La revolución subterránea del arte sonoro en Colombia

Los ojos se han apoderado de la contemplación estética, muchos filósofos o críticos de arte han concentrado todos sus esfuerzo por explicarlo desde la mirada e intelecto, pero olvidando que su etimología hace referencia a todos los sentidos, incluido el oído. Si bien la palabra arte sonoro tiene muchas connotaciones, en principio es importante resaltar que nace del interés por explorar el sonido y que muchas veces se relaciona de manera promiscua con música, ingeniería, arquitectura y artes plásticas. «Es una forma de comunicación que no utiliza el lenguaje», dice David Vélez, artista que lleva estudiando este tipo de arte hace más de 15 años.

En el caso de Colombia, los artistas que trabajan este tema se han hecho más numerosos y han abrigado tipos de arte sonoro, como esculturas, paisajes, poesías fonéticas, radio arte, piezas electroacústicas, performances e instalaciones; de los cuales quisiera hacer énfasis en la construcción de una sala especializada en sonido, arte, ciencia y tecnología, una escultura en espacio público, un día conmemorativo a Murray Schafer que celebran miles de personas y un festival que le dedica toda una sección al arte sonoro.

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LAB 3 MAMM

Una sala dedicada a la exploración sonora

Desde septiembre del 2015, el Museo de arte Moderno de Medellín (MAMM) inauguró un nuevo edificio, con una sala llamada LAB3. Mide aproximadamente 7 por 9 metros, cuenta con todas las condiciones de insonorización externas y ocho canales de audio expandibles, que han servido para realizar una mezcla entre arte, ciencia, tecnología y comunidad a cargo de Jorge Barco, curador de proyectos especiales, quien ha puesto en la escena de la capital Antioqueña un nutrido programa de exposiciones, conciertos, talleres y laboratorios que acerquen al público a entender mejor los trabajos que se han realizado sobre el tema sonoro desde todas las perspectivas posibles.

Además, Ibermuseus le otorgó un premio «por trabajar el paisaje sonoro como estrategia de educación patrimonial. De manera que se promueva un archivo sonoro de la ciudad y se realicen campañas de ecología sonora», explica Barco sobre el proyecto.

Murray Schafer hace eco en Medellín

Pero la sala no es lo único que se vive en el corazón de la región Antioqueña. El músico canadiense que inventó el concepto de soundscape –o paisaje sonoro– nunca pensó que llegaría a oídos de los colombianos y que tuviera tal acogida, debido al creciente interés que se vive por el fenómeno sonoro y la necesidad de rescatar la escucha como una forma de crear identidad. Es por eso que los paisas son los artífices de la celebración del Día Mundial de la Escucha, el 18 de julio en honor al cumpleaños de Schafer. Una propuesta que surgió por el World Listenting Project como «una forma de sensibilizar por medio de la experimentación artística de qué manera entendemos el mundo a través del sonido», complementa Camilo Cantor, encargado del Colaboratorio.

«El arte sonoro tiene su propio nicho, hereda de la música, hereda del arte. La música trabaja con el lenguaje musical, con los sonidos orientados al lenguaje musical experimental», explica Miguel Isaza, curador y artista experto que ha logrado posicionar el evento de manera conjunta con el Colaboratorio, World Listening Project, el Planetario de Medellín, Parque Explora, Éter, Sonema y Radio Libre.

La primera escultura sonora en espacio público

En cambio, Bogotá busca convertirse en un Museo a Cielo Abierto. La boca que comunica el centro histórico de la ciudad con el aeropuerto y que está a pocas cuadras de los emblemáticos cerros de Monserrate y Guadalupe, terminó de ser remodelado en el 2014 y se está construyendo la primera escultura sonora en espacio público de América Latina para representar la transformación que está teniendo la ciudad.

El premio se lo ganó una escultura que no tiene mucho que decir a través de los ojos, sino a través del sonido. El artista que lo pensó fue Oswaldo Maciá, un cartaganero que ha visto la escultura como algo que tiene muchas maneras de ser percibida. Curiosamente la mejor forma de percibir la obra es cerrando los ojos, aguzando el oído y darse cuenta que una bandada de pájaros que parece haberse tomado el eje ambiental no se ven por ningún lado, sino que es un sistema complejo de parlantes amplificados por esas esculturas cónicas que están sobre puestas en el centro de la rotonda que une la antigua avenida 19 con la ruta que lleva al aeropuerto.

La escultura se titula Escenario en construcción y fue pensada como «algo que no tuvieran en ninguna otra parte del mundo. Si Chicago tiene la Puerta de la Nube de Anish Kapoor o Bilbao, el Perrito de Jeff Koons; Colombia tiene 1912 especies de pájaros, que es mucho más importante que cualquier otra cosa», explica Maciá sobre la importancia de la obra que tiene pensado cobijar el eje ambiental con sonido de pájaros.

Cuando la imagen le hace un homenaje al sonido

Parece poco, pero el arte sonoro tiene más años de los que aparenta. Quisiera acabar este artículo con el Festival Internacional de la Imagen que se realiza cada año en Manizales y que durante catorce –sí, catorce– años consecutivos ha tenido entre su lista artistas sonoros de todas partes del mundo, con ponencias, actividades, conciertos y talleres que renuevan cada año el espíritu del arte e inspira artistas locales e internacionales para seguir en la escena.

La batuta la tuvo este año Julián Jaramillo, doctor en sonología, traído por un gran esfuerzo de la Universidad de Caldas para apoyar, curiosamente no desde el arte sino desde el departamento de diseño, las innumerables facetas que puede tener la exploración sonora. Dándole un matiz muy distinto pero no menos importante.

Tanto ha sido el alcance de la sección de Paisaje Sonoro que tiene el festival que no hubo ningún problema en dedicarle un sentido homenaje con la iniciativa del congreso Balance Unbalance, compuesto por una serie de conferencias internacionales en torno la relación que existe entre la tecnología, la ciencia y el arte.

Es así, como este estilo de arte se ha vuelto un acto revolucionario que toma forma de manera casi invisible, por no decir subterránea, en los escenarios del arte y convoca públicos de todo tipo para contemplar por un momento la inexplicable sensación que produce en todo el cuerpo un fragmento de arte sonoro.

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David Felipe Suárez

Periodista cultural y museólogo

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