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En el pulso vibrante de la feria CH.ACO, donde las obras dialogan en múltiples lenguajes y territorios, la figura del cónsul General de Chile en Salta emerge no sólo como representante diplomático, sino como un mediador sensible entre escenas, afectos y geografías. Su voz se despliega, más bien, como un tejido que entrelaza arte, política y experiencia.

Periodista, historiador del arte, curador, coleccionista y gestor cultural, Cristian Oschilewski Lucares dialoga una práctica que se nutre de los desplazamientos y los vínculos.

 

—Te defines desde múltiples roles: diplomático, historiador del arte, periodista, coleccionista, gestor cultural, curador. ¿Cómo observas el cruce entre el arte y la representación cultural en instancias como CH.ACO?

“Es un tema muy apasionante. Vengo trabajando en diplomacia cultural desde hace casi 20 años. Cuando comencé, en Cuba o Irlanda, eran proyectos pequeños, pero con el tiempo —en Brasil y ahora en Argentina— la vinculación ha crecido enormemente. Hoy el rol diplomático en el ámbito cultural es muy importante”.

 

Su recorrido diplomático lo ha llevado a residir en países como Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Irlanda y Francia, ha consolidado una mirada en tránsito, atenta a las resonancias entre contextos diversos. Desde esa experiencia, su práctica se ha vuelto una forma de escucha activa.

 

—¿Cómo se traduce ese rol en su trabajo cotidiano como cónsul?

“Yo me considero un articulador. Voy generando posibilidades para el arte chileno y el arte argentino, creando esos cruces, pero también detectando oportunidades para el campo artístico chileno. Como cónsul en el norte argentino, llevo casi dos años trabajando acá, y me encontré con una escena muy notable”.

 

Pero su labor no se limita a la gestión visible. Hay también una dimensión más silenciosa, que ocurre en la escritura, en la mediación, en la construcción de relato.

 

—También desarrolla una labor de sensibilización desde la escritura…

 

“Sí, colaboro en una revista que se llama Mosaico Cultural Latinoamericano (MoCuLat). De alguna manera, voy amplificando lo que es la gestión cultural. Pero también me valgo de mi rol diplomático para generar contactos políticos, sociales y culturales. Es un trabajo de red: ampliar el networking, conocer personas, generar vínculos que luego se transforman en iniciativas”.

 

Esa red, tejida con paciencia, ha permitido gestos concretos y significativos. Uno de ellos: transformar el propio consulado en un espacio expositivo.

 

“Una de las cosas más bonitas que hice en Salta fue convertir el consulado en un espacio cultural, en un espacio de arte. Artistas del norte argentino y chilenos lo puedan usar. Es una forma de abrir puertas, y generar circulación”.

 

—¿Cómo se vincula su gestión con la feria CH.ACO y su proyección en Argentina?

“Hace unos años, a partir de vínculos con artistas, me hice amigo de Elodi, a quien invité a Salta. También he participado en ferias en Argentina, donde voy viendo oportunidades de compra y contactando coleccionistas. Cuando surgió la posibilidad de CH.ACO, me puse inmediatamente en campaña en Argentina para hablar de la feria”.

En ese gesto, su labor se desplaza hacia una promoción activa de la escena chilena, entendida como un territorio amplio y diverso.

 

“Me interesa especialmente difundir la producción contemporánea chilena, que es muy importante: tanto artistas ya consagrados como también el arte emergente que se desarrolla no sólo en Santiago, sino en todo el país”.

Así, CH.ACO se convierte no sólo en un evento, sino en una plataforma de circulación, un punto de encuentro donde se activan redes previamente tejidas y se proyectan nuevas alianzas.

 

“Ha sido muy positivo. Estoy muy agradecido de los argentinos: son muy generosos, muy curiosos también respecto a lo que está pasando en el arte en Chile”.

 

En sus palabras, la diplomacia deja de ser únicamente un ejercicio de representación para convertirse en una práctica afectiva, casi curatorial, donde cada vínculo es una posibilidad y cada encuentro, una obra en proceso.

Así, en el contexto de CH.ACO, su presencia no sólo reafirma la importancia de los lazos entre Chile y Argentina, sino que encarna una forma de habitar el arte: como territorio compartido, como gesto de apertura, como puente en permanente construcción.