EE.UU. | Dibujo | Patricia Schnall

La condición de lo femenino

Multifacética, la obra de Schnall transita diferentes soportes ya sea el dibujo, la performance, la pintura, escultura o video, su universo personal nos va a plantear diferentes perspectivas de acerca de la indagación de la condición femenina.

No es casual que uno de los soportes elegidos por la artista sea la performance, el cuerpo desde este lugar se vuelve territorio de indagación. Si bien a la hora de desentrañar sentidos y significados detrás de sus obras, el universo personal de la artista hace evidente un conocimiento previo pero, sin embargo, los elementos referenciales elegidos por Schnall permiten una subjetivización para nada desacertada, en sintonía con lo que nos refiere la artista.

En muchos aspectos el corpus de su obra podría ser vinculado hacia filiaciones artísticas emparentadas con la anti-forma y cierto minimalismo, sin embargo los materiales que la artista elige para desarrollar su trabajo están lejos de esa frialdad industrializada y de formas pulidas que detentaba el minimalismo más anglosajón. En su caso particular los materiales de desecho tienen una carga emocional y de existencia, que de alguna forma lo podría relacionar con el informalismo arraigado al existencialismo, esa precariedad de lo finito. Es por eso que el proceso de creación guarda un lugar determinante a la hora de dilucidar sus obras.

Desde la generalidad, el uso de lo seriado se podría relacionar como aquella búsqueda de descifrar la cotidianeidad de la mujer en sí, desde una mirada crítica hacia ese mundo doméstico tradicional en el que la mujer es delimitada en sus funciones, por el sólo hecho de estar condicionada por su género. ¿Qué sucede entonces con las aspiraciones femeninas? La obra de Schnall nos plantea un silenciamiento de aquellas aspiraciones que se ven truncadas por el solo hecho de ser mujer, y por el cómo el patriarcado en nuestra contemporaneidad continúa siendo un problema muy enquistado a nivel cultural y mundial.

En cuanto a su universo personal, la artista comenta que en una residencia artística en Francia tomó conocimiento acerca de un grupo de mujeres equivalentes a los trovadores. Entonces investigó a este grupo particular de mujeres que vivían en la región occitana de lo que hoy es el sur de Francia, durante los siglos XII y XIII, llamado el Trobairitz (Trovadoras). Pensemos lo siguiente, si los grandes museos del mundo –casi en su totalidad– no tienen en exhibición la obra de las artistas mujeres, ¿qué sucedería con estas revolucionarias de la música en pleno siglo XIV en la genealogía de la música secular? Es lícito pensar que la artista tuvo serias limitaciones a la hora de acceder al material necesario para su investigación y esto fue fundamental en la concepción de su proceso creativo, ya que fue el disparador de la reivindicación del rol de estas mujeres a nivel histórico.

Patricia Schnall solo pudo acceder a poquísimas estrofas del trabajo de estas féminas, con lo cual la búsqueda del rescate de la identidad se le hizo instintiva, y así decidió darles un rostro. Les hizo retratos que no son reales y así logra en esta reivindicación –de un hecho rescatado a la microhistoria–, enfatizar a todas las mujeres y sus realidades predestinadas a su condición de género. De por sí vale destacar que su búsqueda indiciaria es como una brisa de aire fresco que –desde el arte contemporáneo– permite tomar conocimiento de estos relatos históricos silenciados por el cuentito “de la historia de la humanidad”. Es en este punto en donde Schnall se vuelve una activista desde su rol de artista de la reivindicación histórica de la mujer en la construcción de las sociedades, que rompe con estructuras patriarcales de la meta historia.

Otra joya que comenta la artista radica en la incorporación de textiles cosidos a los retratos. A simple vista los espectadores podemos relacionar esto a las labores más tradicionales de la costura del mundo de lo femenino, y debo confesar que en una primera instancia hice –personalmente– una asociación a las puntadas de los hilos con la opresión que ata a las mujeres en un rol de “angel del hogar”, un dibujo contenido por la realidad tajante de un trozo de costura verdadero y el dibujo, a su vez, como el espacio de libertad en otro sustrato de percepción.

Parte de sus diversas investigaciones, hicieron a Schnall tomar conocimiento de un hecho particular en la zona de la occitana en el s. XIII en París, en donde las mujeres que poseían tierras y cuyos esposos habían muerto en las cruzadas, no tenían derecho a réplica de exigir nada porque como manifestó un obispo católico: “Debían ir a casa y ocuparse de sus labores de costura, dejar de entrometerse en los asuntos de los hombres”. Es por esto y muchas cuestiones más que la artista decidió utilizar las imágenes del bestiario animal de la edad media para ejemplificar el orden de pensamiento instaurado por la iglesia. Tal es así que la artista tomó contacto con Gilles Bancarel, que es quien domina y dirige el departamento de archivo de los libros históricos en la Mediateca CIRDOC, en Bezier, para acceder a libros míticos de primera mano. A partir de allí comenta que las concepciones de bien y mal, poder y debilidad, moral e inmoral son representaciones que nunca dejaron de permanecer en el horizonte cultural, antropológico y psicológico de occidente.

Estos dibujos tuvieron un largo proceso, en el cual la artista desarrolló una serie de modificaciones en las que los rostros se vuelven andróginos y a su vez los interviene con pedazos de telas de su propio vestuario, no es casual que use el término “arrancados” ya que si bien en la actualidad, aún y cuando el género femenino ha mejorado en ciertos aspectos; otros aún se mantienen como barreras y obstáculos.

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