Colombia | Escultura | Maquiamelo

Del origen, la seducción y el recuerdo

Entre cabezas Tzantsza se crea la ilusión de volver a la época colonial, de sentirse como aquellos europeos que veían nuestra realidad vinculada al canibalismo,  la brutalidad y  lo salvaje. ¿Cuál es el fondo? ¿Qué provoca? Un cuestionamiento sobre la vida, la belleza, el poder. Una realidad olvidada que se hace presente en cada una de las obras de este artista colombiano.

Seis días de fiesta se realizaban en la Amazonía luego de una práctica que implicaba reducir la cabeza de los enemigos. Una práctica religiosa por la cual se creía que con las reducciones se tomaba el espíritu del enemigo y se lo obligaba a servir al reductor, evitando que el alma vengue su muerte. Esta práctica ritual, que involucraba un proceso bastante complejo, ha sido un tópico frecuente en las crónicas de los españoles y otros europeos que recorrían las zonas de la Amazonía, motivo que ocuparon para comerciar a principios del siglo XIX, y que al colombiano Maquiamelo le cambió la forma de crear.

Sus obras, basadas en las cabezas Tzantsza, las comenzó a crear luego de lo que para él fue un viaje raro y místico. “Me interné en la Amazonía ecuatoriana junto a un antropólogo de bastante reconocimiento. En dicho viaje llegué a lugares inimaginables, donde habitan varias tribus, entre estas los Shuar, o mal llamados Jíbaros, y que son conocidos por su técnica de reducción de cabezas: ‘Tzantsza’”, explica el artista. Y son estas cabezas reducidas, de diversos personajes de la farándula hollywoodense, de presidentes o dictadores, de caricaturas animadas, las que llaman la atención en diversas ferias de arte,  museos y  cada galería en que el artista expone.

Pero este viaje no lo es todo, para Maquiamelo su trabajo artístico se basa en su vida misma, en esa búsqueda de estilo y formas, en su búsqueda del yo. “Creo que hay un momento en la vida en que todo lo que haces, o parte de eso, o se conecta de alguna forma y te deja crear, o te hace hacer lo que dirían los griegos que estaba destinado para ti. Para mí, fue un proceso de trabajar haciendo pintura, escultura, grabados y tantas otras técnicas por varios años. Así, al tiempo que estudiaba a los grandes maestros, iba a museos y admiraba grandes obras, mejorando mi técnica”. Luego vino el viaje y un par de años que lo llevaron a sumar ambas cosas, su búsqueda implacable junto al conocimiento adquirido. “Lo hice para entendermi manera de expresar las emociones”, explica.

Del glamour y la belleza al impacto

Una cabeza en miniatura llama la atención de todo el público, haciendo alusión inmediata a los cuentos coloniales sobre los originarios de la Amazonía, Latinoamérica,  nuestra tierra. Ahora bien, ¿qué pasa si esa cabeza es de Hugo Chávez o Hello Kity? El llamado es aún más fuerte y los cuestionamientos comienzan a surgir en el espectador. Quizá es por esto que la obra del artista colombiano tiene un fuerte impacto mediático, pues entre presidentes controversiales y divas envejecidas, su trabajo es visualmente atractivo mientras toca trasfondos de suma importancia para el mundo actual: política, dictaduras, belleza, juventud y vejez. Todo esto acompañado de un nombre que le fue dado de manera espontánea por su madre –al ver su trabajo–: Maquiamelo, y una línea gráfica tan trabajada como su proceso para crear. “El diseño, la imagen y todas esas cosas que hacen parte de mis exposiciones son temas en los que asumo gran responsabilidad, y donde tomo cada detalle con sumo cuidado, aunque es algo natural, parte de mi obra”, explica.

Letras de color fucsia sobre un fondo negro nos dejan leer la palabra Divas junto a una cabeza reducida de Marilyn Monroe. Un llamado visual que nos recuerda la fragilidad de la belleza física y de la firmeza del alma. Una antítesis que se ha trabajado desde la época griega cuando Platón hizo la división entre el cuerpo y esa sustancia etérea que se encarcela dentro de éste; cuando la filosofía abarcaba un tema que sigue siendo un cuestionamiento eterno para todos los seres humanos y que ha pasado por diversos momentos. “La belleza del rostro es frágil, es una flor pasajera, pero la belleza del alma es firme y segura, como dijo Moliére ­–puntualiza Maquiamelo–. Nuestra sociedad castiga a la mujer, las portadas de revistas de moda, por ejemplo, muestran una belleza estereotipada y siempre juvenil. Lo que hago con Divas es dar un mensaje de ambigüedad: mantener el legado de belleza que dejaron estas mujeres y, de otro lado, generar una afrenta a los estereotipos y clichés”. Y dentro de estos estereotipos se encuentra la piel tersa,  lozana y característica de una juventud que pronto acabará para llegar a las arrugas y al exceso de maquillaje que arruina cada uno de los poros; para olvidar la delgadez y dejar que el paso/peso del tiempo haga de lo suyo en el cuerpo de aquellas artistas y modelos que desfilan en cada portada de revista de moda, de jóvenes, de sociedad, de todo.

Divas evolucionó en Vanitas, una serie sobre la que Eduardo Serrano comenta: “Sus Divas ya no son bellas, ahora están inapelablemente muertas, vejadas, convertidas en objetos repulsivos aunque sugestivos e intrigantes, y por esta vía surge otro de los temas en que introducen al observador (…) aluden claramente a la vanidad, a la vacuidad e insignificancia de la belleza, la riqueza o el poder ante la certeza de la muerte…”. De este modo, cada vanitas del artista, cada calavera expuesta refleja ese desgaste corporal que nos lleva a un final eterno,  una ruptura con la linealidad del tiempo que todos debemos enfrentar, pero que tanto la fama como el estrellato, lo impiden inmortalizando los rostros,  nombres en las portadas de esas mismas revistas que una vez amaron o vanagloriaron a una “estrella”.

 

 Pero no es lo mismo con Sapatrás

Una de sus series más controversiales fue Sapatrás, la serie de los dictadores. En esta ocasión, cada cabeza Tzantsza estaba representada por un presidente,  un dictador o alguien que no se presenta ante el artista como el origen legítimo del gobernante del pueblo. Y es aquí donde caemos en una disputa eterna sobre el ideal de un gobernante, sobre la realidad de diversos países latinoamericanos o no.

¿Quién determina?, ¿quién elige a quién gobierna? Si es el pueblo, ¿por qué este mismo quien sale perjudicado? Crear una cabeza en miniatura de Fidel Castro, Hitler y Stalin, personajes vivos o muertos que quedan sometidos bajo la fuerte idea de la dictadura, en este juego ritual de la reducción de las cabezas ¿no busca llegar a lo mismo que los jíbaros? “Fue una serie que me causó bastantes momentos de alivio y emoción cuando terminé la primera parte; pero al mismo tiempo me fue causando sensaciones de angustia y desespero”, cuenta Maquiamelo, el artista, aquél que decidió inmortalizar a sus enemigos reduciendo sus cabezas para tomar el alma de estos, obligándolos a servir al reductor, para que no haya venganza, para que recordemos dentro la cruda realidad lo acontecido o de lo que acontece.

Comentarios

comentarios

No Comments Yet

Comments are closed