Reencuentros a pie de cerro ¿Qué diría Fichte hoy?

Ni los finos fermentados del valle nacional alteraron a las lobas. La copita de vidrio en las manos y en ellas la delación del notorio movimiento sensible; la loca intelectual, la artista del sufrimiento y la elegante investigadora. Calladas y bien portadas mientras atienden al lanzamiento de un libro que las convoca en la tarde de septiembre.

Pero no es que le debamos los honores de este vino a una historia de la domesticación tan bien presentada en las limpias y decoradas fachadas del barrio Bellas Artes. Hace ya unos años que el aburguesado gaytown de Santiago es conocido por la ropa extranjera, las exposiciones en galerías y la población diversa que lo habita. No siempre fue así, ni siempre lo es todavía.

Suena a película distópica que, entre el perfume de marca en la ropa de asistentes y el perfecto orden de los libros en la Metales Pesados, la noche apresure la marcha y agite los apetitos apenas unas cuantas cuadras a la rotonda. “Nos vemos en el chino gay”, les dicen unas a otra mientras se alejan por la calle José Miguel de la Barra.

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Satisfacciones muy distintas a las que históricamente se buscan en otros espacios del sector como en el cerro Huelén, cruzando la calle. Conocido popularmente como el Santa Lucía desde la colonia, compone uno de los favoritos del circuito de placer en la capital. Junto con el vecino Parque Forestal son ya un clásico de los escandalosos titulares noticiosos que vaticinan el apocalipsis de la doble moral nacional.

Es probable que Hubert Fichte también hubiese aullado a la luna en los encuentros homoeróticos de esos arbustos, mientras documentaba su paso por Chile a principios de los años 70. En “Chile: Experimento por el futuro” (Ediciones Metales Pesados) apunta algunas de esas experiencias en los encuentros de los que participaban manadas enteras en celo.

“Suprasensibilidades” estará abierta hasta el 18 de noviembre en la sala sur del Museo Nacional de Bellas Artes. Una curatoría de Mario Navarro en donde los talentos de internacionales y nacionales como Rodolfo Andaur, Jorge Díaz, Gonzalo Díaz, Diedrich Diederichsen, Claudia del Fierro, Anselm Franke, Tamar Guimarães, Max Hinderer Cruz, David Maulén, Mario Navarro Cortés, Amilcar Packer y Nelly Richard se ponen al servicio de nuestros sentidos y memoria.

Obra de Gonzalo Díaz en el MNBA

Mucho antes de que la gringomanía nos hiciera conocedoras del concepto cruising, el deambular de nuestros cuerpos ya era experto en olfatearnos en cada uno de los rincones más oscuros de la ciudad. Eso a lo que ahora el forzado acento estadounidense le dice gaydar y que existe como un primer instinto de supervivencia ¿A cuántos no vimos caer en la premura de una mala lectura? Muchos no volvieron a contarlo.

La misma Lemebel nos narró el baile entre cuchillo y sexo de una que aguantó las puñaladas hasta la muerte. Al otro día la prensa homofóbica de los 90 anunciaba con un cliché: “Lo mataron por atrás”.

Esa preocupación que el etnólogo alemán advirtió décadas atrás. Con el apunte “los diarios de la izquierda son malos” refirió, entre otras cosas, a una constante violencia y represión sobre las libertades sexuales en Chile. Emocionado por un proyecto revolucionario como el de la Unidad Popular, vino a comprobar si el inmenso esfuerzo político incluía a estas problemáticas.

En papel de periodista entrevistó con toda habilidad al entonces mandatario Salvador Allende y este omitió o desvió cada una de sus preguntas sobre sexualidades disidentes. Llegó hasta a disculparse en off. El reflejo de una política cargada con miedo a ser sodomizada y siendo liderada con barbudos de frágil virilidad.

Tan cerca de la utopía de la revolución, pero tan lejos de nuestros impulsos corporales que la exclusión siempre se hizo presente: ¿Tienen miedo a que se homosexualice la vida?, le dijo la otra a sus compañeros comunistas en el 68.

Incluso ahora, en estas cuatro paredes de comodidad literaria y complicidad histórica, el miedo sigue latente. Abren las palabras al final de las lecturas y nadie ladra. Acaso una jauría acallada por el tan deseado estatus maricón del neoliberalismo nacional, el terror a perderlo en una mala postura, en unas copas de más.

Al pie del cerro el reencuentro con nosotras mismas se hace difícil. Fluye la memoria de Fichte y hasta el recuerdo de Lemebel escupiéndole al piso a un ex ministro de Cultura frente al Museo Nacional de Bellas Artes. Lo que nos dejó el legado de sus resistencias es invaluable, pero es poca su utilidad en los toscos apretones de manos presentes en el evento que urgen ser besos cómplices desde la diferencia.

Obras del Taller Gráfico UTE (1968 – 1973) en el MNBA

No lo dijimos, pero sabemos con terror las inquietantes cifras de VIH en Chile. No lo mencionamos, pero apenas habíamos pasado la conmemoración de la dictadura nacional. En la próxima luna llena sabremos gritar porque el Sida se llevó a Fichte –y a tantas más– y también celebraremos las batallas que Lemebel dio al golpe militar. Y a la salida un par de mordidas no vendrá mal para saciar la voraz hambre de identidad que nos dejó un barrio de falsa pulcritud y compostura social.Y mientras tanto, podremos acogernos a la exposición colectiva de artistas nacionales e internacionales que proponen no solo un homenaje a su obra sino también otras exploraciones y búsquedas de lo sensible. “Suprasensibilidades” estará abierta hasta el 18 de noviembre en la sala sur del Museo Nacional de Bellas Artes. Una curatoría de Mario Navarro en donde los talentos de internacionales y nacionales como Rodolfo AndaurJorge Díaz, Gonzalo Díaz, Diedrich Diederichsen, Claudia del Fierro, Anselm Franke, Tamar Guimarães, Max Hinderer Cruz, David Maulén, Mario Navarro Cortés, Amilcar Packer y Nelly Richard se ponen al servicio de nuestros sentidos y memoria.

Una memoria que intentó rescatar Pedro Lemebel junto a la documentalista Verónica Quënse, cuando hace más de una década viajaron al puerto de Pisagua a encontrarse con una historia amenazada por el olvido. Un privilegio del que solo algunos cuentan y que se les impuso a tantos con tanto horror. Mario Navarro y Rodolfo Andaur curaron la muestra audiovisual “En qué oleaje extraviaron sus pálidos huesos”, presentada en Galería Macchina desde el 18 de octubre al 30 de noviembre.

 

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