Argentina | Artista Multidisciplinar | Paula Diringuer

Puntadas gestuales

En un mundo adverso y duro, Diringer opone una suave nube lúdica como refugio de lo imaginario.

 Paula Diringer se forma de manera autodidacta e independiente de las formalidades académicas. Es quizás este punto el que destaca en el corpus de sus obras inasibles de definir. Sus indagaciones plásticas surgen en distintos ámbitos, ya sea la fotografía, la escultura objetual, la instalación, los site specific, entre otros. Pero siempre hay una constante, la materialidad manipulada desde la puntada en ese hacer tan dedicado. El hilo, la madera, el cartón corrugado, los bastidores entelados e incluso la pintura, son los soportes elegidos de ser atravesados por estas decididas puntadas.

Diringer recuerda de sus primeros años de vida, los tesoros de su madre modista, cajas que contenían botones e hilos y esa posibilidad de un imaginario de colores, texturas y brillos. También recuerda que las enseñanzas aprendidas de madres y tías la nutrieron de técnicas, en costura, bordado y tejido, fueron para ella como un legado familiar precioso que asumió como un tiempo compartido con ellas y que luego ella misma al haber superado sus enseñanzas, les compartió sus nuevas indagaciones revirtiendo los roles, colocándose Diringer en el lugar de la enseñanza.

Si bien, al crecer, ese imaginario se derribó por la aceptación de una realidad que nada tenía de mágica, Diringer tomó la decisión de construir un mundo posible como contraposición y refugio lúdico. Este refugio se ve reflejado en un hacer íntimo, dado por el contacto intrínseco de los materiales que la artista elige hasta el día de hoy. En muchos casos los disparadores surgen desde los orígenes más diversos, muchas veces la fotografía, otras la literatura misma, la cotidianeidad e incluso la circunstancia del hallazgo de material en contextos de descarte, logrando en ello una resignificación.

El eje temático que más predomina en sus búsquedas plásticas, según Diringer, es la naturaleza. Esto no es casual, ya que formalmente predomina lo orgánico, lo curvo y enroscado, la blandura visual y la ley de gravedad.

En cuanto a filiaciones artísticas, la artista manifiesta sentir una estrecha identificación con la figura de Louise Bourgeois, dado que considera su origen artístico a partir de su legado familiar “salvando las distancias”, según explica; y también desde su imagen estética tan femenina y expresiva, además de su herencia discursiva que plantea la posibilidad de un acto de reparación, que lo sintetiza con la aguja.

En cuanto a filiaciones locales –concretamente de Latinoamérica–, la figura de Ernesto Neto es más que relevante por la idea de lo lúdico de sus obras que posibilitan al espectador interactuar con su trabajo. En cuanto a sus referentes, como guía, la artista Berta Teglio tiene un especial lugar, ya que ella ha sido la persona más cercana a la hora de transitar su camino en el arte textil contemporáneo.

Difícil de definir, la obra de Diringer es fiel reflejo del espacio ganado y consolidado del arte textil contemporáneo. No es una novedad que los límites del arte son cada vez más difusos, es por esto y mucho más que el arte textil incluye y posibilita una multiplicidad ilimitada de materiales elegidos. Sin embargo el saber más ancestral es constitutivo y permanente: la puntada. Estas puntadas que lo atraviesan todo como un saber antiguo y perdurable, se vinculan irremediablemente con la construcción de un mundo femenino –independientemente de los temas de género.

Ante esto, Diringer otorga una nueva y singular mirada, cargada de resemantizaciones con formas suaves y recorribles que se insertan en el espacio. Es lo tangible de lo inmaterial, lo cual esta artista vuelve realidad, y en este punto posibilita un espacio utópico en una realidad que abruma, es el refugio de lo imaginado y soñado en donde la posibilidad de transitar lo etéreo se vuelve posible. De esta forma, al contemplar sus construcciones “nubosas” no dejo de pensar en la niñez y en esa creencia donde todo era posible, incluso la de tocar las nubes con las manos. En un mundo en donde la injusticia y el Estado de excepción son graves a nivel mundial, la obra de Diringer resiste a esa mirada de resignación que desiste de creer que hay esperanza y es, en este punto, en donde la concepción de lo utópico se hace presente.

Por otro lado es maravilloso como la artista construye desde un modo de ver los materiales mas allá de la función para lo cual fueron creados. Es así que todos aquellos desechos de la industria textil se transforman en tesoros de belleza. Diringer se presenta como como una esteta que puede ver más allá de nuestras limitaciones y nos brinda esa posibilidad de abrirnos como espectadores, de ser partícipes de una nueva percepción del mundo que nos rodea. Nos invita a detenernos y mirar detalladamente, nos invita a tocar y sentir, la obra de arte tiene un sentido lúdico y participativo, sin esa predisposición no es posible asimilar este mundo utópico y esperanzador.

Actualmente, donde el arte contemporáneo se vuelve incomprensible para aquellos espectadores “no formados”, la obra de Diringer interpela naturalmente a lo que es reconocible de nuestro mundo perceptivo. Lo vivencial posibilita una nueva comprensión, y es en cada una de nuestras subjetividades donde ese imaginario encuentra lo tangible y la esperanza de nuestra niñez se vuelve presente.

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