Prohibido olvidar, la historia aún vive en Latinoamérica

La muestra que se lleva a cabo en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá remite a un sentido de pertenencia, hechos que hilan memoria e historia en Latinoamérica, algunos borrados y otros olvidados recobran vida en Prohibido olvidar.

La conciencia social podría ser mayor si estuviesen presentes los acontecimientos de barbarie que sobresalen en Latinoamérica. El conflicto armado en Colombia existe desde mediados del siglo pasado con la creación de grupos militares ha formado a una sociedad violentada, el reclutamiento de niños, el desplazamiento forzado, la muerte y la sangre; los daños inminentes de los ríos, el suelo, la tierra, la naturaleza y el medio ambiente por parte de multinacionales que pretenden colonizar una «nueva tierra»; la constante amenaza por grupos criminales y narcotraficantes que buscan el bienestar propio sin importar que la sociedad sea violentada y los medios –callándolo– ponen una barrera y una máscara para ocultar las verdaderas amenazas de países como Chile, México o Colombia. Prohibido Olvidar es una exposición que trae a colación las evidencias y pruebas de una sociedad que permanece en conflicto.

Según el curador Juan David Quintero: «Hacer este tipo de exposiciones tiene que empezar a mover fibras en las personas, no tiene que quedarse en algo que pasó, muy silente, sino que ocurran hechos a raíz de esto», por esta razón el curador reunió a siete artistas para que hagan parte de la muestra teniendo como tema en común dentro de sus investigaciones artísticas el conflicto y la violencia. Los artistas colombianos Edinson Quiñones, Fernando Arias, Fernando Pertuz y Chócolo, los artistas chilenos Catalina Mena, Francisco Peró y la mexicana Luz María Sánchez conforman Prohibido olvidar.

Rubén Blades sirvió de inspiración con su canción «Prohibido olvidar» para titular esta exposición ya que, según el curador de la muestra, las ideas y acciones positivas ante estos hechos podrían surgir a través de las investigaciones artísticas que revelan los artistas. «Hay una frase que también la tomé del maestro Rubén Blades: ‘Si usted no utiliza su cabeza, otro la va a utilizar por usted’ y nosotros no podemos estar dispuestos a que otros piensen y actúen por nosotros cuando tenemos la libertad de pensar, es gratis”.

Detalle obra de Luz María Sánchez
Detalle obra de Luz María Sánchez

La exposición inicia con la instalación sonora de la artista Luz María Sánchez, titulada V.F (i)n (bis, fuerza innecesaria), donde unos artefactos en forma de pistola traen en su interior grabaciones de las balaceras que ocurren diariamente en México, y las cuales se consideran rastros de violencia que deja el narcotráfico y que testigos graban con sus celulares para después subirlos a la web. «El hecho de que estas personas suban los audios a redes sociales es una manera de querer dar cuenta de lo que ellos viven, porque en México en las ciudades pequeñas o pueblos rurales donde tienen lugar este tipo de situaciones, los medios de comunicación ya no le dan cobertura por la misma amenaza que tienen por parte de los carteles de la zona», comenta la artista mexicana sobre su investigación.

Más adelante, el trabajo del colombiano Edinson Quiñones titulado Proyecto falso O+ Relatos de hechos violentos, se basa en diversas esculturas hechas con fémur humano que el mismo intervino convirtiéndolos en una camándula, unos zapatos y una flauta, obras que son parte de una investigación que realizó durante siete años en el departamento del Cauca en Colombia acerca de los falsos positivos, los paramilitares y pueblos indígenas amenazados por la violencia. «Mirando pueblos indígenas como los Calimas o los de San Agustín que hacían un culto a la muerte y poder entender que esos huesos se volvieron una cosa elemental, una flauta hecha con fémur humano, ese mismo fémur se convierte en zapato, nadie sabe que vienen de un falso positivo, no son esos huesos que se los come la tierra sino que son huesos que salen a flote», dice Edinson Quiñones.

Por su parte la artista chilena Catalina Mena establece un diálogo a partir de su instalación hecha con tres cuchillos en los que se lee búsqueda, destino y vida titulada Trilogía, una crítica a la violencia doméstica. Un elemento que juega el papel de utensilio pero que puede llegar a acabar la vida; a su lado, la obra del artista chileno Francisco Peró, quien pintó siluetas humanas en un acto de violencia a las que agregó la posibilidad de que sean intervenidas por el público, escribiendo en ellas frases de transformación.

También se encuentra la escultura del maestro colombiano Fernando Arias, llamada Humanos Derechos, en esta el artista habla de grupos armados, del cómo se despojan de sus prendas para, según el artista «mostrar que detrás de todo eso, todos somos humanos». Las problemáticas que evidencian un destierro y empoderamiento por parte de multinacionales es tratado con las figuras hechas con chocolate del artista colombiano Fernando Pertuz, en una obra llamada Responsabilidad social. La obra muestra una idea que impulsa a no acabar con los recursos naturales, no apoyar a la pobreza y brindar un consumo más consciente.

La exhibición termina en uno de sus espacios con la intervención caricaturesca del artista colombiano Chócolo, quien dejó en la pared figuras alusivas a la muerte, para recordarnos esa venda que actualmente tiene el gobierno concerniente al conflicto colombiano.

Para más información sobre la exposición hacer clic acá.

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