Argentina | Artista Multidisciplinar | Marisa Caichiolo

La piel, territorio de descubrimientos

Desde la institución hasta la obra, Marisa Caichiolo sorprende tanto en persona como en su capacidad creativa, a través del uso del cuerpo, de la piel, de la fotografía, del vestuario, entre otras múltiples formas de expresar.

 Su trabajo visual ha transitado y visitado diversas inquietudes, sin embargo, en la actualidad, su obra está enfocada al trabajo e investigación de la piel como metáfora que le posibilita crear un discurso poético sobre las complejidades y los diferentes problemas de la identidad; todo a través de una exploración minuciosa de las diversas manifestaciones artísticas de las que se vale la autora para expresarse. La piel es parte del cuerpo, a todos nos pertenece no obstante son diferentes; cada piel tiene su historia, su pasado, presente y futuro. Penetrar la epidermis y ver más allá, no es tarea fácil, las interpretaciones y sus connotaciones son muy variables. Caichiolo aprecia este órgano como envoltura, como un mapa cartográfico que separa nuestro mundo interior y el exterior.

Luego de haber realizado la restauración de la Catedral Santa Vibiana ubicada en el centro de Los Ángeles, la artista encontró y sintió fuertes conexiones con la espiritualidad del entorno en el que se encontraba inserta. Entonces inició su interés por trabajar una temática muy compleja y cargada de misticismo, todo vinculado a la creación de vestidos que funcionan como alegorías al atuendo que nos cubre y nos protege (semejante a la función de la piel). Así, nace la instalación Vestidos Sagrados (2006-2008), título de una serie de obras que consisten en siete grandes lienzos que hacen al receptor pensar y reflexionar sobre las diferentes creencias y prácticas religiosas. En cada vestido encontramos representaciones figurativas y abstractas que narran una historia relacionada con la cosmogonía de cada religión –desde su surgimiento– y la influencia que tienen en el contexto actual; texturas, colores y tonalidades nos posibilita la lectura de la pieza, las que actúan como puertas que trasladan al paraíso y que logran comunicarnos con nuestros más íntimos deseos.

Durante nuestra conversación, la duodécima Bienal de La Habana, me llamó poderosamente la atención, las nuevas instalaciones y videos que realizó para las muestras Realidades paralelas y Bajo la piel, el vacío, presentadas en la Bienal de Qingdao (China) y en la Fundación de Arte Contemporáneo HEART (Italia), respectivamente. En la región asiática exhibió el video del mismo nombre en el que se aprecia a una mujer latina (Rachel Robles) que se coloca y retira el vestido (burka) utilizado en las culturas del medio oriente, atavío que a su vez se convierte en un ícono que comienza a reiterarse en su producción. En lo audiovisual, el público familiarizado con las costumbres árabes, puede percatarse de la problemática que trae a colación Marisa Caichiolo. Sutilmente, la creadora, nos traslada a la compleja condición que sufren los emigrantes para poder encajar en una cultura que no les pertenece; un aspecto que experimentó de cerca cuando llegó a un país, Estados Unidos, con hábitos y prácticas muy diferentes a la suya propia, comenta la artista. El vestido, piel que nos cubre, se convierte en un símbolo o huella que es imposible borrar, es una marca que nos acompaña por nuestro viaje en el universo. Esto se evidencia en la obra in situ que ejecutó en las playas de Qingdao, en la que dos largos vestidos –uno negro, alegoría de la mujer, y otro blanco, metáfora del hombre– eran trasladados por todo el espacio por las corrientes creadas por las olas. El mar nos separa y nos une, es una barrera invisible entre los diferentes sistemas de creencias.

De un modo muy similar, Marisa sigue explorando e indagando en su propio territorio y amplía su serie Bajo la misma piel, el vacio con nuevas producciones que hacen que nuestro pensamiento se active. Su más reciente pieza, catalogada por la propia autora como performance-instalación, fue realizada durante su estancia en la residencia Ifitry, Marruecos. De un modo muy inteligente y acertado, trabaja con una modelo local (SanaeArraqas) que le posibilita dialogar con el contexto en el que se encuentra y a su vez hacer “señas” de carácter universal. Blanco y negro vuelven a estar presentes en un mundo simbólico que construye Marisa Caichiolo con cada producción, escribe Dermis León. La solución, elegante y sobria, versa sobre una mujer que porta un vestido largo que cumple la función de piel, coraza y defensa; desplazada lentamente nada en las aguas de una piscina, alegoría del mar que nos une y nos convierte en iguales. Su vacío nos inquieta, sus mensajes generan más preguntas que respuestas. De eso se trata su obra y el arte contemporáneo, tener dudas, reflexionar y acercarnos a cada objeto o acción artística que ejecuta.

Marisa Caichiolo, con su producción toda, logra contagiarte hasta el más mínimo detalle. Su pensamiento filosófico, estético, religioso y artístico le ha permitido crear piezas de un simbolismo místico que lleva en su interior vibraciones energéticas únicas que facilitan establecer emociones diversas frente a cada una de sus obras. Desde su colaboración como diseñadora en los animados Rugrats “Go Wild Movie” y The Wild Thornberrys Movies hasta su más reciente video No more blood in your clothes que habla de los abusos que se acometen en las industrias textiles, Marisa ha trascendido a la historia del arte como una mujer capaz de vincular fenómenos universales a partir de imágenes extraídas de su subconsciente combinadas con sus diversas técnicas y estilos.

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