William Acosta | La pintura como obsesión

La obra de William Acosta, crea sensaciones visuales únicas. Entrar en contacto con sus lienzos es adentrase a un universo muy personal e íntimo, que forma parte del día a día del creador. La pintura, manifestación que predomina en su quehacer, en mi opinión es pura obsesión; cada detalle cuenta, el color como protagonista es aplicado con firmeza y lo formal sobrepasa los límites de lo conceptual, aunque esto último no debe dejarse de lado pues cada tela son llamados a la reflexión y análisis de nuestra sociedad contemporánea.

Let´s pretend #3. 2016. Oil on canvas. 24x 30 inches.Sus cuadros son un oasis de alto nivel técnico y un virtuosismo muy característico de los hiperrealistas, tendencia artística que William Acosta sigue muy de cerca. Vienen a la mente nombres como Jason Degraaf, Edward Hopper, Chuck Close, Richard Estes, Claudio Bravo, entre otros. Nuestro artista, utiliza su cámara y capta todo lo que tiene a su alrededor para luego en su mente apropiarse de las imágenes y construir escenas manipuladas, que más tarde serán plasmadas en el lienzo. Con un acabado limpio y cuidadoso, reproduce de forma exacta y meticulosa todo lo que respecta a la forma, la luz, el color. Es así que podemos hablar de diversidad temática donde prioriza la presencia del ser humano en todo su esplendor.

Hacer un análisis de su producción es adentrarse en un universo en el que la perfección de su dibujo –un elemento a tener en cuenta– confiere a cada realización una fuerza muy especial. Él, como un águila que surca los cielos, es un excelente observador del individuo, es un artista que aprecia una realidad otra y una vida contemporánea convulsa que privilegia la saturación de imágenes publicitarias donde el consumo tiene prioridad.

Es importante detenerse en series como Macro, Simulacros, Otaku y Momento para comprender mejor cuales son las intenciones plásticas de William Acosta en el panorama de las artes visuales en Cuba. Sobre ésta última, el propio artista “representa escenas al aire libre y muy distantes en las que no existen las estridentes preocupaciones de la vida urbana; asimismo, glorifica el ocio y la tranquilidad en la vida, pinta individuos rodeados de objetos y paisajes bellos, un mundo aparentemente libre de estrés y trabajo”.

Caronte. 2010.Oil on canvas. 20x28 inches.

Estos son algunos de los elementos que caracterizan su producción, el espectador aprecia y se acerca a un universo e imaginario alejado de tormentos, prejuicios, miedos y angustias; todo parece bello y en calma, sin embargo, detrás de cada tela William Acosta construye y nos deja ver un mundo complejo alejado de nuestro contexto más inmediato. Además, de un modo muy inteligente el artista hace que dirijamos nuestras miradas hacia un mundo virtual en el que todos queremos estar. Es una llamada de atención crítica y analítica de toda una generación, tal vez, que aparenta ser obediente, conformista y/o vacía.

Una horneada de creadores, donde William tiene su propia voz, que se interesan por el resultado final de sus trabajos con el objetivo de trasladar hacia un primer plano el valor artístico de la obra de arte. Otro aspecto interesante es ver cómo en su repertorio visual aparecen historias reales, o eso pienso, contadas sin compromiso alguno; él narra con una sutileza que coloca en un diálogo constante al espectador con cada representación.

Una serie que llama poderosamente la atención es Simulacros, en la que aparece una figura masculina realizando diversas acciones; William –autorrepresentado– adopta la pose de un excelente dibujante del cuerpo anatómico, realiza un estudio de la figura humana que le posibilita elaborar un canon de belleza y le facilita trabajar las diferentes poses del personaje.La visualidad de las piezas –y de su producción– bebe de la visualidad de las revistas de modas, los comerciales, del comic y de anuncios televisivos.

The edge 2. 2012. Oil on canvas. 32x 48 inches.

William Acosta, sabe como retratar la cotidianidad, el glamour de la vida actual y la estética del consumo y la cultura popular. La imagen es para él, lo que las manos son para el escultor. Su obra trabaja, en apariencia, temas “agradables” donde el individuo y el paisaje de fondo nos dan sensación de permanente serenidad, equilibrio, despreocupación ante todo, no obstante, son telas que nos invitan a acercarnos a una cultura diferente a la que todos queremos alcanzar.

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