Cheril Linett, o el desborde vital de la autogestación

“Vino mi madre a verme; estuvo ahí sentada aquí a mi lado, y, por primera vez en nuestra vida, fuimos dos hermanas que hablaron del tremendo trance…”

– Gabriela Mistral: La madre.

La performance Ullchadomo, es llamada así a propósito de un rito de pasaje mapuche consistente en que madres dan un baño a sus hijas por última vez en un río, con el fin de marcar el paso de niña a mujer. La artista, que trabaja desde sí como “hija”, y su madre, como “madre”, se sitúan en las coordenadas de este rito, dentro de un baño. Comienza la madre desvistiéndola en silencio, luego cuando la hija ingresa a la tina ella le guía como si fuera una infante. Así, dentro de la tina con agua tibia, comienza a enjabonarla, y con sus manos va tocando el cuerpo de forma natural. Recorrido corporal mnémico que realiza la madre lentamente y sin detenerse, lavando incluso su largo cabello.

Ullchadomo
Ullchadomo

Esta agua como fluido es el lugar de la limpieza, el cuerpo de la artista se deja habitar por el recuerdo de su yo infantil, en donde la madre está lavando a su hija en silencio, sin necesidad de hablar. La madre, recorre a su hija intermediada por un jabón, y la hija entregada a este proceso, entra en un recogimiento, como si esa limpieza tuviera un valor simbólico, cual cambio de piel. Una vez terminada la limpieza, la madre destapa la tina, abriendo un siguiente flujo de agua fría, como se usa tradicionalmente: “una baño de agua fría después del de agua caliente”, con el fin de cerrar los poros y dejar el cuerpo con la temperatura interior dada por el agua tibia. Esta acción tiene un relato biográfico, en la reconstrucción de la memoria del último baño de tina dado por su madre a la artista y junto con eso, la disolución de la distancia corporal establecida a partir de ese último baño.

© Paula, Seno-boca-madre
© Paula, Seno-boca-madre

La experiencia performática: “Seno- boca- madre” se desarrolla en el acontecer de la reconexión con un canal de diálogo afectivo entre una madre y su hija tras varios años después de aquella infancia en donde esta misma acción habría sido truncada. La performance comienza cuando al entrar en la habitación, la madre entrega a su hija un tazón de leche con su mano derecha, la hija ya “mujer” recibe este tazón y luego se tiende en la falda de la madre. La madre con un vestido azul turquesa (similar al azul de la tina) y la hija- mujer con uno negro. Ambas sin zapatos. La madre toma su pecho introduciendo su pezón en la boca de la hija, apretando con sus manos sus glándulas mamarias y la hija comenzando a succionar, de la misma manera en que se estimula la circulación para realizar la lactancia. Durante este acontecimiento, la hija que tenía en su mano izquierda el tazón con leche, lo va derramando hasta vaciarlo y soltarlo del todo, cayendo éste al piso sobre la leche derramada. Luego de este golpe de la caída del tazón en el piso, la hija se queda inmóvil con el pezón en la boca y con sus ojos cerrados, y la madre termina el amamantamiento y abraza a la hija fuertemente, como reviviendo el momento biográfico de la lactancia infantil que había sido interrumpido.

Los referentes iconográficos que se aprecian en esta acción remontan a la imagen del acto sagrado de la Virgen y el Niño representado por infinidad de autores de la era Cristiana. A esta Virgen, llamada la Virgen de la Leche, o Virgen de la Concepción, acuden personas pidiendo el milagro del embarazo. Cuenta el mito cristiano, que la Virgen María en lo que hoy se llama “la gruta de la Leche” cercana a la Basílica de la Natividad, al amamantar al niño Jesús saltaron unas gotas a una roca, blanqueándose esta por completo. Lugar posteriormente transformado en santuario a donde acuden hasta hoy mujeres pidiendo el embarazo como milagro.

También existe esta imagen mítica en otras culturas, por ejemplo, el mito de Hera, de donde emerge la creación de la Via Láctea. En general aluden no solo al acto de amamantamiento, sino que también al hecho del derrame como acto creativo, o el de la leche divina a modo de reconexión con algún misterio vital, en donde una supuesta carencia se manifiesta milagrosamente mediante el reboso. El rebalsamiento de leche en el espacio material que envuelve la escena vivifica la producción del sentido de esta lactancia, en donde no solamente se satisface la necesidad medio humana, medio divina, como alimentación y conexión, sino que también salpicaría la gracia del acto mismo hacia su contemplador en el espacio. La leche derramada en el relato de la imagen performance refiere a un abandono del relleno en la simbólica satisfacción de la leche original, por medio del contacto con el seno materno.

La composición cromática de la acción cita sutilmente a las representaciones de la Virgen María. El uso de determinado rojo y un derivado del azul, dan cuenta de un hilo conductor trans-temporal, entre el vestido de la madre, el muro y la pintura ubicada en el extremo superior derecho, que representa la figuras madre y padre retratados desde el pasado (abuela y abuelo), justo en los años de amamantamiento infantil de la artista, que ahora en ese momento habían sido convocados a observar esa simultaneidad de presentes.

El color azul turquesa, mismo que aparece en la tina de la acción Ulchadomo, toma protagonismo cromático, porque une trans-temporalmente estas obras, concentrándose en la recuperación del “hilo de leche materna” (como dijera Gabriela Mistral, en el Colofón con Cara de excusa de su texto poético Ternura). Pero ¿con qué conecta ese hilo de leche materna? La lectura biográfica indica una restauración en el acto artístico de la memoria corporal perdida de la infancia, una especie de reconstrucción biográfica a partir de la experiencia estética de la incorporación de los símbolos en una escena viva. La artista indica que ella recibió leche materna solo el primer mes de vida, entonces dentro de esta narración, el derrame del tazón resulta una cita directa a esa leche ingerida como relleno, en lugar de la leche tibia del seno materno.

Pero, si se ingresa iconográficamente en la imagen desde sus citas mitológicas, también se desprende de ella una alusión a un deseo de saciarse a partir de una fuente originaria ontológica, que podría ser abarcada desde el símbolo en su construcción mítica. Entonces, la leche derramada toma un valor transmutador y creador en la construcción del nuevo imaginario deseado, porque marca el suceso por medio de un reboso de realidad, reboso de conexión en la voluntad de avanzar regresando a un origen, en una especie de auto-hipnosis artística.

Los pies descalzos se configuran como indicador de un camino a recorrer por medio de una brújula corporal, guiada por los sentidos del tacto y la intuición, activados nuevamente en estos ritos de arte. Como la acción de la tina, que en su registro audiovisual retira del cuadro grabado la imagen de los pies, mostrándolos al final, en donde la madre terminando de bañar, secar y vestir a su hija, cubre sus pies con calcetines, sin completar la acción con los zapatos. Los pies descalzos aparecen también en Boca-Seno-Madre, en donde la piel desnuda compone un relato intertextual trinitario en relación al seno materno y a los rostros.

© Paula, Seno-boca-madre
© Paula, Seno-boca-madre

El camino abierto estaría siendo recorrido en el accionar estético construido en las coordenadas de un capital simbólico afectivo, y que al ser penetrado abre también el acceso al mundo mítico, por una parte a la abundancia de la creación por medio de la auto-gestación, como si la madre y la hija fueran parte de una Trinidad, completada por este flujo constante, desbordante.

Este flujo aparece en Ullchadomo, como el agua contenida en una tina alimentada por un goteo continuo, que forma como vibración ondas similares a las de la Via Láctea, emergiendo también como guiño al chorro de leche derramada en la acto mítico del amamantamiento, representado en “Seno-boca-madre”, como la leche materna, que a su vez, da paso al recuerdo mítico de la generación de la Vía Láctea.

El recogimiento que vivifica la melancolía del regreso al útero materno y el amamantamiento, abre espacios en donde el cuerpo queda expuesto, deja de defenderse. Entonces, volvemos a la pregunta, ¿a qué refieren estas conexiones realizadas con estas acciones de arte? Al trabajar con elementos míticos y simbólicos tocantes a la vida como creación y flujo, la obra no queda enmarcada exclusivamente al relato biográfico, sino que activa su valor artístico en la trascendencia de este, y en la apertura de la obra como conexión con el propio misterio.

Ullchadomo
Performance, Cheril linett y mi madre Sonia Duran.
Registro: Leo Salazar, Anibal Sandoval.
Montaje: Kevin Magne y Tannya Godoy.
Colabora: galeria el cubo.

Seno-boca-madre
Performance Cheril Linett y Sonia Duran.
Registro: Paula Corrales Heredia, Kevin Magne.
Colabora con el espacio Axolotte Matta.

Lucía Rey
Lucía Rey