomías y fenotipos múltiples que otorgan diversidad y a la vez unifican a nuestro continente y al mundo.

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[1]Caballero, Rufo. E-PISTOLA, Inocencia, histrionismo y simulación en la poética de Arturo Montoto (Una semana de polémica entre dos críticos). En Agua Bendita. Crítica de arte 1987-2007. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2009.p.p 292- 323.
[2] Yáñez, Camilo (Curador). La etnografía de las miradas. En: Jorge Brantmayer. Muchedumbre (Catálogo). Casa de las Américas, La Habana, del 3 al 30 de noviembre de 2016. p. 4.

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