Santiago Caradeux Franulic | El arte nunca llega tarde

Imágenes cortesia del artista.

Tomó por primera vez un pincel hace 3 años. Santiago Caradeux explora su talento innato en la pintura con imágenes de mujeres estoicas y paisajes llenos de color. Tras 34 años de servicio en el Ejército de Chile, hoy se dedica tiempo completo al arte.

Santiago es su mejor crítico. Sabe que no hay profesión en la que se reciban más críticas que en el arte y, por eso, son él y su señora quienes le dan el visto bueno a cada una de sus obras antes que nadie. Tras finalizar su carrera como militar a los 53 años, Santiago Caradeux se vio sin nada que hacer. Disciplinado, paciente y acostumbrado a estar activo, hizo de la pintura su nuevo oficio.

El arte le llegó como un regalo. Su mujer, Patricia, le obsequió un lienzo en blanco hace 3 años. Santiago siempre fue un curioso del arte y, mientras pasaba horas mirando a su difunto amigo Carlos Catasse pintar en Ecuador, Caradeux se preguntaba: “¿Podré hacer eso alguna vez?”. La bahía nocturna del puerto de Valparaíso se convirtió en su primera obra, paisaje de arenas tornasol que adorna una de las paredes de su taller en San José de Maipo.

Fuertemente influenciado por Catasse—a quien considera su maestro—Santiago da vida a mujeres de miradas profundas y actitud impasible. “¿Qué otra cosa más linda que las mujeres hay en el mundo?”, dice Caradeux, sonriendo. Sin embargo, también da espacio a paisajes que evocan los prados de la Toscana, los parajes húmedos del sur de Chile y océanos tempestuosos que, muchas veces, encuentran la calma en otro cuadro.

Las mujeres de Santiago brotan de su imaginación. A veces, aparecen en sueños. Santiago se levanta a las 7 de la mañana, casi siempre con un cuadro en mente. Si bien puede terminar una pintura en una mañana, Caradeux aprovecha la comodidad de su taller para dedicarle el tiempo necesario a cada una de sus obras. “Creo que lo más difícil es saber terminar un cuadro, porque siempre hay detalles”, admite Santiago. Reconoce que partió como un pintor ansioso, pero la experiencia le dio la tranquilidad necesaria para trabajar sin apuros. Esa paciencia es la que lo frena al momento de retocar sus pinturas. “A veces, por mejorar algo, lo empeoras”, dice Caradeux. Según él, la seguridad de un pintor radica en su imperturbabilidad, constancia y confianza en el producto final.

Si bien su talento escondido le ha traído reconocimiento, la perseverancia de Santiago es lo que lo ha llevado lejos. Caradeux ha vendido sus obras a coleccionistas y aficionados de Estados Unidos, Israel, Alemania, Francia, entre otros países. Por estos días, está concretando la venta de una de sus obras regalonas: Constanze. Cada una de sus mujeres tiene un nombre, y Constanze, de piel blanca, ojos azules y pelo castaño cubierto por un pañuelo color vino, podría llegar a tener una nueva dueña en Colombia. “Mi éxito ha sido afuera”, admite Santiago. Además de vender sus obras en el extranjero, el artista recibe periódicamente invitaciones a ferias y galerías en Milán, Bolonia, Teherán, Tel Aviv, entre otras ciudades fuera del continente. Hace unos meses, Santiago se encuentra negociando su entrada a una de las más importantes galerías de Suiza. “Hay que mirar más allá del horizonte, y el horizonte está allá afuera”, dice Caradeux.

© Santiago Caradeux Franulic
© Santiago Caradeux Franulic

A Santiago no le gusta restringirse. A pesar de optar por el arte figurativo, el artista también ha incursionado en la pintura abstracta. En su serie Quijotes, se mezclan su exquisito sentido del color junto a la geometría típica del cubismo, en paisajes que fragmentan y vuelven a armar los escenarios que construyó Cervantes en sus libros. Para Caradeux, cada cuadro es un proyecto que, en su desarrollo, está sujeto a cambios. Si sus obras mutan en la elaboración, Santiago se somete a una constante metamorfosis a través del feedback de quienes admiran su obra y de sus pares artistas. “El hecho de poder estar al día es clave”, comenta el pintor.

Con una formación autodidacta, Santiago se instaló alejado de la ciudad para pintar en la tranquilidad de su casa en San José de Maipo. En su taller, su atril y el de su señora, Patricia, son la cuna de obras que remiten a la calma del campo y a la paciencia que requiere cada obra. A pesar de ser un militar retirado, la tenacidad y la disciplina son las características—adquiridas en su formación en el ejército—que aplica cada mañana al diluir el óleo y empezar a pintar.

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