Un vistazo a “La Danza” de Henri Matisse

Henri Matisse (Francia 1869 – 1954) fue uno de los maestros que mejor retrató el movimiento en la pintura. Pocos han capturado la estética de la danza como él. Perteneció al Fauvismo, movimiento que privilegiaba la espontaneidad y vitalidad a través del uso de una amplia paleta de colores. La forma era compuesta de manera alejada a los cánones clásicos; lo importante era expresar con intensidad las tonalidades que estructuraban el cuadro.

Para Matisse la contemplación del color era una puerta por la que el hombre podía llegar a la paz interna. En uno de sus cuadros más populares, La Danza, explora este efecto calmante a través de la sensual escenificación de un grupo de mujeres bailando en medio de la naturaleza.

Hubo dos versiones de este cuadro, uno elaborado en 1909 que hoy se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y otro realizado en 1910, ubicado actualmente en el Museo del Hermitage de San Petesburgo. La diferencia entre ambos se ve en las tonalidades de colores, levemente distintas entre ambas obras. A través de la mezcla de tonos fríos y cálidos, el artista genera sensaciones de calma y vitalidad.

La inspiración llegó al francés luego de adquirir una pintura de Cézanne, Tres Bañistas, en donde se puede ver un grupo de individuos preparándose para darse un baño en medio de un paisaje bucólico. Matisse tomó esta idea  y trató de pensar cómo pintar en el lienzo un grupo de mujeres desnudas bailando.

Cézanne - Tres Bañistas
Cézanne – Tres Bañistas

El círculo, manifestado en una ronda que ocupa casi toda la estructura rectangular del lienzo, fue la forma con la que el pintor logró dar respuesta a esta cuestión. El cielo y la tierra son lisos, lo que hace centrar la atención en la idea de movimiento que genera la escena central. La forma levemente deformada de las mujeres transmite el éxtasis que sienten en el acto del baile.

Para Matisse la danza es una unión entre ritmo y alegría que se transmite fácilmente entre las personas; genera cohesión grupal y sentido de pertenencia. Sus orígenes se remontan a las tribus ancestrales, lo que hace de esta práctica una costumbre transversal entre las civilizaciones humanas

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