Pablo León de la Barra | “Las colecciones abren procesos de pensamiento en el público, que permite pensar y cuestionar tu realidad”

Pablo León de la Barra, el mexicano que fue invitado por el museo Guggenheim de Nueva York para ser curador invitado, aterrizó en Chile para participar de la feria Ch.ACO ‘15 y, de paso, conversar con Arte Al Límite sobre el arte latinoamericano, su labor creando colecciones y su visión del arte chileno.

Por Daniela Sánchez M. / Chile.

Pablo León de la Barra habla con la tranquilidad de alguien que ya ha estado repetidamente en Chile. Han sido cuatro los viajes que ha realizado a nuestro país, la gran mayoría invitado por las organizadoras de la feria Ch.ACO, que se llevó a cabo la última semana de septiembre, y en especial por su labor como curador en la formación de la Colección FAVA. Pero no sólo eso, Pablo desarrolló un proyecto de dos años en el Museo Guggenheim, Nueva York, donde ayudó a formar una colección de arte contemporáneo latinoamericano, en la que incorporó obras de los chilenos Juan Downey y Alfredo Jaar, que no tenían presencia en esta institución.

“Lo que yo propuse para la colección venía siendo una lectura estudiosa del museo Guggenheim, qué obras de latinoamericanos había y qué vacíos existían. Y aun siendo una invitación para hacer una propuesta contemporánea, había un vacío que era el de los años setentas y ochentas. Uno de los grandes logros fue poder incorporar no sólo a mi generación, sino que mirar un poco hacia atrás y torcerle el brazo al museo para que aceptara estas obras”, señala el curador.

¿Cómo lograste conectar las diferencias del arte latinoamericano en tu exposición Bajo el mismo sol?

En realidad fue darme cuenta que las prácticas son tan diversas que no se pueden unificar ‘bajo un mismo sol’, sin embargo, sí se podía emplear ciertas redes o temáticas, de pronto habían coincidencias entre artistas y trabajos que no eran conscientes el uno del otro, que sí nos podían dar una visión general o una especie de mapa que nos podría dar a entender, lo que está sucediendo en el continente y lo que están haciendo los artistas en el continente. Entonces, era esta idea, por un lado mapear, pero por otro lado también dar visibilidad a lo que estaba sucediendo.

Has definido la tarea de hacer una colección como armar un rompecabezas, ¿cómo funciona esto?

Eso lo digo por cómo funciona FAVA, pero también la experiencia del Guggenheim fue un poquito así: cómo hacer que la suma de las partes creen o cuenten una multiplicidad de historias, cómo una experiencia múltiple nos permite como público acceder a diferentes visiones, y esas diferentes visiones nos hacen dar nos cuenta que el mundo no es solamente como yo, como persona, lo pienso, sino como nosotros, multitudes, podemos verlo. Nos permite romper esas barreras con el otro que piensa diferente. Si incorporamos diferentes partes en este rompecabezas, podemos incorporar estas diferentes visiones y ponerlas en diálogo y en conflicto también.

¿Qué ha sido la Colección FAVA para ti?

Ha sido una invitación y un proyecto increíble, que se va construyendo conforme al tiempo y que de alguna manera se va armando por intuición y a partir de colaboración, de ir pensando cómo armar una colección que pueda tener cierto eco y relevancia en Chile. Entonces al ir incorporando las piezas nos dimos cuenta que mucho de lo que había tenía que ver con ideas de geografías, tanto locales como regionales. Cómo el arte puede ser un medio para crear conexiones dentro de Chile mismo, pero también para conectarlo con otras partes del mundo

Hay una frase de Luis Camnitzer que me gusta mucho, y que dice: ‘El museo es una escuela: el artista aprende a comunicarse, el público aprende a hacer conexiones’. Esta idea de que la colección abre procesos de pensamiento en el público, que permite conectar no solamente a las obras de arte, sino que la obra con la realidad y las obras de  arte te abren estas ventanas para poder ver y pensar, o cuestionar tu realidad de manera diferente.

¿Cuál es tu visión del arte chileno?

En Chile hay una serie de propuestas interesantes que se están dando en un contexto que a veces, para el que viene de fuera, parece hermético porque requiere ciertas llaves para poder entrar: entender una historia local, pero también entender cómo los artistas se han comunicado, cuáles han sido sus lenguajes. Mucho tiene que ver con el aislamiento real de Chile, la distancia geográfica y, por otro lado, por capas históricas más o menos traumáticas que han obligado a los artistas a construir historias de ciertas maneras, pero uno empieza a entender que hay una escena artística muy interesante, que se da tanto dentro del país como fuera, muchos desde Nueva York, Alfredo Jaar, y la generación posterior con Iván Navarro, Felipe Mujica, pero mucha mujer también y eso es interesante, Francisca Benítez, Manuela Viera-Gallo, Johanna Unzueta. Y luego, muchas iniciativas de artistas o curatoriales que para mí son ejemplares, desde Galería Metropolitana, que me parece un ejemplo casi único en el mundo; a galerías temporales que ocupan diferentes locales en los pasajes comerciales del centro; el Proyecto Pregunta o Mil Metros Cuadrados, que piensan a partir de lo comunitario, lo social. Hay toda una serie de actores que configuran esa diversidad que hace interesante la escena chilena. Ahora, lo que hay que hacer es encontrar maneras de apoyar estas prácticas artísticas, y ahí creo que iniciativas como Ch.ACO y FAVA tienen una función importantísima.

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Daniela Sanchez M.

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