Su obra se afirma en una investigación continua, donde cada gesto profundiza una exploración que ha sabido sostenerse y transformarse en el tiempo.

Tu proyecto Donde muerde el mito ha sido reconocido por el público con el Premio Luces 2026. ¿Cómo recibes este reconocimiento en relación con el proceso de la obra?
“Lo recibo con gratitud y satisfacción. Este reconocimiento pone en valor una investigación plástica y simbólica que ha sido sostenida en el tiempo, y que encuentra en la recepción pública una resonancia que excede la experiencia individual del taller.”

El retorno del símbolo
Esta propuesta dialoga con la colección del museo MALI y sus relatos. ¿Cómo se fue construyendo ese cruce durante el desarrollo del proyecto?
“Este cruce se articuló a partir de un diálogo sostenido con la curadora del MALI, Sairah Espinoza Toledo, a quien le compartí la motivación inicial del proyecto: una intuición persistente en torno a la confrontación entre dos figuras totémicas —el felino y la serpiente— cuya potencia simbólica venía intentando materializar desde hacía años.”

“Durante la ejecución de la obra, en una etapa ya avanzada —y considerando que mi práctica implica procesos de elaboración prolongados y minuciosos—, me encontré de manera fortuita con un mural colonial en la iglesia de la Natividad, en Chincheros (Cusco). En él, aparecía representado el enfrentamiento entre un puma y un amaru, una imagen encargada a finales del siglo XVIII por el cacique Mateo Pumacahua tras su participación en la captura de Túpac Amaru. La escena condensaba, de manera elocuente, la tensión entre dos linajes y dos fuerzas históricas, inscritas en sus respectivos nombres: Pumacahua y Túpac Amaru.”
“La coincidencia con la imagen que venía desarrollando resultó profundamente reveladora. No se trataba ya de una intuición formal o iconográfica, sino de la constatación de una persistencia simbólica que atraviesa siglos y reaparece como un motivo estructurante en la imaginación histórica del Perú. Esa suerte de ‘retorno’ del mito —como un bucle en el tiempo— transformó la intuición inicial en una certeza conceptual.”
“En ese sentido, el MALI se presentó como el espacio idóneo para activar este diálogo, no solo por su rol en la preservación del patrimonio, sino por su capacidad de propiciar lecturas contemporáneas sobre él. Con el acompañamiento curatorial de Sairah y el soporte institucional del museo, el proyecto fue adquiriendo una forma expositiva precisa, logrando articular una propuesta de alta intensidad simbólica y visual.”

El montaje como umbral
El reconocimiento destaca la potencia de la propuesta más allá de su escala. ¿Qué sentido adquiere para ti ese vínculo entre obra, montaje y la recepción?
“El montaje, lejos de ser un elemento secundario, opera como una instancia decisiva en la activación de la obra. Es el dispositivo que organiza la experiencia perceptiva y simbólica del espectador, permitiendo que las piezas desplieguen plenamente su potencial. En este caso, el trabajo conjunto con Sairah permitió traducir en términos espaciales una serie de intuiciones que eran, en principio, más bien abstractas. La comprometida y profesional ejecución del montaje por parte del equipo del museo contribuyó a generar una atmósfera que intensificaba la experiencia de la obra.”

“La recepción del público —marcada por el asombro y una cierta conmoción— da cuenta de que ese ensamblaje entre obra y dispositivo expositivo logró producir una experiencia significativa.”