La artista argentina Zulema Maza construye una obra donde lo técnico y lo conceptual avanzan de manera simultánea. Cada pieza surge desde el hacer, desde la experiencia directa con los materiales y con aquello inesperado que aparece en el proceso creativo. Sus obras no funcionan como elementos aislados, sino como fragmentos de un discurso que se encadena a través de distintas técnicas, conformando un racconto de carácter cinematográfico, una suerte de guion visual donde cada imagen, objeto o instalación se relaciona con la siguiente.

Uno de los procesos más exigentes para la artista fue la realización de la instalación “El mar de la adversidad”, presentada en 2018 dentro de la muestra El Presente está solo, exhibida en el Pabellón de Bellas Artes de la Universidad Católica de Buenos Aires. La exposición constaba de fotografías, objetos, video y una gran instalación.

La instalación estaba compuesta por tres cajas de madera pintadas de negro de 120 cm x 180 cm x 45 cm, unidas longitudinalmente sobre el piso de la sala. El dilema surgió al momento de decidir qué poner en su interior. La búsqueda llevó a la artista a recorrer distintos barrios, zonas de ventas mayoristas, conteiner de basura y espacios vinculados a materiales de construcción y textiles, sin encontrar todavía aquello que buscaba.
Finalmente, gracias a un amigo logró conectar con un centro de acopio de cartoneros en el Partido de San Martín, accedió a distintos materiales que trasladó en dos viajes realizados con su automóvil. Después de probar diversas posibilidades, decidió utilizar grandes rollos de acetato de más de cien metros, desplegados dentro de las cajas formando grandes olas de ritmo turbulento. A esto sumó acetatos con códigos de barras de laboratorios medicinales que contenían adrenalina en su composición. Poco después comenzaría la pandemia. “El Presente está solo”. La humanidad estaba sola.

En el centro de la producción de Zulema Maza aparece de manera persistente la temática femenina. Durante las últimas décadas, la artista observa cómo la mujer ha desarrollado un universo propio y participativo, con un discurso presente cada vez con mayor fuerza en distintos ámbitos de la cultura, tanto en lo político y social como en lo privado.
Cuando se refiere al “arte femenino”, aclara que no se trata de un movimiento organizado, sino de una creciente sensibilidad hacia cuestiones vinculadas a la condición de mujer.

En sus obras, figuras como la prostituta, la inmigrante, la modelo o la niña humilde aparecen como distintas formas externas de un eterno femenino. “Ellas nos observan con una seducción inquietante. Siempre hay algo más de lo que se ve”.
Lo femenino aparece ligado al enigma, lejos de las representaciones obvias del cuerpo exhibido como objeto.

“Doy testimonio persistente de la necesidad de no olvidar lo que es el ser femenino: materia, vida y espíritu”, Zulema Maza.