Daniel Melgarejo | “La mezcla de lo humano con lo animal siempre me ha perseguido”

Daniel Melgarejo, artista plástico autodidacta e ilustrador, nació en 1972 en Montevideo, Uruguay. Creció rodeado de libros, revistas, cine y cultura de radio, donde desarrolló la sensibilidad desde muy pequeño y en un escenario que hasta el día de hoy, dice que no es muy alentador.

Publicó en 1994 y por más de 10 años sus ilustraciones en el suplemento de Cultura de El País. También para Rolling Stone en México, suplementos culturales de El Observador y El Diario. Su trabajo aparece en portadas editoriales como Alfaguara y Planeta entre otras, y con su faceta de diseñador realiza carátulas de discos para algunas bandas de música en Uruguay. Su obra ha sido expuesta en la Sala Vaz Ferreira, Sala Octavio Podestá, de manera online y el 18 de noviembre de 2015 presentó CRUDO en Espacio IMPO, una serie de 20 lienzos de 100 x 100 cm con la curaduría de la Arq. Sandra Petit y textos de la escritora Laura Bello, donde la muestra se extendió hasta febrero de este año. Ese mismo año tuvo lugar su exposición ALMA, curada por Carlos Yañez.©Daniel Melgarejo

¿Qué fue lo que te llevó a ser un artista? Háblame de tus comienzos de auto descubrimiento.

De niño en la casa de mis padres llegaban muchos libros, revistas, se hablaba de cine, la radio siempre estaba encendida. Montevideo en plena dictadura gris y censurado…si te importaba algo la vida, vivir ese momento no era ajeno y sabías que un manto negro se posaba en cada lugar en el que estuvieras. Los paseos por Estación Lasala en el campo donde mi madre nació, el paisaje calmo, mi amor por los trenes, el atardecer naranja, las siluetas de los animales, los caminos de tierra…marcaron aún más mis ojos y mi sensibilidad temprana. Dibujando y dibujando es como me recuerdo en una casa hostil y apretada, cuando me quise dar cuenta, estaba prestando atención a bandas de rock, escritores, periodistas, pintores, directores de cine, graffitis, movidas callejeras, revistas under, fotógrafos, escultores y comics.

¿Qué es lo que utilizas en tus obras y cómo las comienzas? 

Comenzar una obra es un período de tiempo que nunca sé cuánto dura, creo que es una extensión de tiempo que nunca termina, puede que en el soporte exista un final pero internamente sigue su camino para fundirse, mezclarse con otra y así continúa su viaje. A veces vuelven obras que pensaste que no volverían más y ahí están. El momento es incómodo, inquietante, de incertidumbre. Quisiera que no existiera pero no podés, sería negarlo y eso tiene sus consecuencias y no lo recomiendo, entonces comenzar la obra está frente a vos y en algún momento tenés que enfrentarlo, con todo lo que implica.

¿Podrías explicarme tu arte, qué lo hace interesante y cómo has visto que ha reaccionado el espectador?

No es fácil explicar qué es el arte de uno, definirse, definir qué es lo que uno hace. En mi caso buscar las palabras me llevan a intentar meterme en la condición humana, a través del dibujo, pintura, con lápices de colores, dibujo digital, con acrílicos sobre lienzo, grafito sobre papel o lienzo, tinta china con pinceles o directamente desde la pluma, crayones, pasteles, interviniendo fotografías. El espectador se ha conmovido, impactado, ha generado rechazo, temor…personas que se han sentido muy cercanas a la obra por su temática fuerte y de paleta de colores directa en algunos casos. La mezcla de lo humano con lo animal siempre me ha perseguido, así como lo vegetal y el mundo de los insectos me resultan sumamente seductores e inquietantes para transmitir el sentir de mi mundo interno.

Como artista de la región ¿cómo ves el escenario en el ámbito cultural en Chile y cómo esto se refleja en la compra y venta de obras de arte para ti y relacionado con tu experiencia personal?

Vivo en Montevideo y sinceramente no es muy alentador el panorama, conozco la realidad de otros colegas y la conversación por lo general rumbea para los mismos lados y no son placenteros y tampoco son caminos generosos de reconocimiento. Menos de ventas, y las políticas culturales son un fiel reflejo de la pequeñez mental y de país que somos. El arte en los países en serio es una industria, con lo que eso significa. Comprar arte habla de una cabeza diferente, ni hablar de la valorización, del retorno para todas las partes que esa acción genera, lo veo como algo sumamente enriquecedor y noble.

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