Claudio Gallina: Un artista que está de vuelta

Finalizada la muestra individual Ensayo para encontrar el camino de regreso en la Galería Alvear de Zurbarán de Buenos Aires, la muestra De memoria y demás obras, recorrerán el Museo Minicelli, Ferias en Colombia y el Museo Carnacini entre Agosto y Diciembre de 2016.

Una fachada edilicia neoclásica, un patio en damero, galerías en arco de medio punto sobre planos manchados de tinta sobre el lienzo, en cuadernos, hojas, pizarras o pupitres escolares con palimpsestos de grafitis. De los bastidores del escenario al bastidor de tela en el teatro de la vida, los personajes en la figuración de Claudio Gallina, niños y adolescentes, enseñan.

Dejan señas al espectador mientras juegan al juego sin fin de jugar y crecer, aprender, atravesando senderos poco hollados buscando respuestas sobre sí-mismo, el ser humano y la naturaleza, en su momento más urgente.

¿Cómo abordas tu complejo espejo social conceptualmente?
Trato de abordarlo lo más natural posible. Muchos leerán la capa de los recuerdos, pero la que me interesa es la que hace preguntas difíciles de responder. Por eso hablo en primera persona y regreso a la infancia para comprender el presente. Creo indispensable el aprendizaje constante, por eso la educación es un concepto que no me abandona fácilmente.

¿Cómo surge la mancha, factor común en tus fondos?
Plásticamente contiene mis obras, indica la composición, dicta la paleta y da carácter.
Nació como mancha original de la creación sobre la cual plasmar una imagen, como una alquimia. Me preocupa y ocupa el “de dónde venimos y a dónde vamos”. La memoria que creo traemos de otro lado y hay que decodificar.

Hay un eje central como un mandala y otro ortogonal en tus obras. ¿Porque?
¿Quién mira por sobre lo mirado?
Uso la perspectiva aérea como un espectador en la platea. Veo que sucede y lo pinto.
El mandala me interesa desde la energía que ejercen los símbolos en mi obra.
Yo miro. Esta pregunta me hace acordar a un cuento de Borges en donde se encuentra él, de viejo, con el Borges joven en Ginebra. La obra es un diálogo consigo mismo y lo desarrollo volviendo a la infancia o a la adolescencia.

En las nubes
En las nubes

Naciste en una época donde era infrecuente ser artista.
Era una utopía que mi padre no avalaba, era difícil vivir del arte en esa época, pero tomé coraje, me inscribí en la Escuela de Bellas Artes y me recibí aunque no era sencilla la salida laboral más allá del título docente.

Cuéntanos sobre arte inclusivo y tu participación en arte público.
Siempre creí en un arte para todos, por eso me gustan las ferias, fuera de la sacralidad de las galerías. Tenía la fantasía de ser muralista, mi primer viaje a México lo confirmó e hice varios en Buenos Aires, como el de la Estación Acoyte de la Línea A de subterráneos, el hall de la Universidad de Tres de Febrero, el Mural por la memoria del genocidio Armenio en la AMIA.

¿Qué incidencia tuvo Camila, tu musa inspiradora?
Los años escolares de mis hijas activan mis sentidos, un mundo dormido. Una tarde Camila, mi hija menor, quería pintar y le di una tela manchada. Al finalizar su dibujo hecho con tiza sobre negro, visualicé un mundo al cual quería pertenecer, el de los niños y su dibujo sin pretensiones, natural. Complete mi cuadro con su intervención, punto de partida en este camino.

Pronto vuelves a Colombia. En Medellín la filósofa y doctora honoris causa Martha Nussbaum, impactó con un discurso donde identifica una crisis mundial grave por desapercibida, por formar en carreras rentables por sobre las sociales o artísticas, creando máquinas útiles en vez de ciudadanos conscientes y críticos. ¿Qué puedes compartir desde tu experiencia personal?
La humanidad apunta lejos del hombre, del arte como expresión humana, del pensamiento y la elaboración de ideas. Mi obra investiga el gran problema de la humanidad, su alejamiento de la naturaleza y lo que nos cuesta encontrarnos a nosotros mismos. Fantaseo con teorías de la conspiración, y la educación y el arte, no estarían exentas de ellas.

¿Cuál es tu modo de retornar al camino a la naturaleza?
Trabajé mucho tiempo en interiores, la naturaleza fue un tema pendiente para entender que nos pasa. Mi obra es un viaje a la creación y la naturaleza es la gran educadora, hay que escucharla y para eso hace falta parar un poco.

¿Cómo fue participar en “Seis murales para la memoria”?
Grandioso. Me pregunté que tenía que ver yo con el genocidio armenio y la respuesta vino pronto. Todos tenemos que ver, todos somos armenios, desaparecidos, la AMIA, los pueblos originarios. El formato mural hizo perdurable y público este trabajo para la conciencia.

Alicia y el lobo
Alicia y el lobo

¿Cómo vives la libertad de crear conforme creces?
Una de las grandes luchas cuando entras en el circuito del arte, es contra los grandes poderes. La libertad hay que encontrarla a diario. El tema de la educación es una elipse, por momentos se aleja o me obliga a redescubrirla. En este momento investigo otros materiales y lo objetual. Conceptualmente, quiero volver al origen, al dibujo en diálogo con objetos y esculturas.

¿Por qué acuarela?
Se la tomó como material de boceto y sirve para grandes obras. Me encanta porque es noble, orgánica, te espera y es transparente, la defiendo del poderío del óleo sobre tela.

Como en el Modulor de Le Corbusier, ¿Qué estructura la dimensión y la paleta en tu obra?
Estructuro desde los ojos de un niño, espacios grandes y personajes pequeños. La paleta fue regida por el negro del pizarrón y el paisaje terroso de Buenos Aires. Investigar la naturaleza y la acuarela, traen el color que añoraba.

¿Cómo es Claudio el que enseña?
Trato de ser generoso, de aprender del otro y acompañar. Es difícil lograr identidad propia y a eso apunto. La autocrítica no alcanza.

Los protagonistas de tu obra viajan solos por Chile, Venezuela, Colombia, Puerto Rico, USA, Perú, Alemania, España… ¿Qué particularidades emergen en culturas disimiles?
La identidad argentina es fuerte estando afuera. El tema presenta la mismas problemática en Latinoamérica, pero lo que más me importa es la identificación que genera en adolescentes.

¿Qué temores subyacen en Miedo al bosque y Alicia y el Lobo?
Son miedos universales, esos con los que lidiamos a diario y llevamos en el ADN.
Los cuentos infantiles suelen tener una doble lectura emparentada a mi obra, uno puede leer lo superficial o adentrarse en lo subterráneo.

¿Cómo se perfila la iconografía del vestuario en el futuro de tu obra?
El alumno estará siempre porque el alumno soy yo.

Retomando el vaticinio del recordado crítico Albino Dieguez Videla en tu exhibición Esperando una respuesta: “Dentro de muchos años, estas obras, informaran sobre el final de un mundo de pizarrón y tiza, de bancos de madera y libros de papel», y recordando las pizarras de Rudolph Steiner, que recorren el mundo con su mensaje. ¿Cómo ves la incidencia de tu obra a futuro?
Esas palabras del querido Albino fueron importantes para mí. Nunca había pensado mi obra así. Que la obra de uno pueda hablar en el futuro es un honor, mientras seguiré pintando…

Las obras de Gallina volverán a una escena sin fronteras para emocionarnos al descubrir señas y coordenadas en nada azarosas. Como en un circo de científica precisión, valiente y perdurable, el niño interior, salta anclado en el pasado, hacia el vacío de los interrogantes de la vida para seguir descubriendo y aprendiendo, siempre.

Agosto: 11 al 26 de agosto museo Eduardo Miniccelli –
Muestra «de memoria» (Río Gallegos-Argentina)
Septiembre y octubre: Ferias en Medellín y Bogotá (Colombia)
Diciembre: 17 de diciembre al 30 de enero 2017-Museo casa Carnacini (Bs. As-Argentina)

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