Sigmund Freud es una de las figuras más polémicas de la medicina y la psicología moderna y hoy se celebra 160 años de su nacimiento. Freud tiene impacto en la sociedad hasta el día de hoy y se ha convertido, más que en una persona, en un personaje amado y odiado por la gente, pero que sin dudas es fundamental en el desarrollo del conocimiento del mundo moderno.
La interpretación de los sueños, publicada en 1899, es la obra más importante y conocida de Sigmund Freud. En ella se sientan las bases del psicoanálisis, un método terapéutico al que poco a poco se fueron sumando más seguidores, pese al recelo que despertó en una parte de la comunidad científica que lo consideraban más que un médico, una especie de filósofo que replanteó la naturaleza humana y ayudó a derribar tabúes, sobre todo sexuales. El objetivo de Sigmund Freud era trasladar todos esos pensamientos, sentimientos y deseos reprimidos del subconsciente al consciente.
Aparte de sus estudios sobre el inconsciente, deseo inconsciente y represión, Sigmund Freud dividió la mente en tres partes: el ello, el yo y el súperyo. También definió el Eros o pulsión de vida y el Tánatos o pulsión de muerte y desarrolló un método psicosexual que, pese a ser criticado y visto como un pervertido, incorporó teorías como el complejo de Edipo y derribó tabúes en una sociedad todavía muy, pero muy reprimida.
Sigmund Freud fue controversial hasta el último día de su vida y, pese a lo cuestionado que fue por algunos compañeros de trabajo, la influencia de Freud en filosofía, política, lenguaje y arte del siglo XX, es incuestionable. Sin él no podría entenderse las obras de artistas como André Bretón o Salvador Dalí.
El arte freudiano…
Como decíamos, a Sigmund Freud le interesaba mucho el arte y según él la estructura formal de una obra cumple la función de camuflar sus orígenes en el inconsciente del artista, de crear un disfraz que permita la manifestación de los deseos reprimidos, o sea consideraba la forma artística como algo in-esencial en sí, ya que su función es ser un incentivo para despertar la atención del espectador.
La importancia que, para Freud, tenía el contenido de una obra de arte, es un paso necesario para poder adivinar la intención del artista. Además decía que lo que experimentaba un artista cuando hacía obras de arte, no era algo meramente intelectual, sino que había una constelación psíquica que impulsa al artista a la creación. Entre el artista y el espectador se establece una identificación a nivel psíquico según Freud, que viene determinada por dos elementos comunes a todos los individuos: el poseer necesidades instintivas y el refugiarse en una vida de fantasía.
«Sucede que el artista es un individuo excepcional, pues logra convertir sus fantasías en algo material: la creación artística. Además consigue transmitir al público el alivio y el consuelo de sus fuentes inconscientes de placer…»
El arte según la herencia freudiana, es una especie de terapia pero no solo para el individuo que contempla la obra, sino también para el artista que tiene deseos reprimidos. Pero como Freud señala en El malestar de la cultura: “la suave narcosis que determina en nosotros el arte, sólo puede brindarnos un refugio efímero contra la urgencia de las necesidades vitales, y no es suficientemente fuerte para hacernos olvidar nuestra penuria real”.
Y aunque sea algo efímero como dice Sigmund Freud, es un hermoso alivio momentáneo que es posible contemplar en materia física y que de alguna u otra manera, logra representar al ser humano en su máximo esplendor.