National Geographic, el momento vive para siempre

National Geographic, trae por primera vez a Chile la impresionante exposición 50 fotos que cambiaron el mundo a Casas de lo Matta, una muestra itinerante que ya ha sido vista con gran éxito en Berlín, Praga, Sao Paulo, Singapur, Las Vegas, Tokio y Ciudad de México, y que ahora se exhibe en nuestro país desde el 15 de abril y hasta el 29 de mayo del 2016.

Cuántas veces no has sentido que hasta respirar te sale mal, que eres el último de la lista o que nada valió la pena. Sin embargo, apenas ves la primera fotografía, tienes la certeza de que estabas rotundamente equivocado porque al igual que un pavo real, en estas 50 fotografías que cambiaron el mundo, la vida despliega toda su majestuosidad y al unísono entiendes que una fotografía no es una cámara, un momento o un fotógrafo, sino una historia hilvanada a partir de tocar la fibra sensible, donde alguien te cuenta quién es y su verdad traspasa idiomas, fronteras, sin importar el tamaño de quien mira hacia el lente.

© 2011 GeographicÊ Nacional Kabul, Afganistán, 1967 | Cubierto por una chadri tradicional, una mujer afgana saldos enjaulados jilgueros en un mercado en Kabul. Foto por Thomas J. Abercrombie
© 2011 GeographicÊ Nacional Kabul, Afganistán, 1967 | Cubierto por una chadri tradicional, una mujer afgana saldos enjaulados jilgueros en un mercado en Kabul. Foto por Thomas J. Abercrombie

Cada cual tiene su importancia, porque éste es y seguirá siendo un mundo inexplorado que perfectamente podemos sentir a través de un ser microscópico unicelular, pululando en la profundidad abisal del océano, en una niña huyendo con su familia hacia un campo de refugiados, sobre la proa oxidada de un trasatlántico que colisionó con un iceberg frente a las costas de Terranova o en los restos de seres humanos, víctimas de una erupción volcánica hace más de dos mil años.

De por sí estar aquí es maravillarse al ver la condición humana en su real dimensión y como dice Steve McCurry: “Si sabes esperar la gente olvidará tu cámara y entonces su alma saldrá a la luz”. Un destello que sin duda brotó de esos enigmáticos ojos verdes de una niña afgana de 12 años llamada Sharbat Gula, captada en junio de 1984 en el campo de refugiados de Nasir Bagh, en la frontera con Pakistán y que hoy es un símbolo de la revista.

Internarse en una selva a sabiendas de que los animales tienen el control puede darte una idea del nivel de vulnerabilidad a la que se exponen estos cronistas por una foto, luego de centenares de tomas, meses de agotamiento y un sinfín de inclemencias que pese a la experiencia siempre surge algo que debes sortear, como lo señala el fotógrafo Brent Stirton: “La idea era ir hasta el Parque Nacional Virunga (en el Congo) para confrontar a los grupos paramilitares. El equipo caminó a través de una lluvia copiosa y finalmente encontramos tres gorilas de montaña hembras muertas. Los guardabosques reclutaron gente para que les ayudaran a evacuar los cuerpos. Armaron una especie de camilla con ramas de árbol para transportar la pesada carga y la caminata duró alrededor de cinco horas”.

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© Brent Stirton

Insinuar que este es un trabajo fácil, imposible. Desde el momento en que cada foto transmite una historia, no se compara con nada. No es una selfie que te sacas con tu amiga o el vocalista de una banda, ni es el recuerdo imborrable de la familia viajera que posa delante de una fuente de agua o una célebre estatua.

Porque las barreras culturales están para ser quebradas cuando un alma se aproxima o cuando surge ese dilema ético entre el instante y la toma. En esas veces en que el dolor es tanto, que traspasa el lente y el fotógrafo sencillamente baja su cámara y respira, o, por el contrario, cuando lo que tiene al frente es tan bello que apenas puede contener la respiración. Como en la foto de Paul Nicklenm, que muestra la imagen de un oso polar reflejado en el agua al sumergirse para sorprender a su presa, o cuando Kevin Schafer –estando solo en el Amazonas– vio a un grupo de delfines de río y no dudó en zambullirse, pese a que el agua estaba llena de tanino, pero precisamente eso fue lo que dio ese sobrenatural color rojizo que cubrió de magia a la fotografía.

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© Steve McCurry

Da igual si es una civilización perdida, un fósil milenario, un diminuto coleóptero sacudiéndose las esporas de un hongo o un impenetrable suburbio que da un pantano. Lo que cuenta es estar ahí como Joanna Pinneo, quien mientras cubría los estragos de una voraz sequía en un asentamiento nómade decide asomarse por debajo de una carpa y capta a 2 mujeres y una bebé sofocadas por el abrazante calor en medio de un campamento tuareg en Mali. Inmediato uno se pregunta en qué se diferencia con esa mujer que luce un velo y correspondiente túnica roja que la cubre de pies a cabeza sobre la cual equilibra una jaula con dos pájaros, captada por la cámara atenta de Nick Thomas Abercrombie, en un rincón de Cabul. O qué siente Jou Jou, un chimpancé que sutilmente acerca su mano hacia la doctora Jane Goodall para demostrarle su afecto, sin saber que Michael Nichols atesoraba ese inigualable momento. Tan emotivo como la foto de Eduardo, un niño peruano que lloraba desconsolado cuando un camión atropelló la mitad de las ovejas que tenía a su cargo y Bill Allard, inmortalizó una historia que tuvo un final feliz, ya que muchos lectores alrededor del mundo le enviaron dinero y el niño recuperó nuevamente su rebaño, a lo que el propio Allard comentó: “Ya no me sentí culpable por recibir y no dar”.

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© Bill Allard

En todas y cada una de estas 50 fotografías que cambiaron el mundo, sobrevive un vínculo, ya sea porque se logra ese estado animal que aun palpita en el corazón de la selva o porque es el rostro humano que habla a la gente para transmitir su verdad a través de un lente que ha sido un emisario por más de 125 años. Enmarcando el momento dentro de esa ventana amarilla que se abrió un 27 de enero de 1888 cuando Alexander Graham Bell fundó National Geographic Society, con el objeto de registrar, documentar, preservar y exhibir nuestro mundo, presentando países, lugares, personas y seres nunca antes vistos, pero que llegan a ti en una fotografía y dentro de ella una historia que sobrevivirá superando cualquier barrera. Porque el momento vive para siempre.

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