La soberbia y, al tiempo, amable exposición que hoy abre sus puertas en el Museo Ralli de Vitacura es una muestra de la prolífica sucesión de generaciones de artistas chilenos, que con su basta trayectoria o inusitado talento incipiente, prácticamente modelan con elegancia y carácter sobre las paredes crema de la nueva Sala Chile.

La gracia y el impulso a la vista es precisamente la heterogeneidad. La forma en que apela a la respuesta espontánea. Es una sorpresa la seguidilla de grandes apellidos correlatados en micro y macro formato, en color y monocromo, desde el óleo a la litografía con un sentido inevitablemente íntimo: la contemporaneidad de Chile, la imagen del ideario de sus cienes.
Así, el ingreso lo marca la invitación a desnudar las obras de grandes pintores chilenos. Al descender por la escalera inaugura el mostrario, Matta. Un inicio ambicioso y soberbio, con la energía misma que la Directora del Museo Haydée convoca entusiasmada a que quienes fueron convocados, sientan el mismo compromiso con el arte que ella ha intentado inculcar.
Entonces se despliega de forma lineal una seguidilla de artistas al que le llaman «primera generación» Roberto Matta, Gilda Hernández, Hernán Meschi, Mario Carreño, Nemesio Antúnez, Roser Bru y Mario Toral.
Todos ellos desplegados por diferentes técnicas, mas con una obra que resulta muy representativa del trabajo que realizan a lo largo de su trayectoria artística. Una buena solución para crear el extracto de la esencia del artista en una obra.
Separados por un portal, inicia la segunda generación Enrique Campuzano, y creador de 
Así transita luego hacia obras de Enrique Campuzano, Eva Lefever, Carmen Aldunate, Patricia Ossa, Oscar Gacitúa, Irene Domínguez, Gonzalo Cienfuegos y Patricio de la O. Reconocidísimos nombres haciendo eco de la prolijidad y profesionalismo del oficio cruzando por la litografía, serigrafía, acuarela, óleo y aguafuerte.
La tercera generación de artistas destaca por su osadía y desenfado. Los colores y las formas dan origen a una línea que acude al color de tubo en ocasiones y enfatiza en la sensibilidad a través de tonalidades vibrantes, en algunas para exacerbar la alegría o sátira y en otras, la nostalgia, lo oscuro. Pastoso, muy encendido, tremendamente interpelante, así se va comportando esta tercera generación de artistas de donde surgen temas como la femineidad, lo urbano, el anhelo del pasado, la utópica carga del surrealismo también. Entre ellos, Godoy y sus delgados y elegantes personajes despojados de extremidades. Rostros cubiertos que lucen con prestancia y aplomo pese a la evidente falencia de sus posibilidades. El ejército, la milicia, un huevo sin descascarar y una cabeza calavérica, flirteo directo a la sociedad y los acontecimientos políticos del último tiempo, que satírica, pero prolíficamente, se lucen en la obra «Aquel oscuro objeto del deseo».
La tercera generación compuesta por obras de: Iván Godoy, Tito Calderón, Óscar Barra, Mario Gómez, Ernesto Banderas, María José Romero, Loreto Enríquez, Alejandro Arrepol, Alberto Aravena y Mario Sánchez, finaliza un recorrido íntegro, por sobre todo, íntegro.