Marta Minujín sin fin | Por Guadalupe Costa

Se vistió de blanco a los setenta años, bajó del carruaje por Av. Libertador y, mientras subía, sobre cada escalón caían papeles picados. Una mujer afortunada sacó el anillo y como souvenir del festejo se rifó una escultura griega.Se escuchaban los clics y se oían los flashes de cámaras plateadas que iluminaron las escalinatas de la fachada de Fundación Constantini.

Por Guadalupe Costa

Una mimesis de su estadía en los años 60, ́ tras haber ganado la beca Guggenheim. Junto a Andy Warhol corrompieron con los valores socioculturales y la música proto punk del momento – ¿Nos sacamos una foto? Con diez tomas fotográficas saldaron el pago de la deuda externa entre dos creadores icónicos. Las cartas dichas sobre la mesa y el arte triunfal con los granos de oro de maíz simulando un falso rey sol ante una crisis económica local. 

Marta- un genio creativo que eludió el terreno académico- viste su mameluco blanco un par de anteojos negros por que: lugar que habita lugar que es arte. Con producciones masivas El Partenón de libros (1943) con títulos prohibidos durante el nazismo replicada en Buenos Airesen el terreno abonado por el regreso a la democracia en Argentina. Sus colchones fluorescentes a rayas: exhibidos de forma burda o gastada en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) echa una crítica al capitalismo estadounidense re-significados como la anti escultura en el año 2017. 

Ella: excéntrica y sus obras de arte efímero o conceptual.

¿Nos casamos? Sin libreta, pero con el arte,

Vive en Buenos Aires, su taller está ubicado en el barrio de San Telmo.

Comentarios

comentarios

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.