Sebastião Salgado | Categóricamente humano

“Salgado fotografía personas. Los fotógrafos de paso fotografían fantasmas”.
– Eduardo Galeano.

Por primera vez llega a Chile, a la Corporación Cultural de las Condes la serie Otras Américas del brasileño Sebastião Salgado, 65 imágenes que develan el coraje y la templanza de las culturas campesinas e indígenas del continente, captadas entre 1977 y 1984, por el ojo avizor de un fotógrafo único en su especie.

Calificado por Hal Gould, galerista y curador norteamericano como “el mejor fotógrafo del mundo de los inicios del siglo XXI”, Sebastião Salgado (Minas Gerais, Brasil, 1944) ocupa un destaco lugar dentro del espectro fotográfico mundial junto a Martin Chambi, Lewis Hine, Walker Evans, Steve MacCurri, Robert Frank, Henri Cartier-Bresson, Robert Capa, Eugene Smith y James Nachtwey.

Sebastião Salgado
Sebastião Salgado

Por eso no basta con abrir los ojos para sentir la belleza humana desplegada como un gran signo de exclamación, al enfrentar la cara más desigual de esta Otra América, negra, mestiza e indoamericana que pese a la inclemencia no se deja avasallar –y se muestra tal cual es–, sin aguados eufemismos, ni maquillajes superfluos, sino como una impetuosa alegoría a esta devastadora existencia.

La adversidad es el sustrato con el cual Salgado alcanza un tono poético, donde lo emotivo se fragua gradualmente al sentir. Tal como esas escuálidas miradas que traspasan la coraza imperturbable de aquel observador que cree que el sufrimiento es una atávica y habitual costumbre enraizada en esta Otra América, recelosa del fotógrafo que osa introducirse entre las fisuras para encuadrar la imagen de manera teatral, dando el merecido relieve, tanto al escenario como a sus protagonistas. Tal cual ratifica Verónica Sánchez Marín: “Ha sido un cirujano capaz de extraer sensibilidad de la crudeza, la barbarie y el dolor, y convertirla en conciencia por medio del bisturí de la lente, la lámpara del flash y el aguijón de un encuadre tan característico como la precisión periodística del testimonio”.

El mérito de Sebastião Salgado está en rescatar el imaginario del dolor, poniendo énfasis en aquello que siendo extremadamente real parece ser inverosímil e incluso inimaginable. De esta forma hace de la muerte algo tan onírico que no sabes si es un sueño mal habido o un irreconciliable trance, el que va de la mano con la precariedad de esos niños que juegan afanados con un centenar de pequeños huesos y entremedio se divisan unos solitarios caballitos de plástico, agregando ese toque mágico que lo cambia todo.

Con Salgado no se sabe a qué atenerse, pues siempre pone a prueba la indiferencia al enfrentar la paralizante realidad y crear vívidas historias: “Nuestra historia es la historia de la comunidad, no de la individualidad. Ése es el punto de vista de mi fotografía y el punto de partida de todo mi trabajo”, explicó alguna vez el artista.

Conocedor de su oficio, sabe favorecer el instante y crea aforismos enmarcados en un blanco y negro, que por su rigurosidad exacerba los detalles al punto de casi palparlos, en esta muestra que –además– es un acto de desagravio capaz de dignificar a esa desprotegida Otra América. Hecho que se refleja implacablemente en lo dicho por el propio fotógrafo: “Este trabajo duró siete años, o mejor dicho siete siglos para mí, ya que tenía la sensación de retroceder en el tiempo”.

La miseria no cambia. Sólo la gente, los lugares, quizás la espectral luz con que los cubre para darles ese halo de inalcanzables. Enfoque que de por sí, rivaliza con quienes tienen una visión microscópica de la belleza y banalizan la pobreza, sin permitirse ver que dentro de la pesadilla duerme un tesoro escondido que es único.

Sebastião Salgado
Sebastião Salgado

La Otra América es un tributo a esa niña que lleva manzanas confitadas en su cabeza y mordisquea una con la picardía de todo un continente, que pese al infortunio se alza en esta exposición creada especialmente para Chile, donde la selección de las fotografías fue escogida por el autor y su curadora integrando imágenes posteriores a la primera edición del libro homónimo, publicado en 1986, que muestra el heroico rol del fotoperiodista.

Justamente este épico e ingrato oficio se convirtió en vocación cuando Salgado, doctor en economía trabajaba en la International Coffee Organization y tras viajar a África comisionado por el Banco Mundial, sintió que lo que veía desde una cámara era infinitamente más trascendental que mantenerse en su mullida zona de confort: “Por primera vez miré a través del lente y la fotografía de inmediato comenzó a invadir mi vida”, ha comentado el fotógrafo. Luego de tres años se unió a Agencia Sygma, más tarde a Agencia Gamma, hasta llegar a la prestigiosa agencia Magnum Photos y finalmente fundar la agencia Amazonas Images. Eso sin contar los innumerables reconocimientos internacionales como el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1998, y ser nominado representante especial de UNICEF el 2001, tras su álbum Retratos de los niños del éxodo (2000), hasta culminar en el libro De mi tierra a la Tierra (Memorias -La Fábrica, 2014), un volumen de viajes, recuerdos y proyectos fotográficos, al cual se agrega el documental de Wim Wenders y Juliano Ribeiro sobre Sebastião Salgado, La sal de la Tierra (2014) que hace recuento de los orígenes de este esencial, pero incisivo fotógrafo.

Sebastião Salgado
Sebastião Salgado

Buscador inagotable, profundiza en un continente que exhibe sus llagas, convirtiendo la apabullante realidad en un realismo mágico expresado al unísono, a través de una doliente metáfora vulnerada por su intimidante crudeza, pero con la compensación de tener a un fotógrafo de culto como Sebastião Salgado, categóricamente humano y con la capacidad de ver el mundo en una dimensión que le permite no perder el encantamiento de esa primera vez.

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