Voluspa Jarpa sobre la Bienal de Shanghái | “En Chile la censura es económica”

La artista, una de los tres chilenos invitados a participar de la bienal más importante de Asia, abierta a público hasta el 10 de marzo de 2019, llevó su trabajo de documentos desclasificados a uno de los países con más restricciones de expresión en el mundo. A Arte Al Límite, Voluspa Jarpa cuenta acerca de su experiencia de montaje y la recepción de la sociedad china a sus obras.

El curador Cuauhtémoc Medina (México) conoció el trabajo de Voluspa Jarpa cuando estuvo expuesto en Matucana 100, en diciembre de 2017. Enseguida, la invitó a ser una de los 67 artistas participantes de la bienal internacional de arte contemporáneo más establecida e influyente de China: la Bienal de Shanghái, que en esta decimosegunda edición está inspirada en el Proregress, una palabra híbrida acuñada por el poeta estadounidense E. E. Cummings que sugiere la ambivalencia y ansiedad de principios del siglo XXI, provocadas por la transformación y el estancamiento que contradicen firmemente a optimistas y pesimistas.

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De acuerdo a la artista, la paradoja de la curaduría tiene que ver con cómo mirar el tiempo contemporáneo desde los signos de ambivalencia de la contemporaneidad. “Muchas veces todas las promesas de avance para algunas sociedades, contradictoriamente, significan retrocesos para algunos sus sectores sociales. Esto en el contexto de China es significativo porque China, y sobre todo Shanghái, es una ciudad extremadamente avanzada, que se ha desarrollado de manera exponencial”, explica Voluspa Jarpa sobre la ciudad que no conocía y cuyo desarrollo impresionó: “es muy sofisticada, hay mucho gasto en arquitectura contemporánea. Uno tiene la sensación que está en otro momento de la historia, en un lugar como probablemente serán las sociedades en el futuro”.

A la Bienal, la artista llevó tres obras que continúan con la línea de investigación que ha desarrollado desde hace 10 años sobre los documentos censurados que los Servicios de Inteligencia de EE.UU desclasificaron sobre diferentes países latinoamericanos.

Dos obras que ya había presentado en la exposición En nuestra pequeña región de por acá, curada por Agustín Pérez Rubio en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) en 2016 y en Matucana 100 en 2017; y otra que fue parte de la Bienal de Sao Paulo, pero articulada de otra manera, cayendo desde casi 30 metros de altura.

¿Cómo fue para ti trabajar con censura, en un país en donde se censuran abiertamente los contenidos que se oponen al gobierno?

Eso fue parte de las reflexiones. En China la censura es institucional, tiene una metodología y burocracia para operar, y tú como visitante tienes que saber lidiar con ello. Cuauhtémoc Medina siempre planteó que el rol del curador es el de un mediador ante cualquier situación, y en este caso, la situación es la censura institucionalizada que tienen los chinos. En general, nosotros los artistas no lidiamos con la censura, el equipo curatorial y el equipo de la Power Station of Art —lugar que albergó a la Bienal— fueron los encargados de lidiar con eso.

¿Qué problemas enfrentaron tus obras?

Ellos adecuaron una situación. El problema fue que el personal de censura de China quería leer todos los documentos y por tanto, que todos los documentos con texto fueran traducidos al chino. Eso era imposible porque son 600 en los acrílicos y mil en lo impreso. Nosotros les dijimos, ‘miren los documentos están censurados y muchos ya no son documentos, son materia, transparentes algunos, acrílicos cortados con láser’. Entonces hubo una ambigüedad sobre si contenían o no texto. Entonces dijeron ‘OK, esto va a tener una cuerdita abajo para que la gente no pueda acercarse a la obra’ y así se solucionó. Aunque tampoco era tan real ya que la obra atravesaba tres pisos y en el segundo y el tercero sí se puede leer.

 

¿Qué sentían frente a la censura los equipos con los que trabajaste?

Ellos la mencionan, pero es como cuando nosotros alegamos contra el sistema. Es parte de su vida. Es como que tú me dijeras ‘bueno y cómo lidia Chile con el hecho de ser el país más neoliberal del mundo’. Bueno, no sé, uno va, paga su isapre maldita y sabe las consecuencias que esto tiene en su vida. No es un tema tabú, solo es parte de un sistema. Por otra parte, ¿hasta qué punto no vivo yo en una sociedad con censura? Porque si quiero pedir plata para un proyecto que a las elites de poder les incomode, también voy a pasar por un filtro natural. En Chile la censura es económica, tenemos nuestros propios sistemas de censura y restricciones. También vivimos en algo así, solo que de una manera más diluida y que no actúa de una forma institucionalizada.

De esta edición, abierta a público hasta el 10 de marzo de 2019, participan artistas de 26 países diferentes con una notable presencia latinoamericana que se podría explicar por la presencia del continente a nivel curatorial, ya que junto a Cuauhtémoc Medina, la colombiana María Belén Sáez de Ibarra participó como co-curadora de la Bienal, al igual que Yukie Kamiya de Japón y Wang Weiwei  de China. De Chile, además de Voluspa Jarpa, fueron invitados Alfredo Jaar y la artista con residencia en Alemania, Macarena Ruiz Tagle.

“Es la primera vez que hay una representación latinoamericana tan grande, fue fácil relacionarme con los otros, porque son personas que uno se va topando en distintos lugares y mantienes diálogos con ellos”, cuenta la artista y académica de la Universidad Católica.

¿Qué desafíos técnicos enfrentaste al llevar tus obras al otro lado del mundo?

No creo que hubiera podido hacer este montaje en otro lugar del mundo. Tuve treinta montajistas que estuvieron diez días antes que yo preparando todo y cuando llegué trabajamos siete días más. Ellos construyeron dos ascensores a control remoto para hacer el montaje. Fueron muy amables y profesionales, y su despliegue técnico estuvo impecable.

¿Cómo fue la inauguración?
Impresionante, porque fue la semana del arte en Shangai, entonces se inauguraron dos ferias con la ambición del mercado del arte internacional puesto sobre la ciudad. Hubo mucho público internacional que también fue a la inauguración VIP. Cerca de 7 mil personas ese día y el primer día abierto a público cerca de 10 mil personas. La masividad de China es impresionante. Sin embargo, yo estaba en el sector no comercial y no fui a ver las galería porque no tuve tiempo y porque en ese momento era más interesante ver las obras que estaban en la bienal, que eran obras críticas y de memoria.

¿Cómo fue la recepción de las personas que vieron tus obras?

Fue interesante porque como en la inauguración hubo mucho “público de feria de arte”, se produjo lo que se produce siempre cuando se encuentra el arte que está referido al mercado, que es un arte más formal, y el arte crítico, que está referido a la construcción de discursos. Esos choques de disputas intelectuales del arte contemporáneo se vuelven a dar en otro escenario, en una escala mundial y geopolíticamente desplazada. En un momento hice una visita guiada para este público de feria, expliqué de qué se trataba mi obra y ahí se produjo un gran silencio. Luego dije ‘bueno muchas gracias, hasta luego’.

¿Hubo alguna lectura crítica de tu trabajo?

El 10 de noviembre tuve una conferencia con el profesor Zhan Rulun, que es uno de los filósofos más importantes de China, sobre la relacion entre filosofia y arte. Él  se leyó todo el libro de Malba que le di antes de la conferencia, y apasionadamente decía a sus alumnos ‘los otros sí importan, la justicia y la historia son importantes y todos tendremos que enfrentarnos al juicio de la historia’. Afirmó de manera categórica: la historia siempre es una edición, implica el olvido, luchamos para establecer qué puede ser olvidado y qué no, somos un colectivo. Lo decía a los jóvenes que estaban en las tribunas, lo decía a partir de mi trabajo. Me decía permanente, usted es una filósofa y yo le decía ‘pero si los artistas también pensamos’. Él fue súper riguroso y respetuoso con mi trabajo.

¿Es la instancia más lejana al contexto occidental de la que has participado?
Sí, fue una experiencia muy importante para mí. No tengo exactamente las palabras. Todavía no termino de digerir la experiencia, pero fue una experiencia muy muy buena. Las personas eran muy amables, muy trabajadoras y abiertas. Me llamó mucho la atención su capacidad para trabajar en equipo.Me pareció una sociedad notable, joven, llena de energía, con todas las generaciones dialogando entre ellas. Los chinos tienen un fuerte deseo de comunicarse con otros lugares.

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